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Luis Herrero Goldáraz

Deshojando la Constitución

Habrá que decidir si este nuevo año hay que sumarlo o que restarlo de la cuenta de nuestra etapa constitucional.

Habrá que decidir si este nuevo año hay que sumarlo o que restarlo de la cuenta de nuestra etapa constitucional.
Pedro Sánchez junto a Francina Armengol. | EFE

Ha querido la providencia, que no es Bolaños pero se le parece, que este año haya coincidido el cumpleaños de la Constitución con la llegada del frío a Madrid. Yo estas efemérides procuro encararlas desde la superstición porque si tuviera que guiarme por los discursos institucionales de Armengol hace tiempo que no sabría si vestirme para una boda en honor al reencuentro entre españoles o si hacerlo para su funeral. El frío, sin embargo, no da pie a equivocaciones. Con el frío uno se entiende sin necesidad de mediadores en Ginebra, porque nunca está dispuesto a negociar. Esta semana el frío ha traído de la mano a nuestra Carta Magna y a uno le ha dado por pensar en blancos quirófanos enmudecidos, el Sena helado bajo la mirada de un clochard y en el vídeo aquel que vi hace tanto sobre los mejores momentos de Raikkonen. Será que nos tendremos que abrigar.

Algo había de convalecencia en la fiesta de este miércoles. Por eso la mejor manera de vivirla era alejarse de la prensa y salir a la calle, en una suerte de última cena emocional. Como todo cumpleaños, la llegada del invierno también encierra una liturgia. Allí estaban los árboles pelados, la estampa prenavideña, los gimnasios llenos y los vagones vacíos. Allí estaba este Madrid bisagra, siempre abriéndose o cerrándose, nunca terminado de verdad. Allí estaban nuestras preocupaciones a mitad de puente, la vida adormecida esta semana que no permite trabajar. Y, en fin, que todo cuanto ocurría en esta "democracia que nos hemos dado" permanecía suspendido en un curioso limbo, posiblemente hasta que decidamos si este año hay que sumarlo o que restarlo de la cuenta de nuestra etapa constitucional.

Un artículo de nuestro ínclito presidente del TC nos lo recordaba nada más abrir el ojo. Resulta que su 45 aniversario "acerca a nuestra Constitución a un hito: convertirse en el pacto constitucional más longevo de la Historia de España". El que ostenta el récord, nos advertía, es el de 1876, que duró 47, por lo que terminada la lectura fue imposible no contemplar a las autoridades que se pasaron por los fastos institucionales como si fuesen familiares empeñados en mantener con vida al patriarca enfermo por lo menos hasta el bautizo de su nieto, que no termina de nacer. La Constitución de 1876 dio paso a una dictadura con alma de dictablanda y hay quien dice que los enterradores del 78 están preparando una dictablanda con alma de dictadura. Serán las cosas de esta época del año. Afuera hace demasiado frío y dentro demasiado calor. Nosotros, mientras tanto, sólo podemos contentarnos con ponernos y quitarnos capas mecánicamente, en función. No sé quién me dijo alguna vez que ese es el equivalente a deshojar la margarita, hasta que cambie la estación.

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