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Santiago Navajas

Españoles, Francia ha muerto

La deriva identitaria y sentimentaloide de la izquierda la hace simpatizar con los peores ejemplos del fanatismo islámico y del extremismo nacionalista.

La deriva identitaria y sentimentaloide de la izquierda la hace simpatizar con los peores ejemplos del fanatismo islámico y del extremismo nacionalista.
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Un director de instituto francés ha dimitido tras una amenaza de muerte islamista por exigir a una estudiante que se quitara el velo. En Francia el laicismo impone que nadie lleve símbolos religiosos visibles en los centros educativos públicos. Lo que vale para crucifijos, turbantes, kipás y velos. Pero algunos musulmanes se creen con derecho a imponer los suyos incluso con violencia. De este modo, ponen a la república de rodillas ante los musulmanes que pretenden islamizar el bastión del laicismo. Si Voltaire levantase la cabeza, lo decapitaban.

En el país de Samuel Paty, profesor de Historia asesinado por un islamista en 2022, y Dominique Bernard, otro profesor de Historia asesinado por un islamista en 2023, son 100.000 profesores amenazados cada año en Francia. Esto revela el informe de la Comisión Paty, llamada así por el mencionado profesor asesinado después de una campaña de musulmanes, la mayor parte de ellos no islamistas, en su contra. Paty había mostrado unas caricaturas de Mahoma, publicadas en la revista satírica Charlie Hebdo, para ilustrar un debate sobre los límites de la libertad de expresión. Antes de enseñarla había dado la opción a los alumnos que no quisieran verlas de salir del aula. Pero unos alumnos musulmanes mintieron sobre lo acontecido y sus padres pusieron en la diana al profesor. Mezquitas y redes sociales crearon un tsunami de violencia y odio contra el profesor y el instituto. Si criticabas a los musulmanes incendiarios, estos se hacían las víctimas y se quejaban de islamofobia. Finalmente, un radical islámico decapitó al profesor en el parking del liceo.

A los profesores, sobre todo de Historia, no les va bien en Francia, pero tampoco a los estudiantes. A una chica un grupo de musulmanes la han dejado recientemente en coma por vestir "a la occidental" (en realidad, así vestían las mujeres árabes y persas musulmanas en países como Egipto e Irán antes de que los Hermanos Musulmanes y los ayatolás impusieran su visión reaccionaria y retrógrada del islam). Le gritaron "infiel". A un chico directamente lo mataron otros musulmanes porque había hablado con una chica de su familia.

En España se ha optado por un perfil bajo ante los alumnos musulmanes, pero no por convencimiento sino por miedo. Así, mientras que los profesores hacen retirar sus gorras a alumnos raperos o que simplemente las llevan porque les gusta, las alumnas musulmanas han sido declaradas intocables por las autoridades educativas y pueden ir por los institutos con sus velos y abayas (prenda también recientemente prohibida en Francia en los liceos) sin que las normas generales se les apliquen. No es que tengamos que cambiar nuestras costumbres para asimilarnos a sus usos e ideas, sino que hacemos la vista gorda por esa combinación de pereza y falta de coraje que caracteriza al político medio español y el ciudadano "centrista" habitual, esa combinación de democratacristiano acomplejado y socialdemócrata perezoso. Y es que si el islamismo es malo, el apaciguamiento es peor, tratando de hacer creer que su servidumbre es tolerancia y su miedo, afán de diversidad.

Para el filósofo ateo Michel Onfray, la guerra contra la entrada del islamismo en la educación nacional francesa está perdida. Porque objetivamente los islamistas pretenden destruir la república francesa y sus valores de libertad, igualdad, fraternidad y, claro, laicidad. También, afirma el filósofo del Tratado de ateología, al mismo pueblo francés. La izquierda progre francesa considera fascista a Onfray del mismo modo que en Lo País despiden a Cebrián, Savater y Azúa por no querer avalar el sometimiento de Sánchez a los nacionalistas golpistas y xenófobos. Pero es que la deriva identitaria y sentimentaloide de la izquierda le hace ser simpatizante, contra su tradición, de los peores ejemplos del fanatismo islámico y del extremismo nacionalista. Mientras, en ese país del sur llamado España la batalla por la Ilustración no se perderá, pero porque ni siquiera se ha llegado a presentar.

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