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Feijóo: ¿Xavi o Vini?

Alguien debería ver el último partido del Madrid. Si algo ha demostrado Vini es que es posible pasar de meme a Balón de Oro. Lo que ha necesitado es apuntar a portería.

Alguien debería ver el último partido del Madrid. Si algo ha demostrado Vini es que es posible pasar de meme a Balón de Oro. Lo que ha necesitado es apuntar a portería.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, participa en la segunda de las jornadas de Metafuturo, de Atresmedia, este martes en el Ateneo de Madrid. | EFE/ Javier Lizon

Existen cosas peores que convertirse en meme. Por ejemplo, convertirse en Xavi. La razón es bien curiosa. Para que en estos tiempos modernos alguien pueda convertirse en Xavi ha tenido que desarrollarse un proceso interesantísimo en la poética del insulto en redes. Una revolución equiparable a la que supongo que produjeron las coplas de pie quebrado de Manrique. Primero fue la sinécdoque visual: un simple paso semántico que redujo la esencia misma de todo lo que simboliza Xavi Hernández a la rotundidad picuda de su pelo. Después la metonimia, de tal manera que, para llamar inútil a cualquier persona, o para insinuar sin más que va por la vida más perdida que María Jesús Montero leyendo un diccionario, basta sólo con intercambiarle la parte superior de la cabeza por la del exentrenador del Barsa. Basta con convertirla en Xavi.

Bien. Yo no digo que haya visto circulando por ahí fotos de Feijóo con el pelo para arriba, aún. Lo que sí que he visto son comparaciones cada vez más explícitas entre sus capacidades directivas y las del técnico de Tarrasa. O incluso todavía peor: alguna que otra vaga intentona por transformarlo directamente en bolso, sinécdoque no de Xavi pero sí de lo que fue Rajoy, quizá más Xavi que el propio Xavi.

La cosa debería preocupar al líder del PP no porque protagonizar bromas en X signifique necesariamente que se tiene a España en contra, sino porque lo que tampoco se leen son demasiados tuits que sugieran que la tiene a favor. El panorama anímico que dibujan hoy las redes es más bien desolador, con un Gobierno socialista que parece un ejército en retirada que va dejando tras de sí un recorrido inacabable de fuertes abandonados y con un líder de la Oposición que se deja ver huyendo de los periodistas con el mismo ímpetu con el que también rehuye su responsabilidad de ir ocupándolos.

Un vistazo rápido sirve para medir los humores. Vídeos de autónomos, por ejemplo, desesperados ante las cámaras al comprobar la cantidad obscena de dinero que les esquilma el Gobierno de un país en el que cada vez funcionan peor los trenes y los hospitales. Investigaciones judiciales en torno a presuntos casos de corrupción que lo van cercando. Y por ahí al fondo, tenue y visible, el firme hilo que conecta a un electorado que mira hacia el PP y ve a un partido asombrosamente capaz de desaprovechar el tiro por preferir apuntar internamente contra su única líder que no sólo hace Oposición hablando, sino sobre todo gestionando.

"El Xavi Hernández de la política", leí ayer. Tal vez a alguien en Génova le vendría bien ponerse el último partido del Madrid. Al fin y al cabo, si algo ha demostrado Vinicius es que es posible pasar de meme a Balón de Oro. Lo único que ha tenido que hacer es apuntar a portería.

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