
En España puede pasar de todo, menos que dimita un ministro socialista. Eso nunca. Fernando Grande Marlaska, titular de la cartera de Interior, tiene la oportunidad de convertirse en la excepción. Su director adjunto operativo de la Policía Nacional ha dimitido tras ser denunciado por violación. También ha caído un asesor al que se acusa de encubrimiento. Pero no cabe esperar un arrebato de dignidad por parte del personaje que en calidad de ministro ha contemplado impasible hechos como la masacre en la valla de Melilla de 2022, más de veinte inmigrantes asesinados en el lado marroquí en connivencia con las autoridades políticas españolas.
Estamos hablando del hombre que degradó al teniente coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos por no facilitarle acceso a un sumario secreto, infamia que le asegura un puesto de honor en la historia negra de España como juez y como ministro. Grande Marlaska, sí, el mismo que se inventó el bulo del culo (aquel supuesto tatuaje a navaja de una esvástica en el trasero de un homosexual que se atribuyó al fantasma de la extrema derecha).
Se trata del ministro que desmanteló la unidad OCON-Sur de la Guardia Civil que hacía frente al narco en el Estrecho. Dos agentes del Instituto Armado fueron asesinados en Barbate por hacer frente a unos traficantes dotados con lanchas de última generación mientras ellos iban en un bote hinchable. El urdidor de la política penitenciaria de la suelta de etarras gracias al traslado de los asesinos a las cárceles vascas. El sujeto que hizo la vista gorda durante la visita de Delcy Rodríguez. El tipo que mandó detener al músico Nacho Cano y retener durante horas a las bailarinas mexicanas del espectáculo del excomponente de Mecano. En fin, todo un sujeto, un tipo de cuidado. Había que verlo este miércoles en el Congreso. Si llaman de madrugada a la puerta de algún diputado del PP seguro que no es el lechero.
El caso del ex número uno de Grande Marlaska en la Policía Nacional es de una gravedad extrema si se contempla desde la perspectiva del español medio, un ciudadano sin antecedentes y al corriente de pago de impuestos y facturas. Sin embargo, es una auténtica chorrada en el círculo del sanchismo, donde medran delincuentes de toda clase y condición y donde considerar a las mujeres como meros objetos sexuales está a la orden del día. Menos mal que se proclaman feministas a fuer de socialistas, como ese Ábalos al que Sánchez ha dejado tirado como una colilla porque el rastro de sus andanzas era imposible de disimular. Por eso y porque no es ni su hermano ni su señora, claro está.
Grande Marlaska sale en todas las quinielas cuando se habla de crisis de Gobierno, pero ahí sigue, desde el primer día de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, en un lejano junio de 2018. Desde entonces su suerte está ligada a la del yerno de Sabiniano. Igual que la de Margarita Robles, otra (magistrada) que tal.
