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Pablo Planas

Un lazo rojo por el condenado fiscal

Sánchez no se parece en nada a ninguno de los anteriores presidentes. Ni siquiera al desalmado Zapatero.

Pedro Sánchez en Radio 3 | Europa Press

La respuesta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a la condena de su ya exfiscal general del Estado, el infausto Álvaro García Ortiz, demuestra la nefasta catalanización de la política nacional. La misma retórica y el mismo intento de deslegitimar a la justicia de los separatistas es lo que ha mostrado Sánchez frente al Tribunal Supremo. Por si no fuera suficiente, un grupo de personas entre las que se contaba un personaje del siniestro calado del exjuez Garzón se plantó ante el Tribunal Supremo en señal de protesta por el fallo. Las manifestaciones separatistas contra las sentencias a los golpistas trasladadas a Madrid con el PSOE y Sumar como instigadores del acoso a los jueces. Deben estar a punto de promover un lazo como el de los independentistas, pero rojo en vez de amarillo

Pedro Sánchez está en su salsa. Arremeter contra el poder judicial es su forma de gobernar sin pasar por el Congreso. El líder socialista se crece en la adversidad. A sus colegas del Peugeot les va a caer la del pulpo, al fiscal ya le ha caído y en la antesala del banquillo están su hermano y su esposa. Nadie, absolutamente nadie, podría resistir en semejante contexto. Y todo ello mientras sus socios catalanes le recuerdan cada día a quién le debe la presidencia. Pero Sánchez aprieta los dientes y pasa al ataque. Recurrirá al Tribunal Constitucional, donde sus deseos son órdenes, y ocurrirá como con Chaves y Griñán, que se anulará la condena de García Ortiz. Fin del capítulo.

El presidente del Gobierno es un tipo audaz, de los que no hacen prisioneros. En el rincón azul esperan que caiga por su propio peso. No contemplan que ese peso les puede aplastar a ellos y a todos. Sánchez no se parece en nada a ninguno de los anteriores presidentes. Ni siquiera al desalmado Zapatero. Los que le precedieron tenían vagas nociones sobre los límites del poder y las apariencias, pero eso es latín para un Sánchez que viene de declarar en Radio 3 su pretensión de perpetuarse en el poder. Y a tal efecto promueve la polarización y trata de erosionar al poder judicial presentando a García Ortiz como un héroe de la justicia y una víctima del franquismo. Cuanto más grosero más creíble resulta el relato. García Ortiz, pobre hombre. Pues hay gente que ya se ha manifestado por él como si fuera uno de los Jordis del golpe de Estado separatista.

Sánchez está batiendo todos los récords en materia de mierda en los cajones y cambios de opinión. Dos secretarios de organización, imputados. El hermano, imputado. La esposa, imputada cinco veces. Y su fiscal general, condenado y achicharrado en la delirante cacería contra Isabel Díaz Ayuso. Le da igual. Cuanto peor para todos, mejor para él. El prófugo Puigdemont, al que le ha publicado un artículo El País no se sabe si en cumplimiento del pacto de investidura o como anuncio de la operación retorno, parece un demócrata a su lado.

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