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Caso Filmin: odio separatista ciego e imbécil

A los independentistas les hace bola recordar todo esto porque quedan retratados como unos auténticos tarados y unos energúmenos de manual

A los independentistas les hace bola recordar todo esto porque quedan retratados como unos auténticos tarados y unos energúmenos de manual
Cuenta de X de @JaumeRV

El odio separatista catalán es tan ciego como imbécil porque no de otro modo se puede explicar la campaña de boicot contra la plataforma de "streaming" Filmin, que ha cometido el delito de incluir en su catálogo temporal "Ícaro, la semana en llamas", un documental firmado por Susana de Alonso y Elena García Cedillo que narra la experiencia de los agentes de la Policía Nacional encargados de contener la violencia separatista desatada tras la sentencia del 1-O.

A los referentes independentistas les priva marcar comercios, señalar profesionales e instar al boicot a empresas y particulares. Es una de sus actividades favoritas, su manera de entender la democracia republicana, el ejercicio de la ciudadanía y la cumbre del civismo bien entendido. Ciudadanos, en aquel bar y en esa heladería no saben que "maduixa" es fresa en catalán. Compañeros, en tal hospital hay una enfermera que no habla catalán o un médico que responde en español. Vecinos, en esa escuela hay una familia que ha pedido clases de castellano. Y ahí que van, todos a una, impasible el ademán, con fanática marcialidad de camisas amarillas en contra del invasor, el colono, el ñordo, el charnego, el español.

Este verano la tomaron contra una heladería, médicos y enfermeras están siempre en su punto de mira, tampoco tienen miramientos con las familias y ahora están en temporada de caza mayor. La presa se llama Filmin, plataforma española de cine y series bajo demanda. La excusa, que el documental sobre el terrorismo callejero separatista tras la sentencia del golpe de Estado se pueda ver en dicha plataforma hasta el 31 de enero.

En el plano humano, la "semana en llamas" de octubre de 2019 se saldó con dos agentes de la Policía Nacional que estuvieron a punto de morir y que padecen gravísimas secuelas de por vida. No dejaron la vida en el asfalto de Barcelona de milagro. Toda esa gente de paz que no había tirado ni un papel al suelo durante todos los años del "Procés", ese pacífico rebaño de la revolución de las sonrisas, de las canciones de Lluís Llach, de las arengas de Guardiola y del corro de la patata resulta que se desempeñaba con una violencia que superaba con creces los episodios más salvajes de la "kale borroka". Puro terrorismo callejero.

Convocados por el "Tsunami Democràtic" (un invento de las fuerzas vivas del catalanismo para organizar los disturbios) miles de resentidos, fracasados, imbéciles y delincuentes convenientemente azuzados por los partidos separatistas y las instituciones que controlaban asaltaron el Aeropuerto de Barcelona y trataron de tomar la sede de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona.

Doce líderes golpistas acababan de ser condenados a penas de entre nueve y trece años de cárcel por la asonada de octubre del 17. Cumplieron poco más de tres años de cárcel gozando de toda clase de privilegios, visitas ilimitadas, permisos anticipados en un régimen penitenciario de alto standing. Pero en aquel momento la perspectiva de cinco, seis o siete años de trena se les hizo insoportable. Total, que lo volvieron a intentar. Los mismos elementos, resortes y medios que habían dado el golpe del 17 activaron una movilización social con la que se pretendía prender las brasas del 1-O y la declaración de independencia.

Habrá quien crea que todo esto es una exageración, pero el entonces y todavía presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó a los policías heridos en Barcelona acompañado de guardaespaldas provistos de maletines desplegables antibalas.

A los independentistas les hace bola recordar todo esto porque quedan retratados como unos auténticos tarados y unos energúmenos de manual. A Sánchez y a los socialistas tampoco les gusta porque ahora mismo dependen de Puigdemont y Junqueras, dos irresponsables que han actualizado el sentido del término.

En cuanto a Filmin, uno de sus fundadores y responsables, Jaume Ripoll, no sabe ya cómo pedir perdón y mostrar arrepentimiento ante el acoso separata de medios, partidos y entidades. Dice que si hubiera visto el documental no lo habría incluido en su catálogo temporal, que si no lo retira antes de tiempo es porque ha firmado un contrato, que no ha hecho promoción alguna del producto, que no está de acuerdo con su contenido, que le parece un documental malo, feo y facha. Y que pide de nuevo perdón por si al decir todo eso está animando a la gente a verlo aunque muchos clientes separatistas se están dando de baja de su plataforma.

A ellos se dirige cuando explica que Filmin es la plataforma con más contenido en catalán, original, doblado o subtitulado. El hombre está desolado. Intentan buscarle la ruina porque se le ha colado un documental que cuestiona la memoria oficial del proceso separatista, que muestra a los cívicos, pacíficos y festivos independentistas como unos cafres de cuidado. Y eso no se puede tolerar. Estrepitoso fallo de la censura. Vaya Cataluña bonita les está quedando tras el "Procés".

Por cierto, el documental tiene un enorme valor etnográfico, contiene imágenes y testimonios inéditos de los policías que se encontraron frente a frente con lo más granado de la basura humana excretada por el separatismo. Una pieza fundamental para entender lo que fue aquello y un material clave sobre el fracaso de aquel intento de reactivar el golpe separatista. Clique aquí para ver un tráiler

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