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Sánchez pretende dinamitar el Estado Autonómico

Sánchez ha ocultado el cupo insolidario del separatismo catalán como otra trapacería contra Ayuso.

Sánchez ha ocultado el cupo insolidario del separatismo catalán como otra trapacería contra Ayuso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la XXVII Conferencia de Presidentes. | Nacho Cubero/Europa Press

Es lógico que el acta de defunción del Estado de las Autonomías se plantease en una reunión de presidentes autonómicos, que en teoría debería ser semestral, pero que llevaba dos años y medio sin celebrarse, y sin que nadie la echara mucho en falta. Sánchez la convocó como hace con todas las instituciones: para promover su suicido o amenazar con su asesinato. Y la sempiterna chapuza que reserva para los caciques autonómicos del PP, sin temario a tratar, sin propuestas económicas para sostener las políticas y con la intención de esconder lo que busca, aunque sea fácil de adivinar. En este caso, pretende que todas las autonomías acepten que, a partir de ahora, Cataluña no será una más, sino una menos a la hora de poner dinero y una más, y la más importante, a la hora de llevárselo. Porque se trataba de eso: limitar el desgaste político que para el PSC y el Gobierno supone el Cupo, camuflándolo en un boscaje de iniciativas improvisadas e inconexas, o sea, la bazofia normativa con que Sánchez sirve a sus personalísimos intereses.

El impulso soberanista catalán de Sánchez

Para animar a su tribu, Sánchez ha ocultado el cupo insolidario del separatismo catalán como otra trapacería contra Ayuso, invadiendo sus competencias y tratando de hundirla No acepta democráticamente que, desde hace tres décadas, Madrid vota al PP liberal, el que mejor funciona y el que más rabia le da. Y como el odio y la envidia a Madrid es achaque de toda su banda, la destrucción de la caja común pasa a un segundo plano. Al final, como casi siempre, su añagaza no ha triunfado, y lo que ha quedado en las noticias es que Ayuso se niega a aceptar el atraco del cupo catalán y que sólo acepta la condonación de la deuda de la Comunidad Valenciana. Ah, y que Illa ha quedado como lo que es: un tramposo rencoroso, otro separatista que cree que, por ir con cara de cura al funeral de su víctima, en este caso la solidaridad de todos los españoles, se le perdonará el asesinato.

Una décima famosa, atribuida a Lope de Vega y a Luis de Góngora, denunciaba así el nunca resuelto asesinato del Conde de Villamediana:

"Mentidero de Madrid

decidnos ¿quién mató al conde?

Ni se sabe, ni se esconde,

sin discurso discurrid:

Dicen que le mató el Cid,

por ser el conde Lozano;

¡disparate chabacano!

La verdad del caso ha sido

que el matador fue Bellido

y el impulso soberano".

Sin negar que el rey estuviera al tanto del crimen, el gran libro de Luis Rosales "Vida, pasión y muerte del Conde de Villamediana" muestra que, amén de los famosos lances del Conde pretendiendo a la reina Isabel, había una trama de prostitución masculina a la que recurría Tassis, y que su asesinato fue una forma de evitar a la Corte el juicio y el escándalo por sodomía. Nada nuevo bajo el sol de Madrid. En la liquidación por derribo del Estado de las Autonomías, que es el constitucional, el matarife es Sánchez, pero el que impulsa su guadaña es el presidente de la Generalidad de Cataluña. A corto plazo, le conviene a Sánchez. A corto y a largo, le conviene al bilioso Illa, que, como todo nacionalista, lleva fatal que Madrid le cante las cuarenta. Pues que se vaya haciendo a la idea, porque Ayuso, para variar, no se ha callado. Hace bien.

Otra sórdida utilización de la tragedia de Valencia

El truco para que las autonomías del PP acepten contribuir a la riqueza de Cataluña, que les hace el favor de no hacer lo mismo ellas, ha sido de una sordidez genuinamente sanchista y acrisoladamente socialista. Socialista es que sea la condonación de la deuda la forma de camuflar un trato de favor a su socio, como si la deuda se extinguiera por arte de magia y no tuvieran que pagarla, con intereses, los que vengan detrás. Y que sean, por tanto, favorecidos los derrochadores, y perjudicados, los ahorradores. No es un incentivo perverso o equivocado. Es, simplemente, socialismo.

Pero usar en su beneficio la tragedia de la Comunidad Valenciana es una demostración de la vileza incontrovertible e irremediable del sanchismo. Ya lo intentó con los Presupuestos, subordinando la ayuda a que se los votase el PP. Ahora pone en pie de igualdad una situación del todo desigual, y mete en el mismo saco el egoísmo nacionalista catalán y el desastre valenciano. Cada vez que creemos que hemos visto lo peor de Sánchez, hace algo más atroz. Es de una vileza inagotable.

Acertó Ayuso al decir que Madrid sólo acepta el trato de favor a Valencia por la riada y porque ya estaba infrafinanciada. La impresión, sin embargo, es que la liquidación del Estado de las autonomías, dramáticamente fracasado en Valencia, es que estamos ante un litigio entre partes, y no una enmienda a la totalidad del sujeto político llamado España. Está la oposición tan dispersa, con Vox en el Este y el PP en Babia, y tan acostumbrada a cultivar la deferencia en vez de asegurar el negocio común, que ni siquiera las autonomías han puesto el grito en el cielo y anunciado un frente común contra Sánchez. Las están matando y no se quejan. Es el silencio de las ovejas, churras o merinas, tanto da.

Gloriosa actividad cultural autonómica

Pero si políticamente son cadáveres, en lo cultural no dejan de producir novedades .Andalucía ha sentado cátedra de idiocia diciendo que protegerá el "acento andaluz", como si fuera uno, y no una docena, y si pudiera subvencionarse, más allá del chiringuito de Rojas Marcos. Pero Extremadura no ha querido dejar sola en el ridículo lingüístico a la región vecina, y ha proclamado la gloria del extremeñu, que no sé si es el antiguo castúo, o el analfabetés, que es el idioma de los necios con poder local. En eso se entretienen nuestros caciques autonómicos: en medirse la boina mientras les vuelan la cabeza.

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