
El recalcitrante separatismo ha señalado al escritor Eduardo Mendoza como el nuevo enemigo público de su idea de Cataluña por decir que San Jorge no pinta nada en el Día del Libro, que el 23 de abril sólo se debería celebrar el Día del Libro y que el santo era un maltratador de animales que seguramente no sabía ni leer. Lo de maltratador de animales debe ser por lo del dragón mientras que lo de no saber leer puede que sea una injusta inferencia de Mendoza por el oficio del mártir, que fue un soldado romano.
Sea como fuere, a Mendoza no le gusta San Jorge o Sant Jordi y hasta ahí la polémica. Pero no, los más conspicuos activistas del independentismo han decidido demostrar lo cernícalos que pueden llegar a ser. Piden que al escritor se le retire la medalla de Sant Jordi, reconocimiento de la Generalidad que le fue concedido en 1995, cuando gobernaba Pujol. La cosa podría tener un pase si no fuera acompañada por un llamamiento a quemar libros de Mendoza en otro día señalado, el de San Juan.
En términos generales, el independentismo no le hacía gran caso a la diada de Sant Jordi porque ya tenía el 11 de septiembre para sus exhibiciones de masas. De hecho, Sant Jordi ni siquiera es festivo en la región, a diferencia de Aragón. En el caso catalán se trata de una celebración puramente mercantil que con el tiempo ha degenerado hasta el punto de ser otro de esos ejemplos de supremacismo catalán. Personas con una gran opinión sobre sí mismas que se regalan libros y rosas en vez de organizar corridas de toros como la raza inferior. Y que están enamorados porque además se ha convenido que el 23 de abril es en Cataluña, siempre tan diferencial, como el 14 de febrero en el resto del mundo.
Total, que Mendoza no aclaró si le tiene manía al santo por católico o por su uso por parte del catalanismo, pero los catalanistas tienen claro que Mendoza es uno de esos ñordos francofascistas que les niegan el derecho a decidir y a soñar una república catalana. Puigdemont ha tachado de "resentido" al escritor y le acusa, ojo, de "nacionalista". Ese es el nivel. Un ciudadano, Mendoza, tiene que aguantar que un delincuente expresidente de la comunidad donde reside y paga impuestos le insulte en la red social X. A eso hemos llegado y por eso se puede proponer la quema de libros de un novelista sin que nadie haga nada. Claro que también se puede silbar el Himno Nacional y gritar "Gora ETA".
Los separatistas se superan a sí mismos una vez más. Llamarles nazis sería lo más fácil y lo más inútil. Quemar libros... Pero hombre, a quién se le habrá ocurrido semejante cosa. Ninguna de las personas susceptibles de seguir esa consigna debe tener libros de Mendoza en su casa. Ni de Mendoza ni de nadie. De modo que como el llamamiento tenga éxito se van a llenar las librerías de tarados comprando libros de un escritor para boicotear a ese escritor. Independentismo catalán en su versión más depurada.
