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La impunidad de los culpables: el crecimiento de una España amoral

La impunidad de estas élites bandoleras está haciendo crecer a una oscura España amoral en la que las leyes y las instituciones son pisoteadas.

La impunidad de estas élites bandoleras está haciendo crecer a una oscura España amoral en la que las leyes y las instituciones son pisoteadas.
Europa Press

Se sabe desde antiguo que uno de los elementos vertebrales de la ruina de las repúblicas es la impunidad de los culpables y el castigo de sus víctimas. Aunque algunos practiquen la más cínica amoralidad, la mayoría de los que componen las sociedades son gente moral, que admiten e incluso confían en unos códigos éticos básicos que pretenden, antes que nada, preservar la convivencia y el decoro como un bien común frente al desorden y al caos.

Ahora que con la pantomima de la resurrección de Franco, Franco, Franco, se pretende antes que celebrar el fin pacifico de su dictadura dejar impune a quienes desearon, impulsaron y animaron el desencadenamiento de la Guerra Civil – uno, muy señalado por las fuentes históricas contundentes, fue el socialista Francisco Largo Caballero, por poner un solo ejemplo, que hay muchos más -, todos debemos ser conscientes de cómo está creciendo la impunidad en España desde 2004.

Se dirá que antes hubo otras impunidades. Seguramente es cierto. Tomen nota de la impunidad de esas élites del nacionalismo catalán y vasco que inspiraron a ETA y otros grupos terroristas mientras farsaban ser demócratas y constitucionales. Ahí están los tenebrosos hilos del 23 F y sus inspiradores impunes desmantelando la buena voluntad de la Transición. Y están los autores intelectuales de los GAL, algunos de los cuales optaron por la impunidad en vez por el valor de decir "Fui yo".

Cierto que también los dirigentes de los partidos políticos, metamorfoseados de servidores de los ciudadanos en oligarcas de la democracia, comenzaron sus pactos para debilitar el poder judicial y poder salir de ese modo impunes de toda acusación probada de corrupción. Piénsese en los gobiernos de González y sus familias socialistas, en miembros del gobierno y del PP de Aznar y Rajoy, en la tela de araña socialista andaluza o en la catalana o en la vasca o la gallega.

Pero me parece evidente que 2004 fue el tránsito del desencanto democrático a la amoralidad, a la indiferencia moral, al vale todo. Aquel año fue el del atentado del 11-M que, a pesar de un juicio y unos condenados, todos sabemos que sigue impune porque nadie ha descubierto nunca qué manos mecieron aquella macabra cuna que fue el crimen terrorista más importante de Europa en toda su historia. Nadie sabe realmente quiénes lo planearon. No se sabe quiénes lo organizaron y tampoco se sabe con certeza quiénes fueron todos los autores materiales. También quedaron impunes sus manipuladores políticos despreciando a las víctimas.

Aquellos asesinos no fueron los únicos en quedar impunes puesto que aquel mismo año, casualidades impías, el ex presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en el rey del baile con su pareja, el viejo terrorista Arnaldo Otegui, con el fin de blanquear a la tribu caníbal vasca, ETA, asesina sin perdón de casi 1.000 españoles por el mero hecho de serlo. No se puede dejar de leer el libro La tribu caníbal de Carlos R. Estacio, que comentaremos pronto más extensamente en LD.

Desde entonces, trato de favor, permisos carcelarios, reducciones de pena, legalidad constitucional y otros atributos para la impunidad, exhibida delante de sus víctimas sin vergüenza alguna. Ahora ya se ha entrado en la apoteosis de su impunidad dejándole hacer y deshacer gobiernos y pactos vergonzosos, humillantes y desigualatorios para los demás españoles. Como los suscritos con el golpista prófugo de Waterloo, ante el que pronto Sánchez se arrodillará de nuevo.

Luego, por acelerar, llegó la pandemia del Covid y sus 130.000 muertos. ¿Cuántos de ellos fueron causados por irresponsables que se travistieron como científicos? ¿Cuántas empleos y negocios se perdieron por unos confinamientos que hoy se sabe que fueron, no sólo ilegales, sino ineficaces? ¿Cuántos se enriquecieron ilegalmente con negocios de mascarillas y demás utillaje farmacéutico, muchos de ellos desde el gobierno Sánchez, que hoy se ponen en duda nada menos que por el Congreso de los Estados Unidos? ¿Cuántos llamaron "conspiranoicos" a quienes señalaban a un virus artificial como causa de la tragedia, cosa demostrada ahora? Incluso se llegaron a cerrar ilegalmente Las Cortes con impunidad total para sus decretantes.

Y tenemos una variante avasalladora: la impunidad política. Ningún otro país está desarrollando el estómago amoral de una España en la que un presidente del gobierno puede tener a sus círculos más íntimos imputados en los Tribunales, e incluso a su Fiscal General del Estado (el destructor de pruebas) e ignorar la moral democrática amenazando, eso sí, a los jueces y a los periodistas. Es más riñó a los ciudadanos por señalar a ese Fiscal como el dictador Galba afeó a los romanos que pidieran la condena del infame sicario de Nerón, Tigelino.

Hay mucho más, pero para cerrar ahí está la DANA de Valencia. Más muertos aún que en 2004 y los que pudieron evitar su tragedia por ahí campan a sus anchas. Ni dar la cara, ni decir la verdad, ni dimisiones ni nada, desde el Presidente de un Gobierno que no movió un dedo a las autoridades autonómicas y un rosario de instituciones que no hicieron lo que debían haber hecho. Y siguen sin hacerlo.

Sí, la impunidad de estas élites bandoleras está haciendo crecer a una oscura España amoral en la que las leyes y las instituciones son pisoteadas y las buenas costumbres democráticas ignoradas. Vamos camino de un desastre. Ser buen demócrata y honrado ciudadano, ¿para qué? No. 2025 no será, no puede serlo, un buen año.

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