Colabora
Santiago Navajas

Pasapalabra pero no pasahacienda

Rosa Rodríguez es el ejemplo de aquello sobre la que advertía Kant, la sumisión a un Estado fiscal autoritario.

Rosa-Rodríguez-Pasapalabra-050226 | Atresmedia

La flagrante injusticia del sistema fiscal español tiene un caso paradigmático con Rosa Rodríguez, ganadora de 2.716.000 euros en Pasapalabra, quien, tras 307 programas de esfuerzo, verá confiscado casi el cincuenta por ciento de su premio (1.260.202 euros) por un sistema tributario que convierte un golpe de suerte en servidumbre fiscal vitalicia.

La brutal desproporción de un Estado que se apropia de casi la mitad del fruto del esfuerzo ajeno, aplicando tipos marginales diseñados para rentas recurrentes de grandes fortunas a eventos puntuales de ciudadanos comunes, perpetúa una moderna forma de servidumbre voluntaria donde el contribuyente acepta mansamente su expolio por falta de alternativas. La felicidad de Rosa Rodríguez ante su apropiación fiscal es una forma de síndrome de Estocolmo ante la voracidad fiscal de un Estado en cuya comparación el Leviatán de Hobbes es un pececillo de acuario.

En el siglo XVI, Étienne de La Boétie escribió su célebre Discurso de la servidumbre voluntaria, preguntándose cómo es posible que millones de personas se sometan voluntariamente al poder de unos pocos. Su respuesta fue que es una combinación de costumbre, educación y ausencia de alternativas visibles.

Rosa Rodríguez encarna perfectamente esta servidumbre moderna, ya que acepta sin rechistar que le confisquen 1.260.202 euros; no protesta públicamente por el expolio fiscal, agradece poder quedarse con "solo" 1.455.798 euros y normaliza que el Estado se lleve casi la mitad de su premio.

Esta es la servidumbre fiscal del siglo XXI: tan naturalizada que la víctima no solo no se rebela, sino que agradece el resto del botín que le dejan. Como siervos feudales o víctimas de la extorsión mafiosa, pero en pleno siglo XXI y respaldados por la ley. No le falta razón a Vito Corleone cuando señalaba que para mafiosos de verdad, los políticos. Pero como advertía Kant, a pesar de pagar religiosamente los impuestos, «no actuará en contra del deber de un ciudadano si, como docto, manifiesta públicamente sus ideas acerca de la inconveniencia o injusticia de tales impuestos.»

En el caso del concurso televisivo, hubiese sido más preciso, informativo y honesto titular "El Estado confisca 1,26 millones a Rosa, ganadora de Pasapalabra" que "Rosa se lleva 1,4 millones tras ganar Pasapalabra". Evidentemente, nadie cuestiona la necesidad de financiar servicios públicos, pero sí la proporcionalidad y el método, por no hablar de la gestión de los impuestos en manos de partidos abocados a la corrupción, al nepotismo y la ineficiencia.

Una alternativa liberal, que cumple tanto con la justicia individual como con la social, pasaría por plantear una imputación temporal escalonada de premios extraordinarios, de modo que los contribuyentes que obtengan premios de concursos televisivos, loterías, apuestas o cualquier otro evento extraordinario puntual que supere los 300.000 euros podrán optar por imputar dicho ingreso de forma escalonada en un período de 10, 20, 30 o 40 años naturales. O, todavía mejor, que España dejase de ser uno de los 3 países más confiscatorios de Europa en esta materia. Rosa hubiera pagado muchísimo menos en Portugal, Reino Unido, Alemania o Francia.

Rosa Rodríguez es el ejemplo de aquello sobre la que advertía Kant, la sumisión a un Estado fiscal autoritario representado en una ministra de Hacienda que no solo diseña un sistema fiscal confiscatorio, sino que lo celebra públicamente como virtud moral, desactivando cualquier debate sobre proporcionalidad y justicia y grita: "¡Nada de razonamientos!, ¡a pagar!". Pero, contra los Montoro y las Montero, atrévamonos a pensar un sistema fiscal eficiente y justo, lo contrario de lo que es en la actualidad: un agujero negro al que nos empujan y, encima, nos piden que les demos las gracias.

Temas

Ver los comentarios Ocultar los comentarios

Portada

Suscríbete a nuestro boletín diario