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Entre cobardes y fariseos

Luego se extrañarán de que Vox, a pesar de haberse echado en brazos de Putin, siga creciendo. Pobre derecha española, obligada a elegir entre cobardes y fariseos.

Luego se extrañarán de que Vox, a pesar de haberse echado en brazos de Putin, siga creciendo. Pobre derecha española, obligada a elegir entre cobardes y fariseos.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. | EFE

Las elecciones de julio de 2023, que se supone que la derecha tenía ganadas, finalmente se perdieron porque al electorado le pareció que el PP no garantizaba la revalorización de las pensiones. Al menos, así lo cree Feijóo. No sólo, sino que le echa la culpa a la periodista que le tendió la trampa. Aunque fuera así, la responsabilidad es de Feijóo por dejarse entrevistar por una conocida sanchista, que por otra parte ha visto pagados con generosidad sus servicios. Y, en último extremo, la culpa sólo puede ser suya por no preparar el tema y dejarse embolicar. Si una plumilla a órdenes de Moncloa puede hacerle perder unas elecciones con un par de preguntas malintencionadas, más vale que se vuelva a Galicia.

No cabe duda de que Sánchez es hoy presidente del Gobierno gracias a los votos que ha comprado porque convencer, lo que se dice convencer, convence a muy pocos. Y en eso está y no sólo con el voto de los pensionistas. Vio lo que le pasó a Zapatero tras los recortes de 2010 y ha puesto a Dios por testigo de que a él no le pasará eso. Ya pueda estar la economía nacional al borde del colapso, que jamás congelará nada. En el PP pueden llegar a la conclusión de que los españoles que dependen del Estado votan con la cartera y les importa un pito que el país se vaya al guano. Pero, si están realmente convencidos de que a los jubilados no les importa otra cosa que el monto de su pensión, nunca ganarán al PSOE ofreciendo lo mismo. Hoy por hoy, los socialistas dan más garantías de las que brindan los populares. Para romper esta dinámica lo mejor no es declararse hoy a favor de una revalorización contra la que se votó ayer. Si de verdad quieren entrar en la subasta, que digan que ellos, cuando gobiernen, subirán las pensiones el doble del IPC. O el triple. O si no, mejor, que presenten ya una proposición de ley que acuerde una subida que duplique las pensiones con efectos retroactivos a contar desde enero de este año o del anterior. ¡Será por dinero! Si verdaderamente cree Feijóo que los pensionistas españoles son así, está tardando en multiplicar la oferta de Sánchez.

Evidentemente, por desgracia, hay pensionistas que piensan así y venden su voto al mejor postor. No debemos ser duros con ellos porque con frecuencia, y nuevamente por desgracia, algunas veces, más de las deseables, de esa pensión dependen muchas otras personas, además de quienes la perciben. Pero no son tantos como cree el PP, ni mucho menos. La mayoría sigue votando a Sánchez no tanto porque se venda, sino porque lo que les ofrece el PP es ambigüedad, ausencia de ideales, nepotismo, cobardía, servilismo ante la izquierda y, grosso modo, más de lo mismo, pero con cicatería hacia las pensiones. Para eso, más vale seguir votando al PSOE, que al menos, aunque no haga nada más de fuste, sí que las revaloriza, por la cuenta que le trae. Lo que ha hecho el PP con este decreto, que es sustancialmente igual al que rechazaron, al menos en lo que ellos dijeron que no les gustaba, es prueba de cargo de esos pecados para los que no hay ni arrepentimiento ni propósito de enmienda: ambigüedad, ausencia de ideales, cobardía y servilismo. Luego se extrañarán de que Vox, a pesar de haberse echado en brazos de Putin, siga creciendo. Pobre derecha española, obligada a elegir entre cobardes y fariseos.

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