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Filosofía, ciencia y práctica de la crema solar del bañista

Antes de comprender por qué necesitas pelearte con el tapón de tu crema solar, conviene que tengas fundamentos para hacerlo.

Antes de comprender por qué necesitas pelearte con el tapón de tu crema solar, conviene que tengas fundamentos para hacerlo.
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El Sol es una estrella gigante, del tamaño de los huevos de Donald Trump, con un diámetro de 1,4 millones de kilómetros, relleno de gases calientes que muy probablemente, por no estar causados por el capitalismo, no inquietan lo más mínimo a los ambientalistas. El Sol está a una temperatura 5.500 grados centígrados en la superficie y más de 15,5 millones de grados centígrados en el núcleo; es decir, el núcleo del sol está a la temperatura a la que suele servir mi madre la sopa cuando tengo prisa. La quemadura es la manera en que el sol se comunica con los seres humanos, a los que odia, en cambio con las plantas habla a través de la fotosíntesis, que es algo bastante más tórrido.

Los rayos ultravioleta

Antes de comprender por qué necesitas pelearte con el tapón de tu crema solar, conviene que tengas fundamentos para hacerlo. Ahí entran los rayos ultravioleta, una radiación que emite todo aquello que está muy, muy caliente. Así, en nuestro planeta, los dos principales emisores de rayos ultravioleta son el Sol y María Sharapova.

Algunos rayos UV son absorbidos por la atmósfera, que es el Hunter Biden de la vida extraplanetaria, mientras que otros son absorbidos por la piel, causando cosas buenas, como la vitamina D, que necesitas para vivir; y malas, como esas quemaduras que por la noche hacen que el roce de una suave sábana de seda con tu espalda te parezca como si Satanás estuviera pasándote su tridente en llamas sobre tu piel en carne viva.

Teoría de la protección

Todos los expertos coinciden en que la manera más eficaz de protegerse del sol es no ponerse al sol. En mi opinión, la tesis parece correcta, pero aún se hace necesaria una revisión por partes para darla por buena; y aún después, lo prudente es esperar a ver qué opinan los expertos en física del equipo de opinión sincronizada de La Moncloa.

Sea como sea, si no puedes evitar la radiación solar, otra opción es situar algo entre el sol y tú, ya sea tu suegra, si tiene el diámetro suficiente, una sombrilla, si eres capaz de clavarla sin atravesar a ningún bañista como si fuera un chorizo criollo, o incluso la Gran Muralla China, si eres de esos cincuentones que en la playa todavía se vuelve loco con la pala y el rastrillo.

El problema de esto es que, incomprensiblemente para un hombre de letras como yo, el Sol se mueve, y por eso lo que a las doce de la mañana es sombra podría dejar de serlo a las seis de la tarde. Milagros de la naturaleza. Puedes probar a moverte con el sol como un girasol, o liarte la manta a la cabeza y apostar por el sistema más complejo, pero también más eficaz: la crema solar, de la que existen tres modalidades.

Spray

La principal ventaja del protector de spray es que lo ves salir, pero no lo ves caer, así que siempre tienes la sensación de que él mismo se está encargando de extenderse por donde debería de forma mágica. La principal desventaja es obvia: no necesitas crema solar en los ojos y sí necesitas prestar atención y mirar hacia donde apunta la boquilla cuando te decides a accionar la palanca. La crema solar es aceitosa y resistente en los ojos, y acuosa y fácilmente lavable en cualquier otro lugar del cuerpo. De modo que si te cae accidentalmente en un ojo y te pica, no voy a engañarte, todo lo que puedes hacer es sacártelo y lanzárselo a los tiburones.

Crema densa

A menudo comercializada en frasquito pequeño para engañar sobre sus propiedades, este producto tiene la densidad de una estrella de neutrones, es decir, si lo extiendes bien, con un par de apretones al frasco puedes aplicar protector solar a todos los bañistas de la ciudad.

Crema fluida

Es la más popular. El bote suele vaciarse boca abajo. Si se la vas a aplicar a los niños, mi consejo es que los agarres antes por el pescuezo o caves un agujero y los entierres hasta la rodilla, si no quieres aplicar protector solar a toda la arena de la playa. Un niño nunca se está quieto, pero si alguna vez lo está, jamás es en el momento en el que estás intentando echarle crema solar. Hay una extraña radiación que emana el bote y actúa en los niños causando el efecto de quince litros de bebida energética ingeridos de un solo sorbo.

Encremarse la espalda

Hay una vieja controversia sobre cómo podemos echarnos crema en la espalda cuando vamos solos, o en compañía de alguien a quien no vamos a pedírselo, como nuestro jefe, una pareja de policías, o nuestro bulldog francés. Echarse crema en la espalda a uno mismo es posible, siempre que seas capaz de pasar la cabeza por debajo de tu entrepierna y sacarla por el otro lado. Pero si eres capaz de hacer eso, lo más probable es que seas un loro, y los loros no necesitan crema solar.

Puedes aprovechar para pedir ayuda y ligar, pero si estás completamente solo en el arenal, es decir, si veraneas en el norte, mi consejo es que lo extiendas sobre la toalla, y después, tumbado sobre ella, te agites con las extremidades hacia el cielo, como tu perro cuando quiere que lo saques al parque y tú haces como que no le entiendes. Saluda después a los móviles que te estén grabando y añade la coletilla "No olvides suscribirte a mi canal".

Apertura de la crema sin lesiones

El gran problema de la crema solar es que viene dentro de un bote. Si el producto viniera, no sé, en cajetillas, como los cigarrillos, no estaríamos hablando de todo esto, y los hospitales no se llenarían cada verano de tipos quemados que fueron incapaces de retirar el precinto.

Si se vende boca arriba, la apertura debería poder hacerse siguiendo las instrucciones del fabricante. Intenta leerlas. Como la letra es minúscula y blanca, sobre fondo azul claro, no verás nada. Así que trata ahora de abrir el frasco golpeando la parte superior contra el objeto sólido inanimado más cercano que tengas. También podrías abrirlo con ayuda de una pata de nécora, pero deberás pedirle permiso antes. Como la mayoría de las chicas ricas, las nécoras tienen muy mala follá.

Como norma, si la crema se vende boca abajo, lleva tapón de rosca. Eso quiere decir que vas a poder abrirlo, pero no cerrarlo. Porque, cuando vayas a cerrarlo, no sabrás dónde demonios está el tapón. Si lo pierdes en la arena, mi consejo es que untes a todo el mundo que te encuentres hasta que se termine el bote. No existe, repito, no existe ninguna posibilidad de meter un frasco de protector solar sin su tapón en el maletero del coche sin que, por muchas bolsas o papel de aluminio que le pongas alrededor, al final del trayecto termine pringada hasta la cara interior de los neumáticos.

Por último, algunos botes de los que se venden boca abajo podrían llevar un tapón bisagra, así que tendrás que romper una pestaña de seguridad que, imagino, está pensada para que el gato no pueda echártela en la leche para envenenarte. Hay, en fin, dos maneras de fracturar la pestaña: con la uña o con un diente. Todo depende de cuál de las dos cosas te sea más fácil prescindir. Consejo de bricolaje: las uñas crecen más rápido.

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