Lejos de aplacar al separatismo, propiciar la concordia y cancelar el procés, la amnistía aprobada este pasado jueves en el Congreso ha supuesto una inyección de moral de tal calibre para los separatistas que sus principales dirigentes ya andan planeando la celebración de un referéndum de autodeterminación con el visto bueno de su rehén de la Moncloa. Eso era previsible. El separatismo es insaciable, jamás agradece nada y su objetivo final es la independencia. Nada nuevo. Pero con lo que no contaba el Gobierno es que con la aprobación de la ley las dispersas fuerzas separatistas se dieran una nueva oportunidad para, otra vez unidos, embestir contra la integridad territorial de España, la democracia y la Constitución.
Junts y ERC celebran la amnistía como una victoria frente al Estado, que supuestamente no ha tenido más remedio que reconocer que el juicio a los golpistas fue un error. Eso es lo que van pregonando mientras restauran sus nexos y preparan una nueva acometida cuya primera consecuencia será la ingobernabilidad de Cataluña. La secretaria general de ERC, la fugada Marta Rovira, ha dejado claro que sus preferencias no pasan por investir presidente de la Generalidad al candidato socialista mientras que otro fugado, Toni Comín, de la cuerda de Puigdemont, aconseja al PSOE de que no impida la investidura del expresidente de la Generalidad si no quiere que a Sánchez le tiemble la poltrona.
Las fuerzas separatistas vuelven a estar cohesionadas tras constatar que tienen en sus manos a Pedro Sánchez y que pueden hacer con él lo que quieran. De un día para otro el independentismo ha pasado de lamerse las heridas por la pérdida de su mayoría en el parlamento autonómico a planear el asalto al órgano de control de la cámara, que debe constituirse el día después de las elecciones europeas. Las negociaciones entre Junts y ERC incluyen también a la CUP y a los Comuns, la versión catalana de Sumar. Y la amnistía ha insuflado optimismo tanto en Junts como en ERC, partido que parece dispuesto a acometer un giro estratégico para apartarse del PSOE después de un ciclo electoral nefasto marcado por el "diálogo" con Sánchez.
La situación se complica para el PSC. Las pasadas elecciones catalanas ya no se pueden interpretar como el supuesto fin del procés, sino como un tropiezo de los separatistas del que se han recuperado gracias a la amnistía. Y ya puestos maniobran para apartar de la Generalidad al PSC, cuyos dirigentes daban por sentado que sólo Illa podría presentarse a la investidura y que gobernar en minoría es una opción viable. El panorama ha mutado en un par de días. La aprobación de la amnistía era fundamental para mantener a Sánchez en el poder, el precio de los votos, pero superada esa pantalla el separatismo se dispone a chantajear otra vez al presidente del Gobierno para lograr en primer lugar la Generalidad y después, un referéndum.
De modo que con la amnistía no se cierra ninguna herida ni se supera ningún conflicto. Todo lo contrario. Se da la razón a los delincuentes, se humilla a la ciudadanía de Cataluña que no sumó a la intentona separatista, se rinde la democracia a los golpistas y se sienta un precedente que será utilizado en contra de la libertad, la igualdad y los derechos de los españoles mientras los separatistas se pasean crecidos por las instituciones y las calles de Cataluña. Otro desastre marca Sánchez.