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Embeleso del alma

Seguro que el Presidente de los Estados Unidos de América escucha a su esposa y le consulta, entre otros motivos, porque Melania tiene un sentido práctico de la existencia.

Seguro que el Presidente de los Estados Unidos de América escucha a su esposa y le consulta, entre otros motivos, porque Melania tiene un sentido práctico de la existencia.
Gtres

Oír cantar las sirenas no es disfrute menor. ¡Ya pueden cantar las sirenas! Yo no les hago caso, pero es bonito oírlas cantar. Que le digan a uno "vente a ver esa película", Melania, "que creo que es estupenda". Y contestar: "No, no, ¿sabes?, prefiero ir al museo, o leer un libro de obstetricia". Y los amigos que hacen de sirenas nos miran consternados y se van. De pronto aparece una amiga, que vuelve a hacer de sirena, y con el mismo tono que las anteriores, aunque con entusiasmo y brillo en los ojos, nos invita al cine para ver Melania. Vuelvo otra vez a resistirme al nuevo canto de sirena, pero al rato, lo confieso públicamente, he decidido ir al cine. Melania es tan guapa y atractiva que nadie puede resistirse. Iré al cine. Para nada me ataré al mástil de quienes denigran la cinta sin haberla visto, y menos me taparé los oídos para no escuchar los comentarios de personas, miles y miles de espectadores, que ya pasaron por las salas para aliviar sus espíritus, o sea, para admirar la belleza de la señora.

Éxtasis de amor, embeleso de alma, desprende Melania a quien la admira con sentido kantiano: el ser humano es siempre un fin y nunca jamás un medio. Sucumbiré, definitivamente, al canto de las sirenas. Y, cuando vea la peli, ya les contaré mi impresión. De momento, me sobra con haber leído su libro, publicado en 2024, una sincera autobiografía. Mi conclusión de esa obra es clara y distinta: Melania es lo que aparece. No aparenta. Es una mujer sencilla. Una genuina ama de casa. Y, sobre todo, es una mujer eslava: su belleza física parece corresponder con la interior. Ser eslava y, a la vez, bella por fuera, sí, es lo más normal del mundo (no ironizo); lo difícil es ser eslava y bella por dentro. En el caso de Melania la belleza física coincide con la espiritual. Eslava, discreta y, por encima de todo, cuida el hogar como centro reparador de todas las inquietudes y tensiones surgidas en el ámbito público. Para ella la casa no es sólo un lugar, me dice mi amigo hispano-ruso, sino una categoría. Aquello que nos eleva de nivel. ¿Cómo no la va a escuchar Trump?

Seguro que el Presidente de los Estados Unidos de América escucha a su esposa y le consulta, entre otros motivos, porque Melania tiene un sentido práctico de la existencia. Y, además, es muy católica; de riguroso luto y mantilla negra apareció ante el féretro del Pontífice Francisco en la explanada de San Pedro. Miles de periódicos de todo el mundo abrieron sus portadas con esa fotografía. Sí, Melania es un brillante. Y el brillante brilla. Otra cosa es que haya personas que no quieran verlo y se obstinen en mirar para otro lado. Les asusta el brillo. Prefieren arrastrarse por la oscuridad. Quienes sólo se interesan por los objetos, única y exclusivamente por los objetos, en verdad, son los creadores de un imperativo categórico opuesto al kantiano: el hombre es sólo un medio para su caza y rapiña de los objetos. Esos son los que ven a Melania como un medio. Un objeto más… Se obstinan en decir que Trump también se equivocó en la elección de su esposa. Falso. Trump ha elegido bien, muy bien, mientras sus críticos se mueren de envidia. Les consume, al fin, las ofensas del alma, aunque ellos casi siempre se guíen por razones meramente materiales.

Porque los críticos de Trump desprecian los libros, la música, la belleza de la naturaleza, el amor, la ternura de una madre, ven a Melania como una cosa. ¡Pobres! Jamás entenderán la mediación de esta mujer para entregar a miles de niños ucranianos a sus familias. Porque es, sencillamente, una mujer defensora del hogar, escribió a Putin pidiéndole que devolviese esos niños a sus familias de origen. Y lo consiguió. Zelenski reconoció que "Melania había intervenido en una de las cuestiones más dolorosas de esta guerra: el secuestro de niños ucranianos por Rusia". Es cierto que hubo protestas de la Corte Penal Internacional, en 2023, que emitió órdenes de arresto contra Putin y su comisionada para los derechos de la infancia, Maria Lvova-Belova, por deportación ilegal de menores. Pero fue Melania, ella sola, quien logró, según cálculos de Ucrania, que cerca de 1.500 menores de edad fueran devueltos a sus hogares, aunque naturalmente seguía acusando a Rusia de haber desplazado a decenas de miles más. Putin cedió a la carta de Melania: "En la protección de la inocencia de estos niños, hará más que servir a Rusia: servirá a la humanidad (…). Cada niño sueña con amor, posibilidades y seguridad frente al peligro. Señor Putin, usted puede devolverles su risa melodiosa".

También por esa carta y, naturalmente, por ese logro, algo más que un canto de sirenas, iré a ver la peli de Melania.

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