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El Derecho y el revés

En estos 25 años, Rusia ha machacado Chechenia, se ha apoderado de Crimea  e invade Ucrania, mientras amparaba los crímenes sirios y callaba ante los ataques militares turcos.

Es cómico, cachondo, hilarante y chusco asistir al espectáculo plañidero de las izquierdas, y alguna que otra derecha desnortada o contratada, aludiendo al daño que Estados Unidos le ha infligido al Derecho Internacional. No, no hay límites para la impostura, para la desvergüenza, para la cara dura y para la mentira sistemática y mezquina. Su capacidad de deformación, de distorsión, de manipulación es asombrosa pero simulada, sinuosa, amparada en valores y conductas impuestos como superiores.

¿Derecho Internacional? Puede hacerse un recorrido sistemático por todo el siglo XX y lo que va del XXI y deducir cuál es el respeto por el Derecho Internacional que tienen todos estos que ahora se rasgan las vestiduras porque Trump ha decidido apresar a un perseguido por la justicia estadounidense por los delitos de terrorismo y narcotráfico entre muchísimos otros. ¿Derecho internacional en una ONU con el derecho de cinco potencias al veto inmisericorde?

Ha resultado absolutamente hipócrita el discurso de Rusia, la invasora de Ucrania y el Estado que asesina cuando le conviene a disidentes entro y fuera de sus fronteras, acusar a Estados Unidos de "agresión armada" y de violar todas las normas del "derecho internacional" pidiendo la liberación de Maduro y su esposa. Pero, claro, ellos no quieren el petróleo venezolano.

No menos falsaria resulta la postura de China, que se merendó militarmente al Tíbet en 1950 perpetrando matanzas civiles sin cuento y dando paso a un genocidio cultural sistemático aludiendo a la liberación del pueblo tibetano del "feudalismo". Tras la insurrección de 1959, aplastó a todo el que se le opuso y el Dalai Lama tuvo que exiliarse hasta hoy. La condena de la ONU fue un blablablá sin sanciones ni exigencia de su retirada militar. Los chinos tampoco quieren el petróleo de Venezuela, claro.

Produce grima escuchar a un secretario general de la ONU, el socialista portugués Antonio Guterres, apelar a la voluntad del pueblo venezolano para resolver la situación. ¿Y por qué este burócrata se tragó el golpe de estado electoral de Maduro arrogándose una victoria que miles de actas aportadas por la oposición, aceptadas por la propia ONU como elemento probatorio de la ilegalidad gubernamental, desmentían?

¿Derecho Internacional? Una de las cosas meritorias que está haciendo Trump es destapar la tela de araña de la izquierda internacional, que ha ocupado los sillones y puestos relevantes de las instituciones internacionales. Fíjense en el régimen comunista cubano abrazándose al derecho internacional mientras junto con Rusia, China e Irán estaban invadiendo paulatinamente Venezuela y chupando del crudo que ahora dicen que les quiere robar Estados Unidos.

Y ahí tienen a Pedro Sánchez, el socio político de Zapatero, el príncipe de la traidora Delcy, el mismo que escribió, o le firmaron, si se quiere, una infame carta sin respaldo de las Cortes ni de nadie de nuestro país y que se saltó a la torera las resoluciones de la ONU y el derecho a la autodeterminación de los saharauis para bendecir las ambiciones de Marruecos. ¿Defensor ahora del Derecho Internacional?

Si hay algo que sabemos desde hace mucho es que el Derecho Internacional también es un cachondeo.

Depende de la fuerza para matar, someter o sojuzgar a otros que se tenga para que se ajuste o no al Derecho llamado Internacional. Solo en lo que va del siglo XXI, hemos visto que Irak invadió Kuwait, que potencias occidentales invadieron Irak, que se caza y tortura en centros especiales a ciudadanos sin juicio previo (pregúntese por el Helicoide venezolano, por ejemplo) y se cometen atentados de diseño en países como España en 2004 o en USA en 2001.

En estos 25 años, Rusia ha machacado Chechenia, se ha apoderado de Crimea e invade Ucrania, mientras amparaba los crímenes sirios y callaba ante los ataques militares turcos. El exterminio de los kurdos no cesa. Arabia Saudí intervenía en Yemen, se mataba sin miramiento a los rohinyás en Myanmar (la antigua Birmania), se asesinaba por miles a israelitas e Israel respondía crudamente a estos ataques en Gaza.

Relaciono desordenadamente. Acordémonos de Kosovo, de Darfour, del Congo, de Uganda, de Níger y Chad, de las matanzas en Sudáfrica no hace muchos años, de los ataques de los sucesivos Estados o bandas terroristas islámicas, de las ejecuciones extrajudiciales en Filipinas, de las masacres terroristas colombianas y acordémonos de la gran matanza de ETA, protegida de Francia, Venezuela, Argelia (URSS) y otros más durante décadas y bendecida por parte de la Iglesia.

¿Derecho internacional? Sí, debería haberlo. Los pensadores españoles lo propusieron desde hace cinco siglos. Pero en cuanto un poder bastante dispone de oportunidad para pegarle una patada al tablero para que se desmoronen todos los códigos y forzar unos nuevos, lo perpetra. Es lo que la Historia real nos enseña.

Lo que molesta a los cínicos de esta izquierda podrida, pero coordinada internacionalmente, oigan, no es la patada al tablero de la que acusan a Trump, sino el no haber sido ellos los que hayan podido reventar el juego. Un revés. El día que puedan, que Dios nos coja confesados. Y para evitarlo, que nos coja organizados, del Derecho y del revés.

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