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Emilio Campmany

¿Qué quiere saber Washington?

Algo habrá en nuestra política que preocupa a los norteamericanos y que hace que no puedan vernos como socios fiables.

Algo habrá en nuestra política que preocupa a los norteamericanos y que hace que no puedan vernos como socios fiables.
Joe Biden y Pedro Sánchez. | EFE

La detención de dos agentes del CNI por revelar secretos al Gobierno de los Estados Unidos ha causado perplejidad. No se suele espiar a los aliados. Salvo que se sospeche que no se están comportando con la esperada y deseable lealtad. El espionaje del que fue víctima Angela Merkel se produjo en un momento en que Alemania se había permitido depender energéticamente de Rusia más de lo que Washington consideraba conveniente. Algo habrá en nuestra política que preocupa a los norteamericanos y que hace que no puedan vernos como socios fiables, aunque no sabemos qué será concretamente.

La política exterior de Pedro Sánchez sólo puede calificarse, siendo benévolo, de errática. Por amistad con el Frente Polisario, ofendió a Marruecos. Por congraciarse con Marruecos, ofendió a Argelia. Dice querer la democracia para Venezuela, pero protege a la dictadura chavista de los esfuerzos de otros países por acabar con ella. Y lo mismo hace con Cuba. Condena la invasión de Ucrania, pero aprovecha la situación para comprar gas ruso a bajo precio. Ofende gratuitamente al Gobierno legítimo de un país europeo tachándolo de ser de extrema derecha. Y la indiferencia ante los flagrantes crímenes de guerra de Putin se transforma en incontenible indignación mentirosa cuando Israel se defiende de los ataques terroristas de Hamás.

En España, esta deriva se atribuye por algunos al modo irreflexivo con el que se comporta el presidente. Sin embargo, se trata de acciones muy meditadas. Que lo que haga sea contrario al interés nacional no quita para que sea expresamente querido. Que unas veces eche la culpa a su ministra de Exteriores u otras al de Transportes no esconde que el único responsable es él. La acogida a Ibrahim Ghali, el recibimiento a Delcy Rodríguez, el servilismo ante Mohamed VI, la tibieza ante Putin, los insultos a Meloni y el engolamiento ante Netanyahu son meditados, no improvisados. En algunas de estas acciones puede haber tan sólo interés electoral, convencido de que se trata de actitudes que la mayor parte de los españoles aplaudirá. Pero en otras está claro que debe haber algún otro interés. Y, si Washington sospecha que se opone a los de los Estados Unidos, especialmente en Hispanoamérica, pero no sólo, es normal que quiera saber qué se cuece en España.

Estamos todos muy contentos de que el CNI haya detectado a los traidores. Estamos también muy preocupados por los motivos que les impulsaron a hacer lo que hicieron. Pero parece que no tenemos necesidad de saber qué está haciendo el presidente en contra de los intereses norteamericanos ni si tiene alguna conexión con el interés nacional de España. Si, como es muy probable, se trata de algo que interesa a Sánchez, pero no al resto de los españoles, los perjuicios que nos está procurando son aún más de los que ya sabemos. Quien es un mal presidente lo es para todo.

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