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Sánchez no gana ni devorando a sus socios

Quizá no es el resultado que esperaba el PP, pero aún menos el que querían unos socialistas que en los últimos días auguraban un empate técnico.

El PP ha ganado las elecciones europeas y lo ha hecho con cierta claridad: cuatro puntos de diferencia sobre el PSOE, aunque eso sólo se traduzca en dos escaños de diferencia. No es el gran resultado que quizá esperaba Génova al principio de la campaña y, desde luego, no es tampoco el que merecería la desastrosa situación institucional a la que nos está llevando Pedro Sánchez, pero aún menos es el que querían unos socialistas que en los últimos días de la campaña aseguraban que iban a llegar a un empate técnico.

Además, los resultados de Pedro Sánchez tienen una lectura que debería preocupar mucho a los estrategas de Ferraz: es cierto que el PSOE ha logrado sobrevivir a una situación muy complicada, pero lo ha hecho a costa de un acusado giro a la izquierda que le ha supuestos destrozar su propia coalición de gobierno.

Y es que el batacazo de Sumar tiene pocos precedentes: en menos un año ha perdido más de la mitad de los votos que tenía: si en la generales del pasado julio llegó al 12% ahora no la logrado ni el 5%. Los analistas más superficiales dirán que la culpa es de que en esta ocasión Podemos, que acudió entonces dentro de la coalición liderada por Yolanda Díaz, se presentaba ahora en solitario. Pero no es así: los de Irene Montero se han quedado en un 3,28%, es decir, que sumando a los dos partidos no llegan al ocho por ciento del voto.

Este desastre de la extrema izquierda no es tan buena noticia como podría ser porque se debe, como decíamos, a que el PSOE ya es también un partido de extrema izquierda, como prueban por ejemplo sus decisiones respecto al Estado palestino e Israel. Pero si en julio del 23 las dos fuerzas que sostienen el Gobierno sumaban un 44% del voto, tras la deserción de Podemos y estas elecciones ahora su apoyo real está por debajo del 35%. Incluso sumando el resultado de Podemos, que ya no forma parte de esa coalición y que será muy complicado que concurra a otras elecciones con Yolanda Díaz, superan por los pelos el 38%. Mientras, PP y Vox rozan el 45%.

El último dato que conviene analizar es el excelente resultado que ha logrado Se Acabó la Fiesta, el extemporáneo partido montado por el excéntrico Alvise Pérez. Con un 4,59% del voto obtiene tres escaños y agrupa un voto de protesta muy fuerte pero que parece muy poco reflexivo ya que, si querían votar contra Sánchez su voto ha evitado lo que habría sido una derrota aún mayor del marido de Begoña Gómez.

Será difícil que el éxito obtenido por Alvise se traslade a unas generales, pero de hacerlo sería una muy mala noticia ya que la única esperanza que le queda al PSOE es tener otro partido con el que poder agitar el espantajo de la ultraderecha y, sobre todo, dividir lo más posible el voto de aquellos que por simple salud democrática quieren que Pedro Sánchez abandone Moncloa antes de que acabe con escaso tejido institucional que sigue todavía oponiéndose a la instalación de una dictadura.

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