La civilización accidental
¿Acaso ya estamos tan borrachos de accidentalidad que ni siquiera sentimos los tambores?
Todos sabemos que cualquier civilización es históricamente accidental. Si consideramos el principio de entropía aplicable a las sociedades humanas, esa accidentalidad es inevitable. Cualquier libro de historia universal refiere ese transitar de civilizaciones que parecían sólidas como una piedra hacia el polvo de los desiertos, quedando de ellas sólo ecos lejanos en el presente. Aun así, no es fácil saber, porque su desorden crece y crece en un tiempo extenso, cuándo una civilización está dejando de ser lo que era para ser accidental.
El espectáculo ofrecido este fin de semana en la Casa Blanca, televisión de la buena y en directo desde luego, ha sido definitivamente el más grande espectáculo del mundo desde hace mucho tiempo. Yo no recuerdo nada igual. Tantas almas rezando por la transparencia en las sociedades democráticas han tenido por fin un recital live de trumsparencia, con tres tenores inesperados que han dejado mudos a medio planeta. Del tablero al cuadrilátero en un santiamén, otra degeneración.
Digo inesperados porque es absolutamente inesperable y diplomáticamente imposible que, durante unas conversaciones acerca de las condiciones de la guerra en Ucrania tras la invasión de Putin, los más altos dignatarios de las naciones participantes se enzarcen en una pelea barriobajera que a quién beneficia con toda claridad es al tirano en discordia, ausente de la reunión pero actor principal de la agresión.
En ráfagas violentas de palabras, allí se dijeron cosas tremendas, desde que Ucrania estaba perdiendo la guerra –en la misma cara del enemigo ruso—, a que Estados Unidos había asistido desde 2014 al conflicto y que no había sido capaz de detenerlo; desde que se insultaba a Estados Unidos a que Ucrania no tiene cartas que jugar, desde que Zelensky había apoyado públicamente a Joe Biden en la campaña electoral pasada a que Ucrania está jugando con la tercera Guerra Mundial.
¿Cómo puede esto ocurrir en un mundo en el que las diplomacias son siempre herméticas, silenciosas, maquiavélicas, difuminadoras de la verdad o desinformativas para que los enemigos reales no adviertan cuáles son los flancos débiles? ¿Podría ser que los tres tenores, Trump, Vance y Zelensky (Marco Rubio estuvo pero no intervino en ese momento, aunque luego sí) hubieran acordado representar una farsa intencionada? Sería una explicación acorde con las tradiciones pero, ¿para qué? ¿Qué bien se desprendería para Ucrania y Estados Unidos de esta demolición del decoro y esta exhibición de debilidades?
No, no pudo ser, se dirá, una maniobra tan torpe y tan autolesiva. Ah, entonces fue un pronto, un deflagración no racional ni deliberada, una reacción instintiva de unos y otro, una explosión de ira incontrolada… delante de los medios de comunicación del mundo, rusos, chinos, terroristas islámicos y demás enemigos declarados y transmitida urbi et orbe a toda la humanidad. Pero si fue tal cosa, ¿en manos de quiénes estamos? ¿Cómo impulsos primarios de tres responsables pueden derivar en un daño tan intenso y extenso para millones de personas?
Tal vez, arguyen otros, el suceso fue planeado por la inteligencia trumpista para desacreditar a Zelensky ante el mundo, presentándolo como desagradecido, criminal incluso, que manda soldados a una guerra perdida, corrupto desviador de dinero secreto a paraísos fiscales, personajillo que se cree con cartas que jugar en un conflicto de esta envergadura… De ser así, ¿era necesario hacerlo en directo y con los graves daños colaterales de exhibir con brutalidad la fuerza, sí, pero, a la vez, la propia impotencia ante un enano político?
Tal vez fue al revés. Un Zelesky harto de humillaciones y deseoso de explorar otro camino, decidió reventar consciente y deliberadamente todo acuerdo con Estados Unidos aun a riesgo de que un Putin, testigo de la jugada, sin alto el fuego y sin obligación de paz, lance una ofensiva definitiva aprovechando la división manifiesta entre los viejos aliados. ¿Cómo sostener la guerra sin los fondos USA y con una Europa sin cabeza y sin recursos? ¿Bajo el liderazgo de la ex europea Gran Bretaña, vieja raposa siempre al acecho? ¿Bajo la Francia imaginaria de Macron? ¿Bajo la Alemania tarumba democristiana-socialista?
Me sorprende que haya quienes tengan claro lo que vieron. Yo confieso que estuve como un espectador lego en una operación quirúrgica. Miré pero no sé qué estuve viendo. Carezco de herramientas informativas y conceptuales para darme una explicación razonable y suficiente. Se me vino a la cabeza lo de la civilización accidental, como si este fuera el primer paso, o uno de los pasos, hacia el fin de lo que hasta ahora hemos considerado la civilización occidental, a lo mejor no más que otra quimera de la que ya sospechamos su desolación.
Luego pensé en esta España nuestra, esa a la que tan pocos quieren hacer grande de nuevo, tan venida a menos ocupada por bandoleros, siendo como fue piedra clave de esta civilización, la que cantara Chesterton como "luz amorosa de España, hurra", ahora una senda perdida "por la que en vano cabalga eternamente un insensato caballero flaco"...
Y pensé en Ceuta, en Melilla, en las islas Canarias, en la contundente realidad iberoamericana… próximas etapas de un calvario si nos resignamos a ser conducidos por quienes no están a la altura de lo que representan. ¿O es que ya estamos tan borrachos de accidentalidad que ni siquiera sentimos los tambores?
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