
En los lugares donde el hambre ha constituido una constante histórica, por ejemplo España desde la llegada al trono del emperador Carlos V hasta el Plan de Estabilización de Alberto Ullastres, la pobreza suele adquirir la condición de una virtud moral, tanto en la cultura popular como en la oficial. Por el contrario, toda manifestación pública de bonanza o prosperidad individual tiende a ser condenada como casi seguro indicio de algún oculto proceder impropio. Y por eso aquí gusta tanto escudriñar, siempre con afán inquisitorial huelga decir, el patrimonio del prójimo.
Viene hoy a cuento el recordatorio de ese poso famélico, el que aún sigue instalado en lo más profundo de nuestro inconsciente colectivo nacional, por la gran atención que ha suscitado la publicación del patrimonio inmobiliario de los diputados en el Congreso de los diputados. Asunto, ese de los pisos de los diputados, del que la principal conclusión que se puede extraer es que nuestros representantes, tal como su propia denominación indica, resultan ser muy representativos, en efecto, de la inmensa mayoría de la población española. Y es que la inmensa mayoría de la población española hace lo mismo que ellos a la hora de invertir sus ahorros. Un español, cuando tiene dinero, compra un piso. Y cuando tiene más dinero, compra otro piso para alquilar. Y si gana más, va a por el tercero.
Y amontona pisos porque no le han enseñado a invertir en ninguna otra cosa; salvo el cemento, todo le da miedo. Una ignorancia financiera, la de la mayor parte de la población española, que constituye uno de los detonantes que, aunque jamás se mencione, está detrás del recurrente fenómeno de la especulación inmobiliaria. Así, una quinta parte de los diputados a Cortes declara percibir ingresos por arriendos de inmuebles. Bien, pues ese porcentaje coincide con el del resto de la población: también una quinta parte de los españoles posee, al menos, un local o vivienda arrendado a terceros. Porque esa leyenda urbana, repetida hasta la saciedad por el progrerío, la de los "fondos buitres", es solo eso: una leyenda. El especulador es su abuelo.
