
Quizá esto sólo pueda comprenderlo quien haya tenido los mismos pensamientos y se haya enfrentado antes al mismo fango, que todo lo ensucia. No pasa nada. Yo, Pedro Sánchez, presidente de Progreso y defensor último de la grandiosa Democracia de España —tristemente amenazada por el fascismo—, respondiendo a la responsabilidad que mi Pueblo ha convenido sabiamente cargar sobre mis hombros, y haciendo uso de las facultades que me ha otorgado para ello, considero una absoluta prioridad disipar la niebla y desenturbiar las aguas con las que los enemigos de nuestras libertades —los pseudomedios ultraderechistas, los extranjeros injerentes, los propagadores de Bulos— amenazan con ofuscarnos el entendimiento. Con el ánimo de conjurar los males reaccionarios que se esconden tras la Mentira, el desHonor, el machismo carvajoPatriarcal y demás sucedáneos fachistoides que nos rodean, modestamente Yo, Pedro Sánchez, acepto el cargo preconstitucional de Rey Filósofo que semejante Estado de excepción me obliga a ostentar, y afirmo:
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La Verdad es la Realidad.
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La Realidad, lo que diga Tezanos.
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Así como sabemos que el Universo es Infinito, "muy probablemente" (Infinity is infinite, José Luis Rodríguez Zapatero, 2023), y que el Infinito, además, "es Infinito", podemos decir que la Realidad se descompone en una multiplicidad inacabable de hechos incontrovertibles que se encuentran, eso sí, en una continua expansión progresiva y resiliente.
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Dicho de otra forma: la Realidad es Progresista (o no será).
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La única manera que el ser humano tiene de captarla es a través de Estados de Opinión.
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El Progreso exige cambio.
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Ser Progresista exige cambios de Opinión.
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La Verdad es la Verdad, dígala Agamenón, no su porquero.
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La Verdad es multivocal, como la Democracia.
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La Verdad es la Democracia.
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La Democracia es el Pueblo.
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Yo represento al Pueblo.
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Yo soy la Verdad.
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Es decir, la Realidad.
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Es decir, los cambios de Opinión.
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La Democracia tiene el Derecho y la Obligación de defenderse.
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Defenderla es defender a la Verdad, es decir, a la Realidad, es decir, a Mí.
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Toda Opinión que no se ajuste a cada cambio progresista en los estándares Democráticos, es decir, a la Verdad, es decir, a Mí, no puede operar dentro de la Realidad. Es un Bulo.
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Sostener dicha Opinión, es decir, dicho Bulo, sería tanto como hablar sin articular palabras.
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De lo que no se puede hablar, hay que callar.
Me congratula poder poner como ejemplo demostrativo de la solvencia inequívoca de esta ciencia nueva a mi amantísima esposa, Begoña Gómez, que, acosada por los arteros ataques de un Bulo togado, comprendió mejor que nadie el último punto de este Tractatus. Puede decirse que subió por la escalera lógica que aquí se presenta para, una vez arriba, deshacerse de ella. Valga su testimonio mudo como prueba irrefutable de la veracidad del método y como invitación a los ciudadanos para seguir sus pasos. Sirva también como advertencia, sobre todo a los medios de comunicación. No hay más que hablar.