Menú

Las guerras de Trump

Afronta seis guerras simultáneas de cuyo resultado dependerá el futuro del país y de su posición en el mundo, y seguramente el destino de la humanidad

Afronta seis guerras simultáneas de cuyo resultado dependerá el futuro del país y de su posición en el mundo, y seguramente el destino de la humanidad
Mensaje de Donald Trump sobre la anexión de Groenlandia. | EFE

Los europeos tendemos a analizar los hechos mundiales desde la retina del continente que dominó el mundo durante los siglos en los que se conformaron los estados y las relaciones diplomáticas de la actualidad. Por ejemplo, los europeos criticamos la doctrina Monroe nacida para proteger a las democracias norteamericanas de las consecuencias del retorno al absolutismo en Europa que se puso de manifiesto en el Congreso de Viena. Muchos años después otro gran presidente americano, Teddy Roosevelt, reafirmó el cabreo norteamericano cuando los europeos enviamos nuestros buques de combate a Venezuela por el impago de su deuda a los bancos europeos, porque así nos las gastábamos. Unos europeos que no dudaron en montar una guerra en Egipto cuando este nacionalizó el canal de Suez o en tomar el control de China cuando esta quiso cancelar las concesiones a los europeos. En definitiva, que nos quejamos ahora de lo que practicamos durante siglos. Ni que decir tiene que ningún derecho internacional ni humanitario fue respetado por los europeos cuando se afectaron sus intereses.

La política exterior de Donald Trump es mucho más producto de un análisis más sosegado y de los cambios vertiginosos que se han producido a lo largo del siglo XXI que lo que dan a entender sus exabruptos. El gigante norteamericano tiene varios problemas estructurales que amenazan su liderazgo mundial, político, económico y militar. Trump pretende revertir o al menos ralentizar este proceso y para ello necesita ser agresivo porque sus necesidades no pueden ser satisfechas con las herramientas definidas en 1945 cuando el mundo estaba dividido en dos bloques, uno, el nuestro, que poseía o controlaba el 90% de la riqueza, y el otro solo el 10% y cuando el orden internacional fue definido para mantener el status quo. La visión de Trump sobre China es clara: sin restricciones morales, jurídicas, utilizando la fuerza y la corrupción para imponer su modelo en el mundo, Beijing es un competidor imbatible. El mundo de los abogados occidental se rinde al de los ingenieros de China.

En realidad, Donald Trump afronta seis guerras simultáneas de cuyo resultado dependerá el futuro del país y de su posición en el mundo, y seguramente el destino de la humanidad.

La primera guerra, por la actualidad de los acontecimientos, es la petrolera y tiene dos vertientes, asegurar la independencia energética que vendió Obama en 2008 y que ha producido extraordinarios resultados pero insuficientes y con enormes riesgos; y reducir el acceso al petróleo de su principal enemigo estratégico que es China, y es en este aspecto en el que debemos entender las intervenciones en Irán y en Venezuela.

Estados Unidos a pesar de ser el mayor productor del mundo de petróleo, sigue necesitando importar una cantidad solo superada por China. Casi dos tercios del consumo de petróleo de Estados Unidos procede del fracking y de las arenas bituminosas de Canadá y no de los tradicionales pozos de Texas. En 2026, Estados Unidos consumirá 20,61 millones de barriles diarios, un 70% destinado al transporte. Su producción en 2025 alcanzó el récord de 13,61 millones de barriles, lo que significa que importa alrededor de 6.4 a 7 millones de barriles diarios para satisfacer la demanda técnica de sus refinerías, las cuales están diseñadas para procesar crudos más pesados que los producidos internamente y aquí entra en juego el pesado petróleo venezolano. De Canadá importa 4,3 millones de barriles diarios, lo que supone un 60% del total importado; de México el 7%, medio millón de barriles diarios y de Venezuela apenas 250.000 barriles diarios, un 3%.

En Estados Unidos, el petróleo extraído mediante fracking representa el 73% de la producción total, es decir de una producción que rondará los 9,6 a 10,2 millones de barriles por día. Poco importa el daño ecológico del sistema, lo importante es ser independiente a costa de un proceso de erosión monumental y con unos costes que cuadriplican los de Oriente Medio. Son técnicas que implican costosas y permanentes inversiones y sin certidumbre será muy difícil que se consigan los recursos financieros necesarios para mantener el actual nivel de producción que seguramente estará a punto de tocar techo.

Sin embargo, se trata de una fortaleza con grandes debilidades. El precio mínimo de equilibrio necesario para que la producción de petróleo sea rentable oscila entre los 40 y 70 dólares por barril, dependiendo de si se trata de yacimientos existentes o de nuevas inversiones. Pero las perspectivas están en el límite ya que Goldman Sachs prevé que el precio siga bajando hasta promediar los 56 dólares para finales de año, debido a que el crecimiento de la oferta continuará superando la demanda mundial.

Pero la guerra del petróleo no solo se juega en casa. Perjudicar a los enemigos forma parte de este conflicto. China importó un récord en diciembre de 2025 de 13,18 millones de barriles por día. La estructura de suministro de China está liderada por naciones de Oriente Medio y Rusia. Arabia es el máximo exportador con 1,72 millones de barriles día, seguido de Rusia con un millón, una cantidad que continúa descendiendo, a pesar de que su precio subsidiado está muy por debajo de mercado, lo que aventura problemas severos de producción en Rusia. El 80% del petróleo exportado por Irán va a China mientras que el 81% del petróleo venezolano se dirige a China lo que supone casi un millón de barriles diarios. Una involución en estos dos países tiene una víctima muy relevante que es China.

La segunda guerra comienza con el uranio y continúa con los minerales raros. La energía nuclear representa el 19% del total producido en los Estados Unidos, siendo el mayor generador mundial de electricidad nuclear en volumen absoluto, con cerca de 787 TWh, siendo una fuente crucial para la electricidad libre de emisiones, aunque el gas natural es la fuente principal en la matriz energética general. A nivel nacional, el consumo total de uranio en Estados Unidos para 2026 se estima en unas 22.700 toneladas para alimentar su flota de 94 reactores.

Para el año 2026, se estima que la producción minera de uranio en Estados Unidos será de aproximadamente unas 450 toneladas métricas. Históricamente, EE. UU. ha importado cerca del 99% del uranio que utiliza, principalmente de países como Canadá, Australia y Kazajistán.

China es el mayor comprador de uranio del mundo para alimentar su rápida expansión e importa entre 22,000 y 25,000 toneladas métricas de uranio anualmente, que equivale al 75%-80% del uranio que consume. Kazajistán es su socio principal, suministrando más del 50% de sus importaciones a través de contratos a largo plazo con Kazatomprom. China posee participaciones mayoritarias en dos de las minas más grandes de Namibia (Husab y Rössing). Uzbekistán y Canadá completan el resto del suministro.

A fecha de enero de 2026, el mercado global de exportación de tierras raras sigue estando dominado de forma abrumadora por China, aunque otros países han incrementado su cuota en respuesta a las recientes restricciones de exportación impuestas por Beijing. China controla el 70% de la producción minera y el 90% del refinamiento mundial y en 2025 exportó 62.585 toneladas métricas de tierras raras, un aumento del 12,9% respecto al año anterior, alcanzando su nivel más alto en una década a pesar de las crecientes restricciones geopolíticas. Pekín ha implementado controles de exportación sobre elementos pesados y medios, así como sobre imanes, como respuesta a los aranceles de EE. UU.

Myanmar, dictadura militar bajo la órbita de Beijing, se ha consolidado como un exportador crítico, principalmente de tierras raras pesadas. Casi la totalidad de sus exportaciones se dirigen a China para ser procesadas. En 2025, representó cerca del 8% de la producción global. Australia es el tercer exportador mundial por volumen y una alternativa clave para Occidente mientras que Estados Unidos es el segundo mayor productor minero (principalmente a través de la mina Mountain Pass en California). Hasta ahora gran parte de su mineral se exportaba históricamente a China para su refinado. Pero para 2026, la capacidad de procesamiento nacional ha aumentado gracias a subsidios federales, reduciendo su dependencia del refinado chino y posicionándose como un exportador creciente de productos semiprocesados hacia aliados. Otros exportadores emergentes son Malasia que se ha convertido en el segundo mayor exportador hacia China, especializándose en el procesamiento de concentrados, y Vietnam y Brasil que poseen las mayores reservas después de China

A fecha de enero de 2026, varios países poseen reservas masivas de tierras raras que permanecen en gran medida sin explotar debido a desafíos técnicos, ambientales o políticos. Mientras China domina la producción actual, el mapa de las mayores reservas latentes está encabezado por Brasil (21 millones de toneladas). Le sigue Vietnam con reservas de hasta 22 millones de toneladas que desde el uno de enero de este año prohíbe la exportación de mineral bruto, exigiendo que las empresas extranjeras inviertan en plantas de procesamiento locales para desbloquear este potencial estratégico. Rusia posee 10 -12 millones de toneladas con reservas en regiones remotas en Siberia y enfrentadas a sanciones internacionales que complican la inversión necesaria para su explotación masiva. Finalmente India con unas reservas estimadas de 7 millones de toneladas. Cabe señalar otros descubrimientos recientes en Noruega que sugieren la presencia de uno de los depósitos de tierras raras más grandes de Europa continental, aunque su explotación comercial no se espera antes de finales de la década y Turquía que anunció recientemente el descubrimiento de un depósito masivo en Eskisehir que podría posicionarse entre las mayores reservas sin explotar del mundo.

Y efectivamente, Groenlandia posee algunas de las mayores reservas del mundo tanto de uranio como de tierras raras, aunque su extracción enfrenta importantes restricciones legales y logísticas en 2026. En cuanto al uranio, alberga depósitos masivos, destacando el yacimiento de Kvanefjeld (Kuannersuit), considerado el octavo más grande del mundo con unas 270.000 toneladas estimadas. En 2021, el gobierno de Groenlandia reinstauró una prohibición sobre la minería de uranio. Esta ley prohíbe cualquier proyecto minero donde la concentración de uranio supere las 100 partes por millón, lo que ha paralizado proyectos donde el uranio es un subproducto de las tierras raras, un mineral del que Estados Unidos necesita garantizar su suministro. La isla contiene aproximadamente el 10% de las reservas mundiales de tierras raras, estimadas en unos 36 millones de toneladas (de las cuales 1.5 millones son reservas probadas y económicamente viables en 2026). Es rica en minerales críticos como neodimio, praseodimio, terbio y disprosio, esenciales para imanes de vehículos eléctricos y turbinas eólicas. Además de los mencionados, el subsuelo groenlandés contiene 25 de los 34 minerales considerados críticos por la Unión Europea.

La tercera guerra es la moral. Los Estados Unidos son el país con mayor multiculturalidad del mundo lo que ha conducido históricamente a un esfuerzo intenso de reafirmación de la nación para conseguir la unidad que necesita una gran potencia. La reafirmación constante de los símbolos como la bandera o el himno o la biblia solo se explica por el miedo a la desaparición de esa unidad creada por los padres fundadores. El debate público más intenso dentro del país es sin duda la cuestión moral o religiosa y sus influencias en políticas como la migratoria, familiar, aborto o libertad sexual. Hasta finales del siglo pasado, la doctrina religiosa predominante era la calvinista que mantiene que el trabajo duro y la prosperidad económica son señales de virtud moral, lo que impulsa un sistema económico altamente competitivo y una cultura del "hombre hecho a sí mismo", donde el éxito personal se percibe como una responsabilidad individual y no solo como una cuestión de suerte o privilegios. Este concepto religioso que está en la base de la nación se ve amenazado por la inmigración católica y el auge de movimientos progresistas.

La aparición del Tea Party a comienzos de siglo constituye el esfuerzo republicano por regresar a los valores y principios fundacionales, por la utilización de una visión política conservadora de la religión para imponer una cultura predominante de nación blanca y protestante. Este testigo ha sido recogido por Trump para atraer a todo el enorme movimiento conservador norteamericano.

La influencia protestante, especialmente la de las ramas evangélicas, sigue siendo un motor electoral decisivo. El voto evangélico sigue siendo un bloque sólido que prioriza temas como la libertad religiosa, el nombramiento de jueces conservadores y políticas de apoyo a la familia tradicional. Es común que los líderes políticos republicanos principalmente utilicen retórica religiosa (como el término "una nación bajo Dios") para apelar a un destino manifiesto o una misión excepcional de EE. UU. en el mundo.

De igual manera que James Monroe hizo en 1823, los gobiernos republicanos se han afanado en proteger a la nación de los valores degradados morales y religiosos que se han expandido por Europa, a la que lejos de ver como un aliado, ven como una amenaza en su guerra moral. La amenaza nacida en los estados más progresistas como el noreste del país y California en los años setenta está siendo contrarrestada con una política que regresa a los valores raciales, religiosos y morales más rancios, propios de los años cincuenta. Es a esta América a la que se refiere Trump con hacer grande otra vez.

La política migratoria, la acción del ICE, el regreso de la religión a la vida cotidiana, a menudo impuesta a la fuerza, están íntimamente relacionadas con esta cuestión moral. La inmigración de América Latina es muy religiosa pero muy lejana a la doctrina calvinista convirtiéndose en una amenaza a su modo de vida americano. La cruzada contra el colectivo LGTBIQ es una parte fundamental de este proyecto de reingeniería social y moral emprendida por este gobierno que encuentra un suelo electoral muy relevante, en especial en los estados del interior del país de ideología más conservadora. Esta guerra moral convierte a los oponentes políticos en enemigos acérrimos, ya que actúan contra Dios, de manera que no se trata de llegar a consensos sino de imponer un modo de vida sobre el otro, y en esta sagrada batalla, la descalificación, el insulto, la amenaza, la violencia o el uso fraudulento de los valores constitucionales son armas indispensables para la victoria.

La guerra por el liderazgo militar. Durante este año, Trump ha lanzado serios mensajes sobre su preocupación por la gestión de los recursos militares. Disponer de unas fuerzas armadas afines requería librar la guerra moral en su interior para asegurar una fidelidad si llega el caso de que la guerra política o moral fuera más allá de la dialéctica, o cuando sea necesario actuar por encima de la Constitución.

El presidente anunció recientemente que el presupuesto de defensa alcanzaría el billón y medio de dólares, un 50% más que en la actualidad, y es que esta la cifra que necesita para poder competir con el auge chino. Finalmente la semana pasada lanzaba una amenaza a la industria de defensa que es incapaz de ajustar sus costes, acelerar sus pazos de entrega y de innovar a la velocidad que lo hacen sus enemigos de Beijing.

Los datos más recientes muestran que la superioridad militar china es cuestión de relativamente poco tiempo. Un régimen comunista con sueldos militares bajos y con una industria y una ciencia militarizadas son una competencia demasiado dura para los acomodados militares, científicos y contratistas norteamericanos.

China continúa liderando el mundo en volumen de construcción naval. Durante 2025 entregó 10 buques principales de combate de superficie y submarinos, y en este año 2026 el portaaviones Fujian (Tipo 003), tiene su entrada formal en servicio. La industria naval estadounidense, limitada por cuellos de botella en la cadena de suministro, entregó apenas seis buques principales en 2025.

En 2025, tanto Estados Unidos como China alcanzaron niveles de producción y entrega de aviones de combate que reflejan una intensa carrera por la superioridad aérea, con Estados Unidos superando récords de entrega gracias a la resolución de problemas técnicos previos y China estabilizando una producción masiva de cazas de quinta generación.

La industria estadounidense, liderada por Lockheed Martin y Boeing, entregó un volumen significativo de aeronaves en 2025. Del F-35 Lightning II se entregó una cifra récord de 191 unidades en 2025. Boeing entregó 127 aeronaves militares adicionales, entre aviones y helicópteros.

Aunque China no publica cifras oficiales exactas de entregas, analistas de inteligencia y defensa estiman un volumen total de unos 250 aviones de combate para 2025. En 2026, se espera que China supere la producción anual de Estados Unidos, si Lockheed Martin estabiliza su producción de F-35 tras agotar el inventario acumulado y que al final de la década haya paridad de aviones de quinta generación entre los dos países.

En 2025, el espacio se consolidó como el dominio militar de mayor crecimiento. Aunque las cifras exactas de satélites estrictamente "militares" son a menudo clasificadas, los datos de lanzamientos de seguridad nacional y defensa muestran una actividad sin precedentes.

Estados Unidos lanzó aproximadamente 110 a 130 satélites militares y de seguridad nacional en 2025. China lanzó aproximadamente 90 satélites militares en 2025, manteniendo su ritmo de casi un lanzamiento semanal para defensa. En términos de masa total puesta en órbita, Estados Unidos mantuvo una ventaja de casi 3 a 1 en 2025, gracias a la reutilización y frecuencia de los cohetes Falcon 9, aunque China está realizando cuantiosas inversiones para equipararse a los americanos para 2030.

Para el año 2025, la producción y entrega de misiles de largo alcance (tanto estratégicos/nucleares como convencionales de precisión) ha sido la prioridad número uno para ambas potencias. Aunque los datos exactos son secretos, los presupuestos de defensa y los informes de inteligencia de principios de 2026 permiten establecer las siguientes cifras: China posee la capacidad de producción de misiles más grande y diversa del planeta. En 2025, se estima que entregó 900 misiles de largo alcance (considerando rangos superiores a 1,000 km). Tras décadas enfocados en conflictos regionales, EE. UU. ha acelerado drásticamente su producción en 2025 para contrarrestar la ventaja numérica china entregando entre 450 y 550 misiles de largo alcance entre Precision Strike Missile (PrSM) y misiles Tomahawk.

El liderazgo económico es otra guerra que está librando Trump y cuyo principal enemigo visible es el presidente de la Reserva Federal de ahí que todo valga para sacarlo del mapa y las reticencias de las grandes corporaciones a repatriar la producción de componentes tecnológicos que condicionan la independencia estratégica y el liderazgo económico.

El poder económico norteamericano se ha basado en una moneda fuerte que sostenía sus debilidades macroeconómicas, en la explotación de sus recursos naturales, en una potente industria de consumo por haber liderado las últimas dos grandes revoluciones industriales y tecnológicas, la de internet y en la actualidad la de la IA.

Pero muchas de estas fortalezas se han venido debilitando. Las políticas de Trump y sus batallas ha llevado en un año a que el Dólar se haya devaluado frente al Euro de 1,02 a 1,16, y esta debilidad facilita las exportaciones pero socava un pilar fundamental de una economía que este año necesitará casi dos billones de dólares de financiación, más que el PIB español. Solo en diciembre de 2025 se alcanzó un récord histórico de déficit de 145.000 millones de dólares, una financiación que exige de una alta dosis de confianza en el sistema político y económico de los Estados Unidos. La gran medida estrella de Trump, los aranceles han generado unos ingresos aduaneros en el último trimestre de 90.000 millones frente a los 20.800 millones del año anterior. Es decir que los aranceles lejos de ser pagados por los países, han sido asumidos como un impuesto adicional por las empresas y ciudadanos de Estados Unidos, lo que sin duda lastra la capacidad de consumo y de inversión y presiona los precios al alza.

Se estima que el PIB crecerá un 2,2% en 2026, pero los datos de inflación seguirán estando por encima del 2,4% mientras que la creación de empleo alcanzó mínimos de 2025, con solo medio millón de puestos de trabajo creados en 2025, la mitad que el año anterior y la cuarta parte que dos años antes. Una tasa de paro del 4% y las restricciones a la inmigración afectarán notablemente al crecimiento en los próximos años del empleo y presionarán los salarios al alza lo que inducirá más inflación y un mayor coste de un endeudamiento público que ya alcanzó el 122% del PIB. El déficit comercial se mantiene en cifras similares ya que el mayor coste de las importaciones han compensado el incremento de las exportaciones, especialmente de gas.

Estados Unidos está experimentando un auge masivo en la importación de hardware para inteligencia artificial, lo que ha convertido estos componentes en una parte récord de su comercio exterior en 2025. El valor de las importaciones de máquinas de procesamiento automático se disparó en 2025 alcanzando los 125,8 mil millones de dólares solo en los primeros siete meses del año, lo que representa un aumento del 69% respecto al mismo período de 2024.

Estados Unidos depende en gran medida de proveedores extranjeros, particularmente de Asia, para el hardware de IA más avanzado. Los principales países de los que EE. UU. importa hardware para IA son: México alcanzando los 45,9 mil millones de dólares hasta julio y Taiwán que es un socio crítico cuyas exportaciones a Estados Unidos se duplicaron con creces en 2025. La estrategia de EE. UU. en 2026 es incentivar la inversión y la fabricación de chips dentro del país, como los planes de inversión de TSMC, y diversificar aún más la cadena de suministro global.

Todas estas guerras y el impacto global que están generando no podrían comprenderse sin la última guerra, la de Trump contra la humanidad o contra sí mismo según se vea. Shakespeare es considerado el mejor dramaturgo de la historia por sus personajes que reflejan como nadie las virtudes y los defectos humanos, especialmente de aquellos que detentan más poder. Como han descrito muchos expertos, Trump es una mezcla de las palabras azucaradas o vacías que pronunciaba Ricardo III para endulzar lo agrio y dispuesto a despreciar las normas éticas para mantenerse en el poder; del viejo narcisista adicto a los halagos del Rey Lear que demandaba con fruición lealtad absoluta y finalmente el general Coriolano que poseía un inmenso orgullo que le llevaba a despreciar a las masas y que no soportaba cualquier muestra de burla o falta de respeto reaccionando con una ira indescriptible.

Seguramente Trump no tendrá tiempo para ver la derrota de todas estas guerras, pero todos sus pasos van en la dirección contraria de lo que los intereses de Estados Unidos aconsejan, porque en el conflicto patológico entre la realidad y Trump, este siempre querrá salir vencedor, y por eso ha impuesto el poder de lo grotesco, porque es en ese campo donde se siente seguro y ganador, y no aceptará ninguna derrota, porque entonces no reparará en la violencia o en la presión hasta conseguir sus objetivos y este es el verdadero peligro, que en la guerra del mundo contra Trump, este pretende salir vencedor.

Temas

En Defensa

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj