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Pablo e Irene: luchar contra el capitalismo desde dentro

Nos guste o no, los símbolos tienen una importancia capital en política y me atrevo a decir que todavía más en la de hoy en día.

Nos guste o no, los símbolos tienen una importancia capital en política y me atrevo a decir que todavía más en la de hoy en día.
Pablo Iglesias e Irene Montero se besan en un acto de campaña electoral. | Europa Press

Chalet en la sierra, colegio privado para las tres criaturitas, trabajos muy bien pagados, empresa propia en el caso de él, viajes a islas paradisíacas con las amiguis, vacaciones de esquí, inversiones en hostelería con unos colegas… los Iglesias – Montero son el prototipo de la pareja madrileña a la que le van muy bien las cosas, un matrimonio de éxito, aparentemente, en todos los ámbitos de la vida.

"El capitalismo mata" decía Irene en la última campaña electoral, pero a ellos la democracia liberal y el capitalismo no es que no los estén matando, es que los están cebando que a este paso se van a comprar una segunda casa en Mar-a-Lago, así tienen más a mano Aspen, que por lo visto allí las pistas son maravillosas y no hay invierno sin sus buenos dos metros de nieve.

Viene esto a cuento, por supuesto, de los maravillosos vídeos en el que la parejita se enfrentaba al último ataque imperialista con la valentía que en ellos es habitual: esa que no te exige exponerte más allá de las redes sociales. Con una puesta en escena pobre y como atropellada, con la urgencia propia de un momento de crisis… y con la cara quemada por el sol de la alta montaña, es decir, con el bronceado típico de una estación de esquí.

No pasa nada: si a Lenin la revolución rusa le pilló en Suiza, por qué no van a estar Pablo e Irene en Baqueira, Formigal o Sierra Nevada en el momento en el que Trump da un golpe tan duro a la robolusión bolivariana, uno no elige dónde lo pillan los acontecimientos históricos y también hay que luchar contra el capitalismo desde dentro, aunque yo no sé si tan de dentro como parecer un capitalista de manual

Bromas aparte, probablemente alguno de ustedes piense que los Iglesias – Montero tienen derecho a esquiar si les gusta, a tener una casa donde les dé la gana y a llevar a sus hijos al colegio que prefieran. Es cierto… pero solo a medias: en esta vida hay que tener cierta coherencia entre lo que haces y lo que dices y, sobre todo si te pasas los días y las semanas dando clases de moralidad, no se puede ir por ahí de representante de la clase trabajadora y ser en realidad el ejemplo perfecto de la burguesía más pudiente.

Y más allá del tema moral, está lo práctico: nos guste o no, los símbolos tienen una importancia capital en política y me atrevo a decir que todavía más en la de hoy en día, cortoplacista a más no poder e infectada por las redes sociales, los vídeos cortos sobre problemas largos y los argumentarios con la complejidad propia de un tuit.

Les guste o no a Iglesias y Montero, esa marca de las gafas y ese bronceado desarman cualquier discurso. Con ese moreno pijo, Pablo, no puedes militar más que en Dior. Parafraseando a Aviador Dro: más que del Che Guevara ya sois del Chevignon.

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