Ocurrencias y ocultaciones del negligente ministro de Transportes
Sólo por afirmar que los muros de contención "nada tiene que ver con el servicio ferroviario" sería razón más que suficiente para pedir su dimisión
Vaya por delante que el ministro de transportes, Oscar Puente, ha continuado este miércoles con el mantra que denunciábamos ayer según el cual "hablar de causas del descarrilamiento (de trenes en Adamuz) es poco respetuoso con las víctimas" Sin embargo, eso no ha sido óbice para que este mismo miércoles el ministro haya afirmado que el descarrilamiento del tren de cercanías que se ha producido en Gelida (Barcelona), casi 48 horas después del de Adamuz y en el que ha muerto el maquinista y en el que han resultado heridos graves cuatro personas, "nada tiene que ver con el servicio ferroviario" sino con "cuestiones meteorológicas".
Por mucho que el ministro tenga la desvergüenza de apuntar veladamente al "cambio climático" como causante del siniestro, tal y como más abiertamente han hecho sus voceros mediáticos que incluso han recurrido a Franco, lo cierto es que los muros de contención como el que se derrumbó e impactó directamente en el tren de Rodalies forman parte esencial de toda infraestructura ferroviaria. Un muro de contención en buen estado debe cumplir su función por muy torrencialmente que llueva; y atreverse a afirmar que estos muros que protegen el paso de los trenes "nada tiene que ver con el servicio ferroviario" sería razón más que suficiente para pedir su dimisión sino fuera porque este incompetente ministro de transportes ya tendría que haber dimitido tras convertir el viajar en tren en una actividad de alto riesgo en lo que, sólo hasta la fecha, a puntualidad y parones se refiere.
Eso, insistimos, hasta la fecha. Porque mientras el ministro no quiere oir ni hablar del mal estado de las vías ni de la falta de inversión como causantes del descarrilamiento de Aldamuz, lo cierto es que todas las investigaciones apuntan a ello así como el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF), que no sólo ha convocado una huelga general en el sector como respuesta inmediata a la grave crisis de seguridad que atraviesa la red ferroviaria, sino que ha destacado su intención de perseguir penalmente las negligencias en el mantenimiento y gestión de las vías.
No menos bochornoso y caótico ha sido el espectáculo ofrecido por el ministro y por Adif con sus bandazos a la hora de imponer, levantar y volver a imponer, en menos de 24 horas, limitaciones de velocidad en el tramo comprendido entre Madrid y Zaragoza de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona. Encima tienen la desfachatez de culpar de estos bandazos, no al mal estado de la red en ese tramo, sino a los maquinistas que lo denuncian.
Y es que la estrategia del Gobierno está ya clara: Tachar de "bulo" toda información que apunte a la responsabilidad del gobierno en los siniestros ferroviarios; no presentar dimisión alguna por los mismos y dejar indefinidamente abiertas todas las hipótesis respecto a la cuestión de la causa del accidente para que quede en una olvidadiza nebulosa tal y como se hizo con el bochornoso y tercermundista apagón eléctrico que padeció toda España el 28 de abril del año pasado. Y si no, al tiempo.
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