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EDITORIAL

Negociar con Sánchez o cómo acabar con el PP como alternativa

Con Sánchez no se negocia la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) sino la rendición de la democracia.

Por razones que atentan contra toda lógica, Feijóo parece haber empujado al PP a una espiral autodestructiva que recuerda notablemente los tiempos de Casado. No de otro modo se entiende que se pretenda pactar la entrega del Poder Judicial con Pedro Sánchez y Bolaños. Negociar con Sánchez es una auténtica locura en términos políticos, una invitación al desastre, un disparate descomunal y una traición a principios como el de la independencia judicial. Con Sánchez no se negocia la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) sino la rendición de la democracia.

Razones como el sentido de Estado que alega el sector del PP que presiona para sentarse con Bolaños son fruto de los complejos de inferioridad de esa derecha. Y esa derecha es la que en vez de ser alternativa al PSOE se conforma con ser un complemento del PSOE, a la espera de que una crisis económica le vuelva a aupar al Gobierno. Tampoco hay sentido de Estado en dialogar con quien está plenamente entregado a la destrucción del Estado, cual es el caso de Sánchez y sus socios.

Facilitar a Pedro Sánchez el asalto al CGPJ tras su toma del Tribunal Constitucional y su abyecto uso de la Fiscalía acabaría con el PP como alternativa, entre otras razones porque estaríamos ante una catástrofe de la democracia de dimensiones bolivarianas, tal como ha advertido Isabel Díaz Ayuso. Con Sánchez es imposible negociar. Ha demostrado por todos los medios a su alcance que no tiene palabra, que no es de fiar. Sentarse ahora con él no solo es perder el tiempo, sino algo mucho peor: legitimar el proceso de destrucción de la democracia que lleva a cabo el presidente del Gobierno con la colaboración de elementos como el fiscal general y el presidente del Tribunal Constitucional.

Si España todavía es un Estado de derecho es porque aún hay jueces y fiscales que cumplen con su deber, que plantan cara a los ataques del sanchismo y los separatismos catalán y vasco y que no están dispuestos a dejarse atropellar sin alzar la voz y utilizar todos los medios legales y constitucionales a su alcance frente al golpe en curso. Sentido de Estado auténtico sería no traicionarlos facilitando a Sánchez su caza y captura.

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