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La España de chichinabo

Vivimos en una España de chichinabo donde cada vez hay menos gente significante y significada, que da sentido y propone metas dignas

Vivimos en una España de chichinabo donde cada vez hay menos gente significante y significada, que da sentido y propone metas dignas
EFE

Mi admirado Carlos Díaz, un fecundo pensador postergado a derecha e izquierda, por hunos y hotros, hace copular a la derecha burra y a la izquierda caviar, en una España suya y nuestra en la que ni él ni nosotros podemos evitar haber pasado la vida "entre los católicos tenebrosos y los cato/progresistas, entre tomistas y marxistas, entre rojos y azules, entre buenos y malos, entre feministas y machistas, entre humanistas y animalistas, y alguna plaga más tendrá que caer todavía, antes de la traca final." Así dice su profecía.

Ha ocurrido. Tanta coexistencia impacífica y tanto acostumbrarse al mamoneo y a la indecencia de cada uno tenía que terminar en una España de chichinabo, o de "chicha y nabo" que escribía Quevedo y recoge, qué arte, el informe del Director General Financiero y de Control de Gestión de Adif - Manuel Fresno desde dos años antes de la pandemia -, sobre la solvencia de dos de las empresas, Soluciones de Gestión e Injoo Technology, que tenían ofertas para el suministro de mascarillas presentadas en aquel momento.

Recuerden que la primera de ellas tenía toda la confianza de José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE y ministro de Transportes de Pedro Sánchez. Gracias a ellos y a la red koldista se forró a base de contratos públicos varios mientras la España de a pie y de neumonías enterraba muertos y tapaba bocas con mascarillas de chichinabo que servían o no, según el Comité de Expertos que nunca existió como tal (desde entonces la palabra simonía significa otra cosa además de la de siempre, a saber, maltratar la esperanza de los españoles en el valor y veracidad de sus instituciones).

En la Auditoría del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, sobre la adquisición y regulación de la venta de mascarillas al gobierno se dice textualmente que la empresa apadrinada por Koldo y su jefe y amigo José Luis Ábalos, Soluciones de gestión, "tenía un entramado que me ponía los pelos de punta. Vi el contrato de Angola, no me gustó un pelo, era una empresa de chicha y nabo". Lo dijo el conceptista Fresno con todas las letras en un informe de 2020 que acaba de conocerse en ¡2024!.

Recuerdo ahora a otra España con instituciones más vigorosas y exigentes, que cuando se extendieron los afectados por el aceite de colza o síndrome de aceite tóxico y un ministro dijo aquello de que era más la alarma que el daño porque en realidad se trataba de "bicho tan pequeño que si cae al suelo se mata", se cebó con el ministro-bicho.

Pero, claro, aquel era un gobierno de la UCD y el "bichito" fue el antecedente Prestige para una izquierda sin escrúpulos. Ahora, quietos y callados, porque esta barbaridad del chichinabo de las mascarillas fue la obra magna de la chicha de un gobierno socialista, Sánchez, Ábalos y su cúpula completa. Pero el que se mueva no saldrá en la foto.

Mientras en España morían decena de miles de personas (hasta más de 120.000) – nunca se supo ni se sabe con total seguridad cuántas fueron porque ni eso sabemos --, la dirección de un gobierno socialcomunista apoyado por separatistas de todo pelaje ponía en marcha en escabroso negocio con empresas de "chicha y nabo".

Se trataba, dijeron y supusimos, para abastecer de mascarillas o masbaratillas, según, a una población española que se refugiaba en la religión del pánico del "resistiré" cuando aún seguía creyendo en sus sumos sacerdotes. Pero, como dijo Juaristi de los nacivascos, todos ellos mintieron, mintieron desde el principio y nos siguen mintiendo. Ahora se ve. En torno a una pandemia de la que nunca se supo casi nada se organizó un gran negocio de partido a partir de un empresa de "chicha y nabo". Y colea enmascarillando otros enjuagues familiares y de casta.

Juan Manuel de Prada, no en su último libro de moda aunque asimismo menciona en él a una "patria de chichinabo que no recuerda el nombre de sus muertos" (Francia), creyó antes una desgracia haber nacido en "una nación de chichinabo y birriosa y abandonada de Dios" tal y como esta España del presente que termina tendiendo a odiar a cualquier otra nación que tiene designio y estrella como los tuvo la España de hace unos siglos.

Yo creo que sí, que vivimos en una España de chichinabo donde cada vez hay menos gente significante y significada, que da sentido y propone metas dignas, y más gentuza insignificante que accede fácilmente al poder para acabar con lo que fue una gran nación de Europa – que inventó usando fe, razón y costumbres -, y con todo lo español por el mero hecho de serlo sin saber qué pasará cuando España deje de existir.

Ese es el gran mérito de la escandalosa Auditoría recién conocida: haber indicado el nombre que merece la España que representa el titular del Ministerio, el gobierno, su presidente y la élite del PSOE. Y no se olviden de los partidos de la oposición que lo han hecho posible. Y no se olviden de todos nosotros, atomizados y desorientados que ya no le damos valor a nada. España ya es pasto de chichinabos.

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