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Pablo Planas

Sánchez y Puigdemont, retratados en Europa

Puede que Europa no sirva de nada. Pero Sánchez y sus socios han quedado retratados.

Puede que Europa no sirva de nada. Pero Sánchez y sus socios han quedado retratados.
Carles Puigdemont y el secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán se han reunido este lunes por la tarde en Bruselas EFE/ Psoe | EFE

El bueno de Puigdemont, que ha pasado de prófugo a "exiliado" gracias a Pedro Sánchez, dice que los jueces españoles son una auténtica calamidad porque "ven rebeldes donde no los hay, ven sediciosos donde no los hay y ven terroristas donde no los hay". Nuestro hombre en Waterloo reaccionaba así ante la iniciativa del juez Manuel García-Castellón de remitir al Tribunal Supremo la parte del sumario del Tsunami Democràtic que le afecta por su condición de aforado en tanto que diputado del Parlamento Europeo.

Es evidente que a Puigdemont le importa una higa su procesamiento porque con la ley de amnistía pactada con sus nuevos socios del PSOE y de Sumar todas las acusaciones, incluida la de terrorismo, quedarán en agua de borrajas. Tampoco le importa nada el debate en la cámara europea sobre la grave crisis del Estado de derecho en España a raíz de sus tratos con Pedro Sánchez, viejo amigo del que relata una singular anécdota en unas memorias tituladas Me explico. Y lo que explica ahí el ínclito gerundense es que pocos días después de los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils se reunió "en secreto" con Sánchez y que en conversación sobre el referéndum del 1-O este le dijo: "Yo tengo claro que Cataluña es una nación y que tiene que ser reconocida como nación".

Recuperada la relación, Puigdemont se presenta en Europa como amigo del presidente de turno de la Unión, que no es otro que Sánchez. Tal vez por eso no ha considerado necesario intervenir en el interesante debate sobre la democracia en España celebrado en la cámara europea este miércoles. Quizá es que su cabeza está ya en España, concretamente en Cataluña, y ante una oportunidad irrepetible para defender su causa ha preferido esconder la cabeza debajo del ala. Nada raro tratándose de Puigdemont.

En el debate, por cierto, se ha hablado entre otras muchas cosas de la injerencia rusa en Cataluña, del interés de Putin de socavar la estabilidad en España, la cuarta economía entonces de la Unión Europea y de los fluidos contactos del entorno de Puigdemont y del propio Puigdemont con emisarios del Kremlin. Puede sonar a novela de espías, pero diferentes estamentos europeos han ratificado tanto la injerencia como el papel del independentismo catalán encabezado por el "exiliado" en ese expediente. Seguro que Puigdemont también tiene una respuesta para eso y seguro que es que los jueces, los eurodiputados y las autoridades europeas ven rusos donde no los hay.

El debate ha servido además para mostrar las vergüenzas de Sánchez. La conclusión generalizada es que se ha cargado la democracia, el Estado de derecho y la separación de poderes porque necesitaba siete votos para ser reelegido presidente. Pero no sólo. Como ha dicho la eurodiputada Maite Pagaza, lo peor no es que haya vendido España y haya dado impunidad a los separatistas por siete votos. Lo peor es que Sánchez les ha dado la razón. "No es un problema de déficit democrático (lo de Cataluña), sino de nacionalismo identitario excluyente y de populismo rancio. Y ahora (dirigiéndose a los socialistas) ustedes son sus rehenes", ha clamado Pagaza.

Puede que Europa no sirva de nada. Pero Sánchez y sus socios han quedado retratados.

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