
Nos toca vivir una época tan peligrosa como ingenua en la que algunos agradecen a Felipe González o a Alfonso Guerra y hasta a Juan Luis Cebrián ser presuntamente mejores que lo que hay bajo el puño y la rosa de Pedro Sánchez. Perdonamos el origen del mal y seguimos caminando hacia la eterna repetición del desastre.
Por lo mismo, elevamos a milagro lo que debería ser normal y hasta encontramos consuelo en que el reparto de jueces sea un poco menos grosero, aunque reparto al fin y al cabo. Vemos como esperanza alumbradora que la nueva presidenta del CGPJ y del Tribunal Supremo, Isabel Perelló, de izquierdas pero ajena a la cordada sanchista, defienda la independencia judicial, y pronuncie estas palabras durante la solemne apertura del Año Judicial:
"Ningún poder del Estado puede dar indicaciones ni instrucciones a los jueces y magistrados sobre cómo han de interpretar y aplicar el ordenamiento jurídico. Solo aquellos Estados en los que la división de poderes está garantizada son realmente Estados de Derecho. De ahí la importancia de salvaguardar la independencia judicial frente a posibles injerencias externas".
Es lo normal. Pero nos parece extraordinario, síntoma inequívoco de una democracia enferma.
Sin embargo, algo cabe esperar del discurso de Perelló cuando en el mismo acto el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, un tipo que sólo sonríe y abraza literalmente a la izquierda y que está al borde de la imputación, desenvainó un mugriento cuchillo para decir que lo de las acusaciones populares debería acabarse, que se ha desmadrado y que molesta a sus amigos en el poder. ¡Qué es eso de que un cualquiera pueda perturbar la paz del corrupto! El marido de Begoña y la esposa del "puto amo" están de acuerdo: no hay vergüenza entre los vasallos. Pero el caso es que fue el fiscal general, tan sonriente como "inidóneo", el que dio la orden tajante y escrita de aventar la identidad del novio de Isabel Díaz Ayuso para ver si podían debilitar a la desacomplejada presidenta madrileña por la vía sentimental.
Visto lo de Alvarito, la Perelló es agua clara. Y el sanchismo, que es como el chavismo, ya ha dejado caer que no era su candidata por muy progresista que fuera el marchamo de su puñeta. Es esto lo que permite unirse cautelarmente a la salutación optimista de Javier Gómez de Liaño, que algo sabe de jueces y fiscales perseguidos por el Poder.
Con gesto de 3 de octubre, el Rey escuchó el discurso de Perelló y las afiladas palabras, casi amenazas, del fiscal general de Sánchez, el de la dependencia puesyaestá. Fueron como el alegato de defensa de un Gobierno corrupto en un juicio. Se inauguraba de esta guisa el curso atacando al ciudadano que puede ser acusación popular, a los jueces cabales y a la prensa. Álvaro García Ortiz de Sánchez-Gómez fue la voz de la camarilla judicial que el presidente del Gobierno ha creado para no abandonar el poder y para subvertir el orden favoreciendo los separatismos golpistas que le sostienen.
No dudó el inidóneo en advertir contra las intenciones "privadas, políticas, religiosas, corporativas, económicas, mediáticas o, incluso, meramente procesales" que pudiera encerrar una acusación popular como la que atenaza al matrimonio monclovita. Según el jefe de los fiscales, este tipo de acusación "aumenta el riesgo de investigaciones prospectivas y pervierte el esquema natural y lógico". Casi como las que instiga él contra un ciudadano anónimo por el hecho de ser el novio de Isabel Díaz Ayuso…
Como no podía faltar la coz togada a la libertad de prensa el fiscal añadió a su discurso una crítica a los "comentarios destinados a morir en algunos titulares de prensa" … ¿cómo las exclusivas de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, desveladas horas antes de su publicación sobre el novio de Ayuso?
En definitiva, el Fiscal Aventador del Estado se quejó amargamente de "la desinformación, la mentira y el infundio, uno de los riesgos más importantes para nuestra democracia y también nuestra convivencia". Un seguro de vida para el golpismo.
Sobre el que, bajo el grave gesto de Felipe VI, boicoteó de tal manera la apertura del Año Judicial pesa una petición de imputación emitida 15 de julio desde el Tribunal Superior de Justicia de Madrid por el juez Francisco José Goyena Salgado. Queda que el Tribunal Supremo, que ya preside Isabel Perelló, reciba un informe de la fiscalía que elaborará… la número dos de Álvaro García Ortiz, la teniente fiscal del Supremo Ángeles Sánchez-Conde. Presumamos independencia pese a la jerarquía y que no se invoque la jurisprudencia del puesyaestá. .
Venezuela como aterrador ejemplo
Que la desgracia se cierna de nuevo sobre Venezuela es, en buena parte, culpa de España, cuyo gobierno es uno de los máximos valedores y admiradores de la dictadura bolivariana.
Ni Maduro ni Sánchez quieren dejar el poder. Todavía les separan notables diferencias ya que el venezolano procede de la ilegalidad y acaba de violar unas elecciones y el español no ha llegado a eso de momento. Pero no es menos grave lo que está perpetrando el comando que mora La Moncloa con la Justicia porque es, precisamente, lo que permitió a Hugo Chávez perpetuarse y dejar en herencia a Maduro. Y el peligro no es que la Navidad llegue en octubre sino que un Tribunal dicte que has ganado unas elecciones habiéndolas perdido estrepitosamente. O que los delitos se conviertan en virtud y la corrupción en sistema. Lo saben muchos venezolanos que no se cansan de advertirnos en su enésima huida del Terror.
Si la elección de Isabel Perelló como presidenta del CGPJ y el Tribunal Supremo ha escapado a las garras del Gobierno puede que estemos ante una buena noticia. Pero no perdamos la memoria: aplaudimos que defienda la independencia de la Justicia, cosa que ya hicieron otros como Alberto Ruiz-Gallardón minutos antes de enlosar la fosa de Montesquieu. Los Sánchez-Gómez ya están atrincherados contra la justicia que los rodea y les queda mucha munición. Hay que vigilar, denunciar y publicar sin descanso. Puede que ya no queden más oportunidades.