Menú

¿Qué prepara Sánchez?

¿De verdad alguien cree que si ese presidente (con su esposa y su hermano imputados) fuera del PP seguiría en La Moncloa?

¿De verdad alguien cree que si ese presidente (con su esposa y su hermano imputados) fuera del PP seguiría en La Moncloa?
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la XXVII Conferencia de Presidentes. | Europa Press

La ventaja de la comunicación social de hoy es también su peor inconveniente: conocemos y vivimos las noticias al momento de producirse… si no antes, como le pasa a María Jesús Montero, musa de Los Filtradores. Lo positivo debería ser que, con tanta y tan rápida información, nadie escapara a la lente fiscalizadora de la prensa, de las redes, del escándalo diario. Es imposible salir de rositas si todo el mundo te ha visto y oído decir una cosa y hacer la contraria, si el orbe entero te ha pillado con las manos en la masa.

Pero no es así. El enorme volumen de información y su agobiante inmediatez terminan anulando la atención del ciudadano. Conocemos tantos detalles que perdemos, anestesiados, el sentido general de las cosas… ¿o tampoco es ese el problema?

Pausa, rebobinado y volvemos a darle al play para ordenar ideas: la esposa y el hermano de un presidente del Gobierno están imputados por la presunta comisión de delitos de corrupción. También está imputado un exministro que además era el hombre fuerte del partido que dirige ese presidente de Gobierno. Le acompañan en imputación, o están en vías de hacerlo, asesores directos, ayudantes, más ministros y toda una cohorte de cargos y empotrados socialistas o asimilados. Esto es un hecho.

¿No es suficiente para haber presentado la dimisión o para que le hubieran interpuesto ya una moción de censura o para que, de alguna manera, ya no fuera presidente del Gobierno Pedro Sánchez? ¿De verdad alguien cree que si ese presidente —con su esposa y su hermano imputados— fuera del PP seguiría en La Moncloa?

Pausa de nuevo: el problema no es el volumen de información masiva e intensiva. Algo pasa en España para que los escándalos no suenen ni huelan igual en un lado que en otro. Es el momento de rebobinar hasta la misma llegada de Pedro Sánchez al poder y recordar que lo hizo a la grupa de una moción de censura contra Mariano Rajoy que defendió en el Congreso de los Diputados el ilustre José Luis Ábalos. La operación la "motivó" una sentencia de un juez.

La sentencia de censura de un juez

Dice el marido de Begoña que el PP juega "con las cartas marcadas" y que prepara encerronas con bulos y jueces de su parte, o sea, prevaricando. Además de ser falso, injurioso y repugnante viniendo del Gobierno que tiene a Álvaro García Ortiz de Fiscal general y a Cándido Conde Pumpido de presidente del Constitucional, ¿cómo se podría entonces calificar lo que hizo el PSOE con el juez José Ricardo de Prada, redactor único de la moción de censura que se dejó clavar mortalmente el PP inane de Mariano Rajoy?

Mayo de 2018. Palabra de Ábalos:

"Crearon con su particular uso del poder un verdadero círculo perfecto de corrupción, encubriéndola con tretas y artimañas, obstaculizando la justicia para intentar engañar a la gente".

La bancada popular suspiraba y se retorcía entre quejas y mohínes. El PSOE de los ERE —y de tantos otros episodios que estamos hartos de reseñar— les estaba pintando la cara con la Gürtel. Y era una cara que había tenido hacía bien poco la mayoría absoluta, desperdiciada pero absoluta. Ese "no hacer nada" de Rajoy adoptado como mejor fórmula para ver pasar el tiempo y los problemas había conducido al PP a una situación de lamentable sumisión. Una siesta mortal. Ábalos, el Ábalos de 2018, castigaba sin tregua al maltrecho PP con palabras que hoy resonarán en su cabeza:

"…no han dudado en acusar de prevaricación incluso a los jueces estos días. Han apartado a aquellos que creían que les perjudicarían; hoy mismo venimos aquí con la modificación de un tribunal que no ha concluido su tarea, y no les ha faltado tiempo, no han tenido ni siquiera el sentido estético de llegar a este debate".

(…)

"En Europa, ese club de desarrollo democrático y de civilización del que esperamos formar parte, ven que aquí nos tomamos a risa las sentencias, y eso no es bueno para nuestra reputación".

Todos y cada uno de los 45 minutos de la intervención de Ábalos como defensor oficial de la moción de censura son hoy tan miserables como lo fueron el día de su exposición, armada en torno a una sentencia que quedó anulada por el Supremo con grave apercibimiento para el juez De Prada. Pero su interés documental es incalculable. Un último párrafo para enmarcar. Dale, Ábalos:

"Señorías, porque ejercemos nuestra responsabilidad con la Constitución reaccionamos frente a un Gobierno que está poniendo en cuestión el Estado de derecho, señalando las sentencias judiciales como tendenciosas, amenazando a todo aquel que se atreve a cuestionar su permanencia en el Gobierno, como si fuera suyo, como si fuera de su propiedad".

(…)

"Los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal, no podemos normalizar la corrupción en nuestras vidas ni en las instituciones".

(Aquí pueden consultarse las actas de la sesión completa por si hubiera dudas sobre su autenticidad: )

La maniobra fue desmontada, tarde, tanto por el Tribunal Supremo como por la propia Audiencia Nacional. El daño estaba hecho, el juez había cumplido su misión y todas las cartas, estas sí, estaban marcadas desde el principio. Seguimos jugando y sufriendo esa mano.

La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional apartó a De Prada de la causa sobre la caja B por apreciar que su imparcialidad estaba "comprometida" y que las frases que usó Ábalos como guion de la moción de censura fueron, dijo la Sala, "absolutamente innecesarias". El Tribunal Supremo le recordó algo peor: "No puede afirmarse que el Partido Popular fuera autor de delitos de corrupción y prevaricación irregular". Rajoy fue testigo, nunca imputado. Ni a él ni al PP se les estaba juzgando por más que fuera cierto que personas del PP hubieran incurrido en grave corrupción. Ahora, además, aquel ponente que leía las frases del juez sí está imputado.

Qué nos espera

Retomando la duda inicial, queda por saber qué siniestro mecanismo actúa para que la corrupción y las hemerotecas, sean inmediatas o históricas, no afecten por igual al PP y al PSOE. El famoso complejo de la derecha no es sólo por la Guerra Civil porque ya antes la CEDA se dejaba apartar sin una razón clara, así que no es por eso. Quizá sea entonces la tradición católica por aquello de poner la otra mejilla, pero también hay muchos católicos en el PSOE, así que tampoco. Mientras seguimos barruntando, la gran pregunta es qué tiene pensado Pedro Sánchez, que es lo único que ahora importa.

Sería iluso creer en la posibilidad de cerrar el círculo según el cual Pedro Sánchez llegó envuelto en una sentencia defendida con la intervención de Ábalos y se iría de la misma manera pero en sentido contrario: con sentencias por corrupción de su familia y de él mismo y con las palabras lastimeras de su escudero desde el umbral de la prisión. Ante la mera posibilidad, situación en la que ya estamos, Sánchez lo intentará todo.

Es evidente que la Constitución de 1978 se le ha quedado corta, que puede gobernar "sin el apoyo del poder legislativo"; que presume de controlar la Fiscalía, también imputada por perseguir a la oposición con métodos presuntamente delictivos; que se salta la ley para que los suyos, Pepe y Manolo, no sufran su peso; que elimina delitos para que los delincuentes que le apoyan estén limpios; que amnistía, indulta, rescata y condona si ello le permite seguir en el poder… y que "si quieren ayuda que la pidan". Salvo que sea su Cataluña golpista, que esa va de oficio y a escote.

Sánchez quiere ser presidente de una República federal de escombros pero el Rey ya le supera hace mucho en valoración y ha consolidado de veras su peso internacional. No lo soporta desde que lo sacaron, a él y a su Begoña, de aquel besamanos en el que se habían colado como okupas. Lo de Valencia ya ha sido la puntilla.

¿Qué tiene en mente? Seguir en el poder caiga quien caiga, sea su ministro, su hermano, su señora o él mismo. ¿Pero es eso posible? Que se lo pregunten a Otegui, a Junqueras… Da igual si Puigdemont iba a ser encarcelado o si Torra era un xenófobo. No importan el engaño del insomnio con Podemos o las negaciones de Pedro a Bildu, ni siquiera importa si Meloni era fascista. Sin moral es muy fácil hablar de la foto de Dorado y hasta de la esposa y la hermana de Feijóo, o del padre, el hermano y el novio de Ayuso. Sánchez sólo contempla quedarse en un régimen distinto, habilitado por él. Si lo imputan, que lo imputen.

Estamos en un golpe de Estado desde 2018 y algunos siguen pensando en qué políticas sociales aplicarán cuando lleguen al Gobierno.

Temas

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad