
Siempre he pensado que, en el análisis conductual en general y en el político en particular, la clave está en ese momento, a veces muy anterior a los hechos y en otras no tanto, en el que se toman las decisiones de la acción. Vivimos, especialmente, desde hace siete años, en un período en el que ese momento, el de la toma de decisiones, está dominado por una línea de pensamiento: la del 'sujétame el cubata'.
Todo arrancó hace once años, en 2014, con unas elecciones primarias en el PSOE, entre Eduardo Madina y Pedro I El Falso – Pedro Chapote. Imagino una noche, quizás a altas horas, una mesa redonda y varias botellas de bebidas espirituosas sobre la mesa. Y de repente alguien pronuncia la fatídica frase: "Pedro, no hay huevos de hacerles trampa", a lo que el 'número 1' podría responder de la única manera que un español puede contestar a tal reto: "¿Qué no hay huevos? Sujétame el cubata".
Y así, como diría Gerard Piqué, así empezó todo. Dos años más tarde, misma hora de la madrugada más o menos, mismos protagonistas, mismo despacho y misma mesa, con parecidas marcas para la confección de combinados. Y de nuevo: "Nos salió muy bien lo de Madina. No hay huevos de meter ahora la urna tras una cortina y sacarla luego hasta las trancas de votos nuestros". Y de nuevo, la respuesta-mantra que todo buen español, bien colmado de imaginación etílica, tiene que responder ante tal tesitura.
Y a partir de ahí, todo recto. El 'sujetamelcubatismo' se apoderaba del PSOE, para transformarlo en el Partido Sanchista Trolero y anti-Español, confeccionando un sistema para el aprovisionamiento económico, digamos, distraído. Y con el sistema ya perfectamente engranado y probado, con los koldos, los ábalos, los aldamas, las leires, los cerdanes y los cerdones trabajando a dos carrillos para, por un lado, alimentar de combustible monetario el sistema y, por otro, para buscar aliados con los que ir cercando al constitucionalismo español, y siempre con el "sujétame el cubata" en el vértice operacional de la estructura, el momento de la moción de censura.
- "Oye Pedro, ya lo tenemos. Ya podemos montar la moción de censura".
- "Pero, ¿en qué la fundamentamos?"
- "Pues no sé, en la corrupción mismo".
- "Pero hombre, a ver si nos van a investigar y se descubre lo de la pasta, lo de la cortinilla, lo del sistema".
- "Calla hombre. ¿Qué se va a descubrir? Les vamos a acusar de corrupción sistémica y les vamos a montar una moción de censura que además va a defender José luis".
- "Ja, ja, ja. ¡No hay huevos!".
Y desde ese fatídico momento, así con todo. Con las promesas de no gobernar con el populismo porque así no se podría ni dormir; y no pactar con golpistas y prófugos de la
Justicia; y lo de no hacer descansar la gobernabilidad en partidos que no condenasen el terrorismo; y lo de los indultos nada, de nada. Y lo de la amnistía, "no hay huevos de decir que no se concederá porque sería inconstitucional". Y qué decir de lo de enchufar al hermano en un puesto de trabajo inexistente o que saliera a defenderlo su pareja sentimental. O lo de montar un sistema para forrarse a costa de másteres organizados por la esposa, sin ser siquiera titulada universitaria. Y qué decir de lo de filtrar información personal de la pareja de Díaz Ayuso desde la Fiscalía. O lo de comparar un presunto fallo o trampa a la hora de hacer la declaración de la renta con una infraestructura de corrupción que ejerce de paraguas para todo el partido o, lo que es peor, para todo el gobierno.
Ya en otra categoría queda el montar fiestas de pijamas en el Parador Nacional de Teruel y lo de establecer un sistema para la colocación de las sobrinas más sobresalientes en materia de sábanas en empresas públicas. Y todo bajo el mismo parámetro, con el 'sujetamelcubatismo' como piedra angular de una filosofía de sobresaliente cum laude en la caspa, el cutrerío, el choriceo más vil, alcanzando el nivel más chusco que jamás se ha conocido en la política española.
Y ahora, la penúltima: "No hay huevos de decir que no sabías nada de lo de Santos. Y tampoco los hay de salir ahí maquillado como si fueras el muerto en el entierro, con un traje que conservo de mi abuelo el gordo".
"¿Qué no hay huevos?"…
