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Elogio sanchista y crítica moral de una ruleta rusa que conecta los polos

El yerno de Sabiniano calcó el papel que interpretó el pasado mayo, cuando el apagón. Qué pensará de todo esto Liliana Saénz de la Torre.

El yerno de Sabiniano calcó el papel que interpretó el pasado mayo, cuando el apagón. Qué pensará de todo esto Liliana Saénz de la Torre.
Pedro Sánchez ha comparecido este miércoles en el Congreso para hablar sobre la crisis ferroviaria tras los accidentes de Adamuz (Córdoba) y Gélida. | EFE

Compareció Sánchez en el Congreso este miércoles, bajo lluvia, para informar sobre las tragedias ferroviarias de Adamuz y Gélida, esas que se saldaron con 47 muertos, y para desmentir al bardo de Avon, quien, por boca de Macbeth, afirmó que "es menor un peligro real que un horror imaginario". El presidente del Gobierno, mientras flotaba en bruma y aire espeso, sin el llanto fermentado, fingióse compungido durante unos minutos y, durante poco más de media hora, alabó el sistema ferroviario español, "uno de los mejores del mundo": "Si pusiéramos nuestras vías en línea recta, se podría cubrir la distancia entre el Polo Norte y el Polo Sur". ¿Acaso hay mayor ruleta rusa?

El yerno de Sabiniano, el de las saunas, calcó el papel que interpretó el pasado mayo, cuando el apagón, si bien se ahorró la indecencia de comparar la cifra de fallecidos en los accidentes con las supuestas 8.000 vidas "que se pierden cada año en España como consecuencia del cambio climático". En su arranque, Sánchez destiló sentimentalismo y compromiso de cartón piedra: "El Estado en su conjunto (…) está haciendo todo lo que está en nuestra mano para acompañarlas, ayudarlas, establecer las causas del accidente y, si fuera necesario y procedente, hacer justicia". A las 9:07, el desterrado Ortega Smith subía las escaleras rumbo a Mordor, ubicándose en las antípodas parlamentarias de Abascal.

Seguía Sánchez ciscándose en los bulos, defendiendo la renovación de vía –"se ha llevado a cabo conforme a los más altos estándares de calidad por empresas punteras a nivel mundial, y ha superado todas las inspecciones técnicas"– y cantando las virtudes de un sistema ferroviario que "no es perfecto, eso es evidente", pero que "es uno de los mejores del mundo", "es seguro", y con el que el Gobierno se ha rascado el bolsillo "un 26% más que la anterior administración del PP". A las 9:33, el jefe del Ejecutivo concluyó su chapa y fue agasajado con un aplauso servil de la bancada socialista y de los miembros del Gobierno, sumandos incluidos.

Feijóo pronunció un discurso de médula moral impecable. Contundente, grave, preciso, el líder de la oposición comenzó su parlamento por lo obvio: "Les debemos –a las víctimas– respeto, y usted, señor presidente, hoy no se lo ha tenido. ¿Cómo puede venir a hablar de 47 muertos con semejante insensibilidad? (…) Hay que estar hecho de otra pasta para hacer este cajón de sastre y que no se le revuelvan las tripas".

El genovés alfa subrayó que el de Adamuz "era un accidente evitable, no una catástrofe imprevisible" y, creyéndose Antonio López, trazó un retrato hiperrealista del "galgo de Paiporta", quien elude "sistemáticamente su responsabilidad política" y preside un Gobierno que ha enchufado "a amigos en Renfe y en Adif", ha amañado contratos o vigila "más las redes sociales que las ferroviarias". Feijóo recordó que los maquinistas, su partido o la Agencia Europea del Ferrocarril avisaron al Ejecutivo de que el sistema ferroviario está hecho unos zorros: "Quince advertencias en ocho instituciones distintas. Les avisó todo el mundo, les dio igual y eso ha supuesto 47 muertos. Asuma las consecuencias de sus actos". Mientras, Sánchez, delgado y marmóreo, miraba al vacío, como una cariátide anémica.

"A más Jéssicas –continuó Feijóo, menos técnicos. A más mordidas, menos dinero para el mantenimiento. A más horas de Twitter, menos tiempo trabajando". El líder de la oposición, crecido, sacó la recortada contra los socios del Gobierno, como Yolanda Díaz –"comprendo que no tiene que ser fácil convertirse en el juguete roto del PSOE, pero, hágame caso: en esta vida hay que tener un poco de dignidad"–, EH Bildu –"de las víctimas que ustedes tienen que hablar primero es de las que mataron apretando el gatillo o pulsando un detonador"– o Gabriel Rufián, el niño bonito de la prensa matritense –"enhorabuena, su proyecto españolista igual dura menos que la república catalana"–. "Por respeto a las familias y en memoria de las víctimas", concluyó, "yo lo dejo aquí, pero quiero decirle: la amenaza que más inquieta a sus compatriotas es usted". Nihil obstat.

Por lo demás, Santiago Abascal recurrió al método Casado y, en el mismo discurso, habló sobre Bill Gates, Soros, Mercosur, la detención de Maduro, Irán, Groenlandia, la prohibición de las redes o la regularización masiva de inmigrantes. "La corrupción que han traído a España mata", dijo el líder de Vox. Los votantes avalan semejante galimatías. Por su parte, la portavoz de Sumar, Verónica Martínez Barbero, exhibió un servilismo desvergonzado agradeciendo "al ministro de Transportes y al presidente la transparencia y el talante", invocó a "la crisis climática" y atizó a Putin y a Netanyahu por querer "transformar nuestras sociedades en una distopía autoritaria". Cucú.

Rufián aprovechó su turno para venderse como el nuevo mesías de la izquierda, defendió a Óscar Puente, hizo chistes sobre el Real Madrid y Rodalies y tildó de "propagandistas" a los medios que no le agasajan en los reservados de los restaurantes más icónicos de Madrid. El portavoz de ERC habló de la "lista de Epstein" y de la censura de X: "¿Qué es más rápido? ¿Limpiar las redes de pedófilos y de buleros o de menores?". Empleó las mismas palabras que Manuel Jabois en la Ser. Para la puigdemontonera Míriam Nogueras, estamos ante "el mismo caos que siempre ha generado el tripartito: socialistas, comunes y ERC. Es el caos del mal gobierno". La mascota del BNG dijo "grazas" y quedóse tan contento. Qué pensará de todo esto Liliana Saénz de la Torre.

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