
Las elecciones más importantes de Cataluña se celebran de aquí a nada, el 15 de marzo, fecha en la que se decidirá quién preside el FC Barcelona, si Joan Laporta o Víctor Font. Ambos candidatos son representantes del independentismo. Laporta es un hooligan del separatismo y Font, un mecenas de la republiqueta en calidad de accionista del periódico de papel Ara (Ahora). La principal diferencia entre ambos es generacional. Laporta es del 62 y Font, del 72. Por lo demás, solo difieren en el caso Messi, el enésimo episodio de estrella rebotada en el Barça tras ejemplos como el de Kubala, Cruyff, Romario y Ronaldinho, entre muchos otros.
Era fama que de los tres grandes presidentes de Cataluña, el fetén era el del Barça frente al de La Caixa y el de la Generalidad, el tercero en discordia. En realidad, el más importante es el del banco, que es vitalicio y puede que eterno. Los otros dos están encarnados por personajes que no le llegan al jefe de la caja ni a la suela de los zapatos. Sea como fuere, Laporta y Font pugnan por el asiento central del palco del Campo Nuevo y por las comisiones de los fichajes. Todo lo demás es pura propaganda. Y entre la guerra en Irán y las elecciones en el Farsa, la mayoría de los medios regionales se ha entregado a una precipitada carrera en pos del seguimiento de las andanzas de los antedichos sujetos, el abogado Laporta y el empresario Font.
Aquí, a diferencia de Pujol, Salvador Illa no pinta nada. El hombre dice que es del Espanyol y calla cuando un entrevistador radiofónico le pregunta cómo es posible que un presidente de la Generalidad sea perico. Ese es el nivel de los medios en la región y del president. Las elecciones del Barça son lo más interesante que arroja la actualidad catalana en el lánguido atardecer del procés. El laportismo frente al fontismo. El orondo aspirante a la reelección es el favorito. Con los años y a base de mucho esfuerzo se ha convertido en una caricatura del TBO, un personaje redondo, fumador de puros y adicto a la grasa de cerdo. Font, en cambio, va de apolíneo. Los dos son depurados productos de la decadencia de Cataluña, como Illa.
El quid de la cuestión ahora mismo es que el exjugador y exentrenador Xavi Hernández ha confesado que tenía apalabrado el retorno de Messi tras quedar campeón del Mundial más raro de la historia, el de Qatar. Y que Laporta se opuso porque suponía que el astro austral le haría la guerra. El caso ha causado una auténtica conmoción, toda vez que Laporta va pregonando por los medios que habría que erigir una estatua en honor a Messi, a quien compara con Cruyff y Kubala. Munición para quienes creen que Laporta es más falso que un duro de madera.
El trasfondo auténtico es el futuro de Lamine Yamal, la perla del Maresme. Mientras Laporta y Font se pelean en público por Messi negocian bajo mano el futuro del actual goleador azulgrana, del que se dice que podría acabar jugando para Marruecos a cambio de Ceuta y Melilla. No es el peor escenario. Lamine Yamal de blanco es la pesadilla de los atribulados socios del ejército desarmado de Cataluña.
