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Diego González

Alvise y el festival de Eurorrisión

Antes de lanzarnos a proclamar nuestra evidente superioridad moral sobre los votantes de un tipo condenado varias veces por difundir bulos conviene recordar en qué país estamos.

Antes de lanzarnos a proclamar nuestra evidente superioridad moral sobre los votantes de un tipo condenado varias veces por difundir bulos conviene recordar en qué país estamos.
Alvise Pérez. | Archivo

En Tuíter Alvise siempre fue Alpiste, así le llamábamos los haters cuando empezó a hacerse medianamente conocido durante los primeros meses de la pandemia difundiendo informaciones que oscilaban entre lo incomprobable y lo abiertamente falso. La verdad es que Alvise no tiene pinta de eurodiputado, sino de haberse pasado las últimas dos tardes armando el Saltamontes en las fiestas patronales de Calzadilla de los Barros, provincia de Badajoz. Y ahí le tenemos, un tío que en la escala Vargas-Montoya puntúa 12 sobre 10, ochocientos mil votos más tarde, rumbo a Estrasburgo. Allá por 2021 un grupito de tuiteros con mala leche decidió vengarse del sevillano inventándose un bulo completamente enloquecido y difundiéndolo como si existieran pruebas: Alvise se lo montaba con roedores. #Follardillas llegó a ser tendencia en el manicomio tuitero varias veces, para solaz de sus detractores. Cuando el exasesor de Toni Cantó decidió presentarse a las elecciones escogió una ardilla como logo y le puso la careta de Guy Fawkes. Anonymus, el azote del poder, V de Vendetta, todo ese rollo adolescente. Es lo que llaman resignificar un insulto. Ahora va a cobrar un sueldo público mensual de cinco cifras por decir las mismas cosas en Bruselas que por Telegram, y habiéndose gastado en la campaña electoral los dos euros con setenta y cinco de un café con leche y un cruasán en la estación de Santa Justa. Si quien ríe el último ríe mejor, Alvise está al borde del ictus de tanta carcajada. Si yo fuera él contrataría a Toni Cantó de asesor, para cerrar el círculo.

Antes de lanzarnos a agitar fuertemente el dedo índice y proclamar nuestra evidente superioridad moral sobre los votantes de un tipo condenado varias veces por difundir bulos conviene recordar en qué país estamos. En esta misma campaña electoral el presidente del gobierno se paseó de mitin en mitin del brazo de una imputada por corrupción y tráfico de influencias, mientras se repartían pulseritas de swiftie con el lema "Free Bego". Bego Conseguidora de fondos, así firmaba sus emails, aunque es dudoso que lo hiciera for free. Precisamente eso es lo que el juez Peinado quiere discernir. Sin embargo, hay millones de personas que se creen de verdad no sólo que existe ese invento demente llamado "extrema derecha judicial" sino que hay una conspiración en la judicatura para dañar en sus legítimas aspiraciones al pobrecito Pedro Sánchez, que sólo quiere lo mejor para los españoles y las españolas. Si se tratara de otro partido les llamaríamos por su nombre, conspiranoicos, y les recetaríamos gorritos de papel Albal además de las pulseras celebratorias de la corrupción, pero por lo que sea cuando los bulos te los difunde el imputado consorte y te los propaga su prensa afín, como que son menos bulos, yatusabeh.

Los tres escaños de Alpiste son terribles, qué duda cabe, por favor, que alguien me dé las sales, pero por lo visto la victoria en el País Vasco del partido que lleva literales asesinos en sus listas es una anécdota sin importancia. Todo es cuestión de perspectiva, supongo. Será que en el norte de España les gustan más las ardillas que los niños y por eso se horrorizan con el voto a un tipo acusado de montárselo con las primeras y disfrutan entregándoles el sufragio a quienes matan a los segundos. Prioridades.

A trescientos mil votos de distancia de Alvise está Irene Montero, una persona cuyo discurso es el equivalente vocal de arañar el fondo de un plato sopero con las púas de un tenedor. Sólo hace dos años que la exministra de Igualdad indultó a una lunática que mantuvo secuestrado a su hijo en una cochiquera durante un año, sin escolarizar y rodeado de mierda por todas partes. "Patrimonio feminista", la llamó cuando la sacó de la cárcel. "Madre protectora". Genio, crack, referente, figura, mastodonte, ídola. Su hijo ha dicho ya que no tiene la menor intención de volver a ver a la indultada, pero Irene Montero no se conformó con sacarla de la cárcel, también acusó públicamente al exmarido de María Sevilla de maltratar a su hijo. La frasecita le costó dieciocho mil euros. Por lo que sea, llamar maltratador a quien no lo es no se considera bulo porque los bulos también son un poco como todo.

Los bulos de Alvise son terribles, sí. De hecho, España es el segundo país del mundo con más bulos de Alvise después de Camboya, y en España los bulos de Alvise han robado trescientos mil bebés desde el franquismo hasta los años noventa. Fue Alvise quien acusó en el Congreso a la mujer de Feijóo de recibir irregularmente subvenciones del gobierno gallego, y también él quien abrió telediarios denunciando que por culpa de Vox ocho encapuchados le habían grabado un insulto en el culo con una navaja a un joven de Chueca. Alvise proclamó el 1 de abril de 2020 que las mascarillas eran completamente innecesarias y las hizo obligatorias quince días después. Es increíble todo lo que ha mentido Alvise. Necesitamos, claramente, una ley contra los bulos. Los bulos de Alvise.

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