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Pablo Molina

No reírse del señor ministro

El colmo de toda esta operación de la fachosfera contra este honrado ministro de Sánchez es que le han llamado feo en 34 columnas de opinión.

El colmo de toda esta operación de la fachosfera contra este honrado ministro de Sánchez es que le han llamado feo en 34 columnas de opinión.
Óscar Puente. | EFE

Los españoles en general no creemos que Óscar Puente sea sectario, insultador profesional y dictadorzuelo, zafio, agresivo y chabacano o que brille como un mingitorio. Rechazamos también que proceda de la escuela matona y no conozca más que la verborrea y los puños o que sea un machista, iracundo y mamporrero, faltón, provocador, maleducado, mediocre, necio y bruto o que hable como los parroquianos de taberna envalentonados tras la tercera barreja, que es una mezcla sofisticada de aguardiente y vino peleón.

El responsable de Transportes no es, de ninguna manera, un ministro de tómbola grosero, con lenguaje de taberna, agresivo, con hábitat natural en la bronca y dotado para la pelea en el barro. Nadie que lo conozca puede sostener con sinceridad que desprecie al adversario o practique una sucia manera de hacer política como un matón político, ni que sea el perro de Sánchez, mezcla al 50% de Koldo y Ábalos. Si Óscar Puente despierta interés antropológico no es porque refute las tesis darwinistas como antropoide del Consejo de Ministros ni porque Franz de Waal tuviera la fortuna de desconocer su existencia.

Puente no lleva la chulería puesta de serie ni es una rockstar de cuarta regional con pésima educación y aires de prepotencia, bocachanclas o bocazas cómico. Jamás diremos de él que es un bufón pucelano, comparsa de baja estofa de estilo soez, cuentachistes torrentiano de tamaño cafre, de zafia y grosera impronta de chulo con ínfulas, sosegado vocero del macarrismo sanchista o un jabalí urbano como natural degeneración de la especie. Su gestión política al servicio del actual Gobierno de España está muy lejos de haberlo convertido en el principal mamporrero del régimen sanchista, dedicado a levantar muros de confrontación y con un carácter tendente al exabrupto.

Hay también quien sostiene que Puente es un cagalindes que suelta regüeldos y la cuota castellana y vocinglera de un mercado de paletos. También se le define como un auténtico cafre, una perfecta inmundicia moral con cargo de ministro y el abominable hombre de la meseta. El facherío se contradice a sí mismo porque, a renglón seguido, se le llama también cogollito de excrecencias, lo que da buena cuenta de la falta de rigor de la ultraderechona cuando se pone a insultar.

Pero el colmo de toda esta operación de la fachosfera contra este honrado ministro de Sánchez es que le han llamado feo en 34 columnas de opinión, según ha contabilizado su equipo de asesores. Ahí, lo siento mucho, a mí jamás me van a encontrar.

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