
Si el presidente español quiere ser conocido en la escena internacional, lo está consiguiendo. La regularización masiva de inmigrantes por decreto, sin pasar por el parlamento, dio la vuelta al mundo, junto al vídeo de Irene Montero proclamando su deseo de reemplazar a la población "facha y racista" por una población de gente "china, negra, marrona", a la que quiere darle el voto cuanto antes. Cree esta mujer, que vive en un chalet en Galapagar, que los inmigrantes van a votar por personajes como ella. Quedó atónito medio mundo y preocupado por la salud mental de la podemita el otro medio, pero después Sánchez fue a por más. En la World Government Summit de Dubai anunció cinco medidas para censurar las redes sociales, vigilarlas en busca de "odio y polarización", ¡quién fue a hablar!, hacer responsables de las infracciones a las plataformas y perseguir al pobre Grok, que ya se está autocensurando mucho, si se propasa. Cinco medidas que los medios españoles que oscilan entre la autocensura, la sumisión y la propaganda, redujeron a una, la de prohibir el acceso a las redes a los menores. No se pregunte cómo.
En este panorama turbio, apareció Elon Musk y quedó el escenario completo. El guiñol de la feria. De un lado, el presidente progresista que ama a la humanidad, y no está pendiente de Marte como el otro, y quiere proteger a la infancia de los abusos de las plataformas. Del otro, el villano multimillonario, doblemente infame por eso, que insulta al bienhechor llamándole tirano, traidor al pueblo de España y totalitario fascista. Y eso que Musk no lleva la cuenta de todo lo que ha hecho Sánchez sin preguntar al pueblo y sin pasar por el parlamento. Esa es una cuenta que no llevamos ni aquí, porque es complicada y nos perdemos, hay demasiadas estaciones en el trayecto, las vías están hechas un desastre y los trenes se accidentan. Pero mejor una pelea en redes con Musk que rendir cuentas del estado de las infraestructuras. Mejor hablar de los abusos de las plataformas digitales que hablar de los abusos del Gobierno. Mejor hacerse pasar por protectores cuando el objetivo es controlar a la opinión pública. Los menores son el señuelo, el cebo, y ya se ha visto cuantos pican.
Sánchez pone el foco en la gobernanza digital, dice Moncloa, campanuda. Será que la "gobernanza digital" es la única en la que puede meterse, cuando tiene incapacitado a su Gobierno en España. Pero hay que ver dónde, en qué lugar, con qué escenografía puso el hombre el foco. La cumbre de Dubai estaba llena de demócratas de lo más selecto, como se puede uno imaginar. En la audiencia había pleno de censores, de represores, de expertos en ese tipo de gobernanzas, digitales y no digitales. Era el ambiente adecuado para que se interpretara lo de Sánchez como lo que es: una fatwa contra unos falsos enemigos que encubre una voluntad de censura general, rencorosa y mezquina. Rencorosa, sí, porque pone en la diana a las plataformas digitales, como antes a los "seudomedios", para culparlas de que se hable mal del Gobierno, se le critique, se le abuchee y se le saquen escándalos. Como la propaganda hay que hacerla para que la entienda el último de la clase, tiene que haber personajes y monigotes, y ponen a Musk con cuernos y rabo para encarnar a la internacional ultra ésa que denigra al virtuoso Sánchez. En España no se está cerrando el círculo, sino la mente. Lo único que se abre aquí son las fronteras.
