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El desastre demográfico de Cataluña

Cuantos más y más inmigrantes acogemos, más y más pobres somos. Son números, no literatura

Cuantos más y más inmigrantes acogemos, más y más pobres somos. Son números, no literatura
Inmigrantes paseando por las calles de Barcelona | Europa Press

Como disponemos todavía de un año entero por delante para poder conmovernos los unos a los otros con buenos sentimientos humanitarios y universalistas propósitos solidarios, dedicaré la columna de hoy a eso que los científicos sociales llamarían "datos duros". Vamos allá, pues. Seguramente sabrá el lector que dentro de la Unión Europea vivimos de modo permanente algo más de cuatrocientos cincuenta millones de personas, ocho millones de las cuales son catalogadas dentro de un grupo específico llamado "catalanes" en las estadísticas. Lo que ya no resulta tan probable que sepa el lector es que tal grupo demográfico particular, el de los mentados catalanes, recibe en su pequeño territorio, el integrado por cuatro minúsculas provincias, al 10% de la inmigración que se dirig**e** a esa Unión Europea habitada por cuatrocientos cincuenta millones (y pico) de almas.

Uno de cada diez, sí. Es una locura, una absoluta locura. Que tal locura resulta necesaria – y hasta imprescindible – para el progreso de la economía, se nos sermonea a todas horas, machaconamente, tanto a diestra como a siniestra. ¿Seguro que la economía local necesita tal flujo interminable de brazos y piernas para funcionar? Volvamos de nuevo a los datos duros, esos de los que siempre huyen las plañideras profesionales. Cataluña, en su tiempo la legendaria fábrica de España, disponía de 5,5 millones de habitantes la madrugada en que el general Franco falleció en su cama. Y aquellos 5,5 millones generaban, ellos solitos, sin ayuda de nadie más, el 20% del PIB español.

Medio siglo después de aquel óbito, Cataluña ha incrementado su censo en un 50%, hasta alcanzar los ocho millones actuales. Bien, ¿y cómo se ha traducido ese aluvión humano en su aportación al PIB? Pues se ha plasmado en que, ahora mismo, resulta que es más pobre, en términos relativos, que el 20 de noviembre de 1975. Antes, Cataluña representaba el 20% nacional; hoy, apenas el 18,8%. Y bajando. Cuantos más y más inmigrantes acogemos, más y más pobres somos. Son números, no literatura. Pero, en fin, sigamos avanzando con paso firme y decidido hacia el desastre.

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