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Pero Patxi, ¿usted sabe lo que son unos tirantes?

Se celebraba en el Congreso el primer debate sobre la Ley de Amnistía, con López intentando domar a su cinturón como si fuera el Toro de Creta.

Se celebraba en el Congreso el primer debate sobre la Ley de Amnistía, con López intentando domar a su cinturón como si fuera el Toro de Creta.
Patxi López interviene en el debate de la toma en consideración de la proposición de ley del PSOE de amnistía. | EFE

Patxi López fracasará en su intento de "ser legendario por lo menos tres meses" (Umbral). Por mucho que denuncie a Abascal ante la Fiscalía por un supuesto "delito de odio", por mucho que compare la Transición con el golpe separatista del 1-O en sede parlamentaria, al portavoz del Grupo Socialista se le negará el olimpo que se le brinda a Jorge Javier Vázquez hasta que deje de pelearse con su cinturón como lo hiciera, según la leyenda, Thor con la serpiente Midgard. Qué tensión o, más bien, qué destensión. Dios quiera que, por estas Navidades, al tipo que fuera presidente del País Vasco gracias a los votos del PP –estas cosas se olvidan– le regale algún pío cristiano unos sencillos, económicos y, sobre todo, eficaces tirantes, esas cintas que, según el DRAE, "sostienen de los hombros el pantalón u otras prendas de vestir", fabricadas originalmente por un tal Albert Thurston y que, en nuestros días, lucen grandes hombres del régimen como El Gran Wyoming en El Intermedio o Pedro J. Ramírez, el aplaudidor alfa en la presentación del último libro de Pedro Sánchez que escribió Irene Lozano, o como se diga. Insisto, Patxi: no requieren hipoteca, los hay de mil tipos –por 12,95 euros, los tienes con una señera– y, sobre todo, espantarán a la musa que excita e incita a González Pons a perpetrar novelas eróticas.

Este martes se celebraba en el Congreso el primer debate sobre la Ley de Amnistía, la toma en consideración, con López intentando domar a su cinturón como si se tratara del Toro de Creta y sacando pecho del engendro concebido por los suyos con Junts desde marzo: "No tenemos ningún problema en retratarnos", "Cuanto más nos amenazan, más convencidos estamos de lo que vamos a hacer". Ni caso: ya vendrá Sigma Dos diciendo que no casi dos, sino tres millones de votantes socialistas se han arrepentido de su decisión electoral y que, en los próximos comicios, el centro-derecha arrasará. Y liderado por Page.

López alababa las "decisiones valientes", el "coraje", los "acuerdos con el que piensa y siente de una manera distinta" y, con toda la jeta, decía que la amnistía no estaba en el programa del PSOE porque se negoció posteriormente. Apuntaba al Tribunal Constitucional, la dacha de Conde-Pumpido, con la tranquilidad del que sabe que tiene los deberes hechos: "Es el único garante y el único que tiene que adoptar la decisión sobre la inconstitucionalidad". Señaló, y con razón, que el asunto se la refanfinfla a los dirigentes europeos y comparó la desigualdad del prófugo Puigdemont con la del empresario "que cobra 100 veces más que uno de sus trabajadores, sin nada que lo justifique, y no quiere pagar impuestos". Y tan pichi.

Feijóo tildó la amnistía de "vergüenza nacional" y de "bochorno internacional" y afeó a Sánchez que no acudiera al debate. Él sí quiso dar la cara "para decir rotundamente no al atropello a nuestro estado de derecho y sí a la igualdad ante la ley de todos los españoles". Se cachondeó de las "clases de derecho constitucional que nos ha dado el jurista López" y lamentó que "el Congreso de los Diputados se ha convertido en una cámara triste y en una cámara decadente": "Es la sesión más triste y la más decadente desde el 23 de febrero de 1981. Esto es un fraude". Anunció, ante la impasibilidad de los diputados del PSOE, que abrirán una comisión de investigación y concluyó su intervención con un viva a la democracia y otro a la Constitución. No hubo un tercero a España.

Acto seguido, López, tras ajustarse otra vez el pantalón, dijo que la sesión más triste fue la de la moción de censura para echar a Rajoy, atacó a Vox, se creyó poeta de Instagram –"La ley es la llamada de ilusión por el encuentro, como lo fue la amnistía previa a la Constitución del 78"– y, de nuevo, firme, afirmaba con rotundidad que "los socialistas no rompemos España cada cinco minutos". El maestro Miguel Ángel Aguilar, a mi lado, le matizaba: "No, no. Cada treinta años". En su segunda réplica, Feijóo parafraseó el gran éxito pretérito del portavoz del Grupo Socialista: "Pero Patxi, ¿usted sabe lo que es una amnistía?". El líder del PP defendió a la gente "que sale a la calle a manifestarse en las manifestaciones convocadas y celebradas pacíficamente", añadiendo que "nunca podrán subastar la dignidad de los españoles".

Después, Néstor Rego dijo "grazas", tan contento él, y la podemita Martina Velarde acusó a Moreno Bonilla de romper "Andalucía abriendo una brecha con el resto del país". El puigdemontonero Cervera Pinart, clarinete: "No va de perdón ni de convivencia. Va de reparar una injusticia". Y de renunciar a la independencia, en plan Mota, avui no, demà. Rufián no descarta que dentro de cuatro años se debata en un pleno el referéndum. Le sobran los motivos. Y Abascal se ciscó en un golpe "a la Constitución, a la igualdad, al poder judicial, al estado de derecho y a la dignidad, la convivencia y la prosperidad de los españoles". El líder de Vox le reprochó a Feijóo que condenara sus declaraciones sobre "colgar de los pies" a Sánchez y le preguntó si se "ha sumado a la política woke". Y poco más, la verdad. Hubo más ministros en la presentación de Tierra firme.

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