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Jugar con las trampas del sanchismo

Se trata de actuar con inteligencia política y utilizar la debilidad parlamentaria del Gobierno para enfrentarlo a sus socios hasta que acabe derrumbándose

Se trata de actuar con inteligencia política y utilizar la debilidad parlamentaria del Gobierno para enfrentarlo a sus socios hasta que acabe derrumbándose
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. | Europa Press

Los partidos de la oposición deberían hacer caso a Pedro Sánchez y no aprobarle ni una sola de las medidas que lleva al Parlamento para suplir la falta de Presupuestos Generales del Estado, tal y como exigió él mismo en su día cuando el presidente del Gobierno era Mariano Rajoy. Su negativa a presentar el proyecto de presupuestos cada año tiene que tener un coste que, en el caso de Sánchez, está siendo mínimo, porque sigue trampeando con paquetes de reformas que, de una u otra manera, acaban saliendo adelante en el Parlamento en el momento de su convalidación.

El último decreto en fraude de ley ha sido presentado como consecuencia de la guerra de Irán, un pretexto tan burdo como todos los anteriores, porque las disposiciones que contiene ese texto, en su mayor parte, tienen un carácter estructural para suplir la falta de unos Presupuestos Generales actualizados. La maldad del sanchismo hace que cada una de estas reformas contenga disposiciones de carácter social para que los votos en contra reciban el rechazo de la sociedad. Lo hicieron con la subida de las pensiones y lo hacen ahora con las ampliaciones presupuestarias para complementos de pensiones mínimas, pensiones no contributivas y financiar el Ingreso Mínimo Vital.

En el PP valoran cómo responder a este nuevo envite de Sánchez, cuya falta de escrúpulos es ya legendaria. En esta ocasión, el Gobierno cuenta con los votos de la banda del prófugo, que le permitiría sacar adelante el Real Decreto en una votación ajustada en la que un error o una ausencia pueden ser decisivas. Puesto que lo van a aprobar, una postura sensata es votar en contra y explicar bien a los ciudadanos esta nueva trapacería de Sánchez. A estas alturas no hace falta insistir mucho para que cale el mensaje.

Se trata de actuar con inteligencia política y utilizar la debilidad parlamentaria del Gobierno para enfrentarlo a sus socios hasta que acabe derrumbándose o le haga llegar a las elecciones de 2027 convertido en un guiñapo. Por eso es importante que el PP vote a favor de las reformas sensatas, como ocurrió con las medidas para paliar los efectos de la DANA o el aumento del presupuesto de Defensa, un gesto que convierte al PSOE en un traidor y un aliado del fascismo a los ojos de los partidos ultras, de quienes depende para gobernar.

Conviene tener presente que el votante de izquierdas no tolera que su partido colabore con el PP —no digamos ya Vox— aunque eso le perjudique personalmente, una circunstancia relevante que la oposición no debería nunca olvidar.

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