
Las elecciones en Castilla y León han cerrado, por el momento, el ciclo de comicios autonómicos que se había precipitado por los adelantos en Extremadura y Aragón; ahora solo quedan las andaluzas, para las que habrá que esperar unos meses.
Es, por tanto, un momento perfecto para frenar y evaluar la situación política a la luz de los resultados de estas tres elecciones y, sobre todo, de las de este domingo, en las que es innegable que se recoge algo de las reacciones que los partidos han tenido a lo ocurrido en las dos primeras. Para ello les presentamos este análisis en torno a seis claves distintas.
Sí, la derecha sigue subiendo
En principio Castilla y León no es una comunidad precisamente orientada a la izquierda; el PP lleva gobernando allí desde antes de ser el PP, cuando José María Aznar ganó las elecciones en 1987, pero sobre todo es una autonomía de movimientos no muy rápidos, estable, de variaciones leves, en la que cambios pequeños pueden tener más significado del que parece a simple vista.
Es en este contexto en el que hay que leer los resultados de este domingo y datos como que la derecha ha subido después de que ya subiese en los pasados comicios de 2022 y en estos respecto a los de 2019.
Estos son los datos: ahora la suma de PP, Vox, el partido de Alvise y los restos minúsculos de Ciudadanos ha llegado al 56,13%; hace cuatro años la suma de los populares, los de Abascal y el ya doliente Ciudadanos fue del 53,51%, dos puntos y medio menos; y en 2019 estos tres partidos se quedaron en el 51,94%. Es decir, dos elecciones con subida acumulada cuando ya están muy por encima del 50% del voto.
Quizá, eso sí, el dato global sea más impactante que la mejora: hay que remontarse nada más y nada menos que a 1987, aquella victoria de Aznar, para contemplar un escenario similar: entonces la suma de AP, el CDS y el PDP llegó al 57%. En resumen, la derecha en Castilla y León está en un resultado histórico y eso es solo el reflejo de su situación en el conjunto de España, en la que esa hipotética alianza entre PP y Vox se ha convertido en imbatible.
Y la izquierda bajando
Paralelamente a la subida de la derecha se produce el fenómeno inverso en la izquierda, aunque aquí hay algunos matices más. Vamos con los datos: en esta ocasión la suma de PSOE, IU-Sumar y Podemos se ha quedado en el 33,7% –¡casi 23 puntos menos que la derecha!–, mientras que en 2022 la suma de PSOE y Podemos-IU, que acudieron juntos, estaba un punto y medio por encima, en el 35,12%.
Sí, es cierto, no parece mucha caída, pero es que en 2022 ya habían tenido una bajada importante: en las anteriores elecciones, en 2019, el porcentaje de los tres partidos estaba nada más y nada menos que en el 42,12%. En definitiva, en siete años han perdido casi nueve puntos.
Y para hacernos una idea de lo profunda que es la sima en la que el PSOE ha dejado a la izquierda en Castilla y León, atendamos a otro dato: ¿recuerdan ese año, 1987, en el que la derecha batió todos los récords en la región? Pues entonces la suma de PSOE e IU era del 38,43%, cinco puntos más que ahora. En definitiva, Sánchez levantó el muro entre las dos Españas… y resulta que la suya se está vaciando.
La insólita fortaleza del PP
David Jiménez Torres firmaba este lunes un artículo muy interesante en El Mundo en el que se pregunta ¿Qué está haciendo bien el PP? y llama la atención sobre la fortaleza que está exhibiendo el Partido Popular. Es algo de lo que, como bien dice, se habla muy poco y que conviene analizar.
Sí, es cierto que en las encuestas para las elecciones generales los populares llevan unos meses de capa caída, pero si volvemos nuestra mirada a este ciclo electoral autonómico el resumen es que el PP ha ganado las tres elecciones y, dos de ellas, subiendo con cierta fuerza: más de un 4% tanto en Extremadura como en Castilla y León. Además, en Aragón no ha crecido, pero sí han aumentado y mucho su distancia respecto al PSOE.
Como explicaba en Libertad Digital María José Grech, si se comparan estos resultados con lo que están haciendo los partidos similares al PP en Europa, está claro que los de Feijóo están teniendo un desempeño muy por encima de la media: no solo siguen liderando las apuestas para las generales, es que están ganando en las autonómicas y acumulan un poder regional que muy pocas veces ha estado en manos de un único partido.
Si esto se deba a la estrategia de Génova o a causas sociológicas mucho más profundas es una cuestión sobre la que cabe discutir, pero que tiene escasa incidencia en el resultado final. Además, en el caso concreto de lo ocurrido este domingo, es previsible que tenga consecuencias muy favorables para los populares.
En primer lugar por el cambio de percepción en la opinión pública, que puede pasar de ver al PP como un partido en un lento declive a uno que, de repente, vuelve a subir. No hay mayor prueba de la importancia que algunos le dan a esto que las marranadas que hace Tezanos en el CIS para que, al menos un día al mes, el PSOE aparezca como un partido ganador.
Además, lo ocurrido este domingo hace evidente que al PP no le penaliza ni haber pactado con Vox ni estar intentando hacerlo de nuevo. Es más, una de las razones que se están barajando para este éxito es que ha demostrado, tanto en Aragón como sobre todo en Extremadura, más interés por llegar a un acuerdo que los de Abascal.
Por otro lado, y quizá todavía más importante, el resultado de Castilla y León coloca al PP en un escenario político mucho más conveniente, al menos a priori, para sus intereses: parece que ahora a Vox no le va a quedar más remedio que cerrar el impás que se había abierto tras las elecciones extremeñas, acordar los gobiernos y sancionar que tres líderes regionales del PP sean nombrados presidentes de sus respectivas comunidades.
El frenazo y la nueva realidad para Vox
Esto último tiene también mucho que ver con la situación de Vox, que puede entrar en un ciclo muy diferente de aquel en el que estaba hasta ahora y que, como es obvio, le ha sido muy rentable.
Una etapa que empezó con una decisión discutible pero que es innegable que les ha dado un gran resultado: salir de los gobiernos autonómicos en los que había entrado después de las elecciones de 2023. Parecía una estrategia condenada al fracaso, pero lo cierto es que ha permitido a Vox mantenerse como un partido sin desgaste por gobernar, en batalla de desgaste permanente contra el PP a través de sus críticas al "bipartidismo" y, sobre todo, con las posiciones maximalistas muy rentables en asuntos como la inmigración o seguridad, por los que critican a ejecutivos autonómicos que no tienen ninguna competencia en el tema.
Tres líneas estratégicas y que ahora están agotadas: habrá que asumir decisiones en los gobiernos que quizá acarreen costes, tendrán que dejar de colocar en un plano de igualdad a PP y PSOE si gobiernan con los primeros y, además, les será mucho más difícil rentabilizar esos discursos maximalistas en áreas en las que tendrán, o bien que dictar políticas, o bien que asumir que esas políticas no se pueden desarrollar desde un gobierno autonómico.
Por otro lado, al igual que hablábamos de percepciones en el caso del PP también puede haber un cambio al respecto en el de Vox: hasta ahora todo les salía bien, parecía que nada de lo que hacían o decían les afectaba negativamente, ahora esa línea inmaculada en encuestas y elecciones vive un primer tropezón. Hay que ver cómo cala eso en la opinión pública.
¿Quiere esto decir que Vox ha tocado techo como dicen algunos? Es imposible saberlo e imprudente afirmarlo, además, muchas de las cosas que estamos diciendo que pueden influir en el futuro de ese partido necesitan unos meses de maduración para que veamos realmente su efecto.
¿Hacia dónde van Podemos y Sumar?
Otra de las noticias de estas elecciones ha sido el descalabro de la extrema izquierda a la extrema izquierda del PSOE. Podemos se ha estrellado más allá de cualquier expectativa: con poco más de 9.000 votos se ha quedado en registros propios del PACMA o de Votos en Blanco y ha sido doblado por el partido de Alvise.
Un drama sin paliativos que llega además, después de una catarata de desastres similares: Podemos se ha quedado fuera ya de más de diez parlamentos autonómicos en los que llegó a tener una representación importante. En Castilla y León, por ejemplo, llegaron al 12%, pero es que en comunidades como Aragón, donde también ha desaparecido, pasó del 20%. Y antes les ocurrió en Galicia y antes en Andalucía… Para colmo, tampoco en las encuestas para las generales despiertan y siguen arrastrándose en porcentajes ínfimos y por debajo de Sumar.
También en estas elecciones el partido morado se ha quedado por debajo de la alianza de IU y Sumar, pero ni siquiera así esta formación puede presumir ya que su propio resultado ha sido otro desastre al que es imposible encontrar paliativos: no ha llegado a 28.000 votos, pasa por poco del 2% y en ninguna provincia ha tenido la más mínima posibilidad de lograr un procurador.
También es una catástrofe que no llega por sorpresa: Sumar e IU se han quedado fuera de parlamentos como el gallego, donde el fracaso fue mayúsculo, o el extremeño, elecciones a las que ni siquiera se presentaron. Y por si acaso alguien piensa que es un problema exclusivamente autonómico, ahí están las europeas de 2024 para demostrar lo contrario: no pasaron del 4,67%, menos de la mitad de lo que Unidas Podemos habían logrado cinco años antes.
Lo peor de todo, no obstante, es cómo ambas formaciones demuestran una nula capacidad de reacción: mientras se derrumban no son capaces de ofrecer a la opinión pública otra cosa que "una profunda reflexión", sin replantearse su papel en el Gobierno y en el Parlamento y sin dar la mínima señal de que entienden que es su relación con el PSOE lo que está acabando con ellos.
Así, las cosas, por mucho que le cambien el nombre al invento no parece que tengan capacidad de recuperarse y eso tiene un impacto importante, ya que hace imposible que el PSOE tenga opciones de gobernar e, incluso más allá, dejaría a ciertos sectores de la izquierda muy dañados de cara a la batalla político–callejera que quieren plantearle a ese hipotético gobierno de PP y Vox que llegaría tras unas generales.
Alvise, un aliado del PSOE
El último elemento interesante de todo este análisis es el papel que está jugando SALF, el partido, por llamarle de alguna manera, de Alvise Pérez, que se ha presentado en estas elecciones como lo hizo también en Aragón. Allí logró un 2,74% y este domingo lo ha votado un 1,4% de los electores, un dato que puede parecer bajo, pero que ha supuesto Vox haya tenido hasta tres procuradores menos. Tres escaños que, casualmente, han ido a parar al PSOE y le han servido para maquillar su resultado, lo que ha convertido a Alvise en el mejor aliado de Sánchez en Castilla y León.
Está claro que el líder de SALF tiene su propia agenda y que lo que le preocupa no es el futuro de España o el castigo a Pedro Sánchez y los suyos, pero sí cabría preguntarle a sus votantes qué es lo que esperan conseguir votando a un partido cuya presencia en las elecciones acaba sirviendo para que la izquierda esté un poco menos mal y la derecha un poco menos bien.
