
No es que me haya sorprendido porque me es bien familiar la idea que de la Justicia tiene la izquierda y particularmente, el Partido Socialista. Que el engendro de Tribunal Constitucional que sufrimos (¿de quién depende?, pues eso), haya revisado, otra vez, las sentencias que prescribieron los jueces de carrera de la Audiencia Provincial de Sevilla y del Tribunal Supremo, no puede sorprender a nadie. Es el carácter de partido y secta de la "justicia" socialista.
Que en una larguísima instrucción intervinieran varios jueces, desde la juez Alaya al juez que lo empaquetó para el juicio oral, Álvaro Martín, salvo las cosas raras de la juez Núñez Bolaños que llegó a ser apartada por el CGPJ, casi una veintena de jueces de carrera, subrayo, ha visto lo mismo, ha razonado lo mismo, ha concluido lo mismo: prevaricación continuada y malversación de caudales públicos. También lo hicieron el Interventor General de la Junta de Andalucía y los expertos peritos de la Administración General del Estado.
Pero nada. Un conjunto de siete miembros del Tribunal Constitucional propuestos por el PSOE —de los que cuatro o han sido ministros de este gobierno o han sido condecorados por el expresidente Griñán o han participado previamente en el caso de algún modo o son togados servidores del polvo del camino, primero de Felipe González, luego de Zapatero y ahora de Sánchez—, están torturando las sentencias profesionales anteriores y logrando que digan libertad sin cargos o menos cargos cuando antes decían condenas de cárcel e inhabilitación.
Resumido en pocas palabras, para el socialismo doctrinario que padecemos, la justicia debe emanar supuestamente del pueblo. Pero, claro, el pueblo es una abstracción que se concreta en el partido que representa a ese pueblo. Por dogma del infalible Marx y sus sucesores, no puede haber otro partido representativo de la mayoría que el social-comunista, por usar términos actuales. Sólo hay verdadera democracia cuando es este partido el que dicta y manda. La democracia liberal es burguesa, formal, banal y sólo sirve para usarla y liquidarla desde fuera y desde dentro. En ello están.
¿Cómo puede permitirse que cualquier juez condene a miembros de esa maquinaria política ungida por la voluntad del pueblo? Ni puede ni debe porque sería sentenciar al mismo pueblo porque el pueblo son ellos. Es preciso que todos los brazos del poder judicial estén controlados por el PSOE y sus socios. Ya se ha visto a dónde conduce tal aberración que ya practicó Robespierre anotando, sin jueces de por medio, los nombres de los futuros guillotinados. De Lenin, Stalin, Mao y cía, ¿para qué hablar?
En ello estaba cuando me acordé de Heródoto de Halicarnaso, el de los nueve libros de la Historia. Ya en el imperio persa había jueces corruptos y miserables. Uno de ellos, juez regio, que menciona el historiador, se llamaba Sisamnes. Por haberse dejado sobornar y haber consumado una "sentencia inicua", Cambises II lo degolló, lo despellejó y forró su sillón judicial con su propia piel, para que su hijo no lo olvidara. No me explico por qué se me ha venido a la cabeza.
La única defensa que tiene la gente de a pie frente a los tiranuelos sin escrúpulos es un poder judicial independiente y riguroso consigo mismo de modo que una sentencia infame sea imposible. No es que todo esté seguro y limpio. Los españoles lo saben y siempre dijimos "Pleitos tengas y los ganes" o "Más vale un mal arreglo que un buen pleito". Pero si desde la jerarquía fiscal a la carrera judicial, todo ello puede ser controlado por uno o algunos partidos, apaga y vámonos. Ese es el propósito declarado del PSOE, de las izquierdas y los separatistas.
Gracias a la infamia que se está perpetrando bajo la batuta de Conde-Pumpido, dos expresidentes de la Junta de Andalucía que fueron además expresidentes nacionales del PSOE, juzgados y condenados en firme, se van a ir de rositas como si lo de los ERE, sus 680 millones, sus dineros pa asá una vaca, sus militantes enriquecidos, sus sindicatos de esa clase pringados hasta el corvejón y toda una red de caudales públicos puestos al servicio electoral del Partido Socialista, no hubiera ocurrido nunca. Una amnistía de hecho. No sólo no se va a devolver nada de nada sino que se quiere pedir daños y perjuicios a quienes lo revelaron.
La Justicia es otra cosa. Recuerdo, estoy hoy por recordar, que cuando denuncié el caso gratis total en El Mundo (noviembre de 1993) —el gobernador del Banco de España de entonces viajó en un buque privado de Isnasa sin pagar y con honores mil—, Mariano Rubio me denunció y me pidió penas de cárcel y una indemnización millonaria. Incluso llegó a presentar un billete supuestamente pagado, para incriminarme.
Afortunadamente para mí, unos militantes de UGT y CCOO de Algeciras, muy de Nicolás Redondo y muy poco de González, a los que les estaré siempre agradecido, no sólo confirmaron la denuncia de este plumilla sino que demostraron que el billete aportado era falso. Gracias a las pruebas y a una juez intachable pude eludir un inmerecido castigo por contar la verdad. Claro que podemos tener una justicia seria, imparcial e insensible a las presiones. No quiero dudarlo.
El intento de burlar a la Justicia les salió mal. Ahora lo han conseguido porque han conseguido dominar la cúpula político-judicial. De Chaves me lo creí todo, sobre todo desde lo del dinero público gratis para la empresa de su hija en un consejo de gobierno presidido por él mismo. Vomitivo. De Griñán siempre esperé otra conducta porque sabía que lo de los ERE era un modelo corrupto y perverso. De hecho, nada más ser elegido presidente, cambió el sistema. Pero ha preferido pasar a la historia universal de la indignidad. Sea por siempre jamás.
Que sí, que sí, que más corre el galgo que el mastín. Pero si el camino es largo, más corre el mastín que el galgo.