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El falaz "no a la guerra" como baza electoral

Sánchez está decidido a utilizar el "no a la guerra" en Irán como tabla de salvación y medio de ganar, contra todo pronostico, las próximas elecciones

Si el "no a la guerra" en Irak sirvió a Zapatero para ganar contra todo pronóstico electoral las elecciones del 14 de marzo de 2004 -bien es cierto que atentado del 11-M de por medio-, Pedro Sánchez parece decidido a utilizar el "no a la guerra" en Irán como tabla de salvación y medio de ganar, contra todo pronostico electoral, las próximas elecciones generales.

Poco importa a Sánchez que su falaz "no a la guerra" signifique, en realidad, "no al deber de hacer algo" contra un régimen criminal como el iraní, que acaba de asesinar a más de 30.000 disidentes internos, que sigue empecinado en exterminar al pueblo de Israel, en dotarse de armamento nuclear y en financiar a organizaciones terroristas o atacar directamente a países occidentales como a muchos países bombardeados del mundo árabe considerados prooccidentales. Poco le importa a Sánchez que su "no a la guerra" implique una hostil prohibición a EE UU a que utilice sus bases militares en nuestro país, cosa que no ha hecho ningún otro miembro de la UE o de la Alianza Atlántica. Poco importa que esa hostilidad hacia el gobierno de EE UU sea una baza impagable en beneficio de Marruecos, principal amenaza extranjera a la integridad territorial de nuestro país. Poco le importa que esa hostilidad hacia la administración de Trump ponga en riesgo también los intereses económicos de nuestros exportadores a EEUU, país que ha sido no sólo nuestro principal aliado militar sino también uno de nuestros principales socios comerciales.

Poco le importa a Sánchez incluso que su falaz "no a la guerra" excluya a nuestro país del paraguas nuclear europeo propuesto por el francés Emmanuel Macron aun cuando tenga como objetivo no tener los europeos que seguir dependiendo principalmente del paraguas de seguridad de Estados Unidos dentro de la OTAN y aun cuando a dicha propuesta ya se hayan sumado países como Grecia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Polonia, Alemania e incluso Reino Unido, a pesar de tener este último fuerza nuclear propia.

A Sánchez —afirmémoslo editorialmente por enésima vez— sólo le importa su poltrona, y si para conseguir retenerla, cree que tiene que terminar por destrozar el papel de nuestro país en la escena internacional y hacer polvo a nuestros intereses geoestratégicos, defensivos y comerciales y aparecer en la escena internacional, no como aliado occidental fiable sino como compañero de viaje de países como China e Irándictaduras que ya le han agradecido su posicionamiento como hace meses hizo la organización terrorista Hamas respecto de su todavía más falaz "no a la guerra" en Gaza—, pues lo hará y seguirá haciendo como también hizo en el caso de la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.

No hay más que echar un vistazo a su falaz comparecencia de este miércoles, en la que no ha admitido preguntas de los periodistas para comprobarlo y para ver que las serias advertencias de Trump, tanto la del martes, como las de este mismo miércoles, contra nuestro país, lejos de preocuparle, las considera parte de esa baza electoral.

Y es que Sánchez cuenta a su favor con la desinformación de buena parte de nuestra prensa —incluida la no progubenamental— en relación a la naturaleza criminal y genocida del régimen iraní y del riesgo que conlleva para la verdadera paz internacional, así como su hostilidad a todo lo que provenga de Trump. Eso, por no hablar del absoluto desconocimiento del ciudadano medio respecto de los principios rectores del derecho internacional que permite a Sánchez presentarlo no como algo que legitima el deber de injerencia ante la tiranía sino como parapeto o refugio de los regímenes que perpetran, empezando contra su propia población, crímenes de lesa humanidad.

Aun así, está por ver que este artero envilecimiento de lo que significan en realidad conceptos tales como la "paz", el "derecho internacional" o el "lado correcto de la Historia" consigue distraer a los votantes respecto de la incompetencia de gestión, corrupción y amistades peligrosas, dentro y fuera de nuestro país, que tienen de protagonista a Pedro Sánchez.

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