
La tradicional foto del gabinete ministerial en la escalinata del Palacio de La Moncloa bien podía haberla tomado Koldo García como se hacía antaño, metiendo la cabeza en un velo negro y sacando una mano con la lámpara de magnesio. "¡Miren aquí, por favor, sonrían… quietos!". Y nadie se movió, siguiendo el consejo de Alfonso Guerra, así que todos salieron. Esos y muchos otros más, pero muchos, que van apareciendo en el fantasmagórico revelado de la corrupción socialista.
Pedro Sánchez pasará a la historia de España, de eso no cabe duda alguna. Suyo es el mérito de haber democratizado la corrupción… nada que ver con un afán de equitativo reparto sino, más bien, con la extensión de la culpa que el tiempo convierte en un seguro de silencio. Sin embargo, los secretos son como el humo o el agua, que siempre encuentran una salida por más que se trate de sellarlos. Un desengaño, una promesa incumplida, un favor incompleto o un ‘si te he visto no me acuerdo’ pueden acabar en la balanza de cualquier persona sometida a presión. Y eso es lo que ha sucedido, de momento, con Víctor de Aldama el conseguidor a comisión.
El marido de Begoña no puede gobernar por mérito propio ni con alianzas naturales o lógicas y se juró hacerlo construyendo un sistema de favores. Ello requiere personas especializadas en la negociación extraordinaria, personas capaces de contentar al enemigo para que colabore allí donde nadie lo haría o por algo que nadie daría a cambio. Ese sistema termina convirtiéndose en un fin: le mantiene en el poder y resulta rentable, casi vital, a muchas personas que acaban siendo dependientes. Es muy posible que el resumen del sanchismo sea tan sencillo y grotesco como su trayectoria intelectual, siempre de prestado, siempre ajena, fácil. Se reduce, como resumen, a dos personas: Koldo García y Víctor de Aldama.
Eso sí, para que dichos personajes pudieran pisar el campo de minas sin peligro necesitaron todos los salvoconductos imaginables, desde el Tribunal Constitucional hasta la Fiscalía general del Estado pasando por todas y cada una de las Instituciones del sistema sin escatimar algunos contactos de calidad corrupta en Policía y Guardia Civil. O sea, la perversión misma del Estado de Derecho.
¿Quiere todo esto decir que si Sánchez hubiera podido gobernar con mayoría absoluta o a través de un pacto simple nada de esto habría sucedido? Es como pensar que si Nicolás Maduro hubiera ganado "limpiamente" unas elecciones merecería el Sajarov. Pedro Sánchez ha resumido con hechos y sin complejos los ejes de su régimen: con la Fiscalía general como órgano dependiente de Presidencia, sin necesidad alguna del Poder Legislativo y con un sistema de control de la prensa y los jueces. Esa ausencia de escrúpulos se lleva en los genes políticos. Sánchez es así, su sistema es ese, no es una reacción ante la adversidad.
¿Está cerca el final de este tormento? No sabemos todavía qué había en el teléfono de Pedro Sánchez pero estamos muy cerca de conocer, sin necesidad de Pegasus, el contenido del móvil de Víctor de Aldama, que es como la centralita del Gobierno. No deja de ser alarmante que el terminal del conseguidor comisionista pueda implicar a ministros, asesores, familiares y al propio presidente del Gobierno y que al final surgiera alguna coartada perdida en desiertos cercanos que explicara los devaneos que debieron costar la dimisión del Gobierno hace meses. Cabe esperar cualquier cosa. No en vano, el teléfono del Fiscal Inidóneo Imputado ya no sirve como prueba porque las borró por completo y se fumó un puro.
Estamos, pues, más cerca de saber mucho más sobre el Sistema, pero ellos todavía son capaces de dar diez pasos por cada uno de la investigación. Ya han demostrado que no habrá límites.
Qué esperar
El año 2025 es crítico para el Gobierno y para la oposición, fundamentalmente para el PP. Pedro Sánchez usará lo que ya se conoce popularmente como el "Francomodín" aprovechando el medio centenario de la muerte del dictador cuyos restos hicieron volar de Cuelgamuros a Mingorrubio como para sentirse antifranquistas sin riegos incómodos. El plan es arrojarlo contra "la derecha", que tendrá que andar buscando frases automáticas de algún ChatGPT entrenado en las mazmorras de Génova 13 para defenderse en vez de saberse al dedillo y esgrimir con rigor la Historia de España y la del Comunismo, tan sencillas como accesibles. Y entonces algunos de Vox, sin edad siquiera, añorarán el tiempo pasado como único momento luminoso de nuestra historia y toda la derecha será azulona y marcial sin posibilidad de pacto… y este PSOE, el de "Pedro Sánchez Odia España", sólo tendrá que sonreír con el fango por la cintura pero sin hundirse. No le llegará para ganar, pero a los otros tampoco para hacerle perder. Agónico.
En Madrid, Isabel Díaz Ayuso demostrará, resistiendo a la Fiscalía y a la mafia, que no hace falta imitar el peor extremismo de Vox ni aceptar los letales miedos del PP para que el censo de votantes de la derecha tenga ilusión por votar sin pedir perdón o sentir vergüenza. Y contra los pretendientes archienemigos internos de Ayuso —indirectamente, también lo son de Feijóo, pues esperan su caída—, hay voces que pueden y deben ayudar, como las de Cayetana Álvarez de Toledo, Miguel Tellado o Ester Muñoz. No es por falta de figuras, es que han dejado una puerta abierta y entra mucha corriente.
Esto es lo previsible y, por descorazonador que parezca, siempre es mejor organizar el análisis a partir del pesimismo informado. Mejorar el panorama empieza por la autocrítica constructiva. La del PP es bien sencilla y no debería centrarse en el desastre de Carlos Mazón al gestionar la DANA de Valencia, hecho muy posterior al deterioro ideológico, sino en preguntarse qué andaban haciendo cuando las encuestas les trataban bien y Vox iba camino de la insignificancia tras la fuga de sus cerebros.
Con aquella ventaja y con el Gobierno sumido en un escándalo esférico de corrupción familiar y de partido, hoy las cosas pintarían de otra manera. ¿Las razones? Nadie es capaz de explicarlas. El PP necesita normalidad y quietud mientras la izquierda siempre ha sabido moverse mejor en lo excepcional, pero la inacción ante el piélago corrupto no tiene explicación. Quizá las dos Españas, mucho más allá de la guerra.
No hay forma de entender esa foto de Feijóo en el Congreso de la UGT buscando votos imposibles y sólo consuela el hecho de esperar que tan grosero contraste lleve al inmediato propósito de enmienda. Es una necesidad.
El año 2025 puede ser el del procesamiento de la esposa y el hermano del presidente del Gobierno, ya imputados. El de un Fiscal general del Estado, ya imputado. El de un ministro que también era secretario de organización del PSOE, ya imputado. El de un asesor de ese ministro, que lo era sobre todo del presidente del Gobierno, el "último aizkolari socialista", ya imputado. El de un presidente de la Diputación de Badajoz, ya imputado…
La Gran Familia puede aumentar considerablemente en pocos meses, quizá semanas. Ya asoman una docena de ministros, más súbditos del Inidóneo Imputado y otros cojinetes necesarios para que su sistema gire sin perder velocidad. La décima parte de la mitad de lo que vemos ya habría costado la vida a un gobierno del Partido Popular.
El año entrante requiere una toma definitiva de posiciones: el Rey no falla; el sistema judicial, más allá de jueces y fiscales domésticos, ha enseñado las puñetas con determinación; la prensa, provocada por el fango, podría dar la talla si de veras valorara su futuro.
A ver quién muere y quién bosteza. De los políticos nos guarde Dios