La intervención del secretario de Estado estadounidense en la Conferencia de Seguridad de Múnich fue de una importancia capital, a pesar de que los medios europeos han despachado sus palabras con el silencio o la displicencia que suelen aplicar a todo lo que proviene de Washington.
Marco Rubio, hombre fuerte del equipo de Trump, propuso a las potencias europeas una alianza transatlántica renovada, asentada en la soberanía nacional, la identidad cultural y la defensa de Occidente, tres pilares socavados durante décadas por los izquierdistas y burócratas europeos, y cuyas consecuencias están sufriendo todos los ciudadanos.
El jefe de la diplomacia estadounidense hizo un análisis de los principales problemas que afectan a Occidente, provocados fundamentalmente por la deserción de unas élites políticas alejadas del interés real de sus naciones. En este contexto, Rubio se refirió con especial énfasis al problema de la inmigración, señalando que "en la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestros pueblos". El canciller estadounidense reconoció que "cometimos estos errores juntos. Y ahora, juntos, le debemos a nuestro pueblo afrontar esos hechos y seguir adelante".
Rubio censuró la contemporización de la UE con las potencias contrarias al orden Occidental y sus trabas constantes a la industria y el sector primario con el dogmatismo que impone el culto climático. El secretario de Estado propuso revertir ese error histórico afrontando el orden mundial realmente existente, cuyo funcionamiento es completamente ajeno a lo que dicta la burocracia de las viejas instituciones internacionales. "Hemos externalizado nuestra soberanía", señaló el mandatario estadounidense, un error inaceptable que pone en cuestión la prosperidad de EEUU y Europa, mientras las potencias rivales han estado fortaleciendo sus economías sin atender a otras consideraciones que su propio interés.
Marco Rubio advirtió del "declive de la civilización occidental" y propuso una alianza basada en el reconocimiento de un pasado común "distintivo e irremplazable", basado en una herencia que hunde sus raíces en los "valores cristianos". "Somos hijos de Europa", afirmó, subrayando la profunda huella europea en la construcción histórica de Estados Unidos y muy especialmente la de España, cuyo legado está enraizado en los propios orígenes de la nación estadounidense.
Rubio reclamó la recuperación de la identidad occidental como base para afrontar los desafíos del futuro inmediato. "Queremos aliados que se sientan orgullosos de su cultura y su herencia —señaló— que comprendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla".
El discurso del hombre fuerte de la Administración Trump fue una pieza oratoria con ideas y propuestas de fuerza incuestionable. El reconocimiento de los problemas de EEUU y Europa provocados por el rechazo de las élites políticas a su propia identidad, y el anuncio de un nuevo marco estratégico compartido dieron forma a una intervención que los mandatarios europeos presentes saludaron con un largo aplauso.
Cabe esperar que ese gesto simbólico se traduzca en decisiones reales para caminar junto a EEUU en una nueva política exterior sensata, que devuelva a los ciudadanos norteamericanos y europeos su verdadera identidad.

