Ya saben cómo sigue el refrán español: "… y te diré de qué careces". Ilustrativo, como la mayor parte de los refranes, en este caso lo es aún más, cuando quien presume, es personaje bien conocido en la política española de los gobiernos de Sánchez, y con anterioridad, aunque a niveles distintos, en los de Rodríguez Zapatero. ¡Cómo para que venga pontificando, a estas horas, de integridad en los valores!
Con esa trayectoria política, resulta chocante cuando menos que, desde Washington denuncie "cualquier intento paternalista o colonialista" de los Estados Unidos de enseñar a los países europeos "cómo deben regular las tecnológicas".
Cada uno hace lo que puede o lo que sabe, y no siempre resulta aconsejable copiar modelos, entre países, cuando los objetivos de cada uno pueden diferir, y lo prioritario en unos puede ser desaconsejable en otros.
Un deber de coherencia política implica, además de respeto a los verdaderos valores que guían el comportamiento humano, también el de los llamados a gobernar una nación o una comunidad de naciones, como la europea.
Éstos, si verdaderamente son valores comunes, asumidos como razón de ser de la comunidad, no pueden ser instrumentos de cambio o truque según los intereses de quien ejerza la autoridad.
El sólo hecho de recordar el respeto que merecen, hace que broten las dudas acerca de la solvencia y efectividad de los mismos, sometidos – como lo están – a las regulaciones por los distintos niveles de poder – nacionales, comunitarios… –, incluso en determinados ámbitos – no menores –, de los gobiernos autonómicos o locales.
Ante grandes líderes en el mundo de las empresas tecnológicas – Meta, Amazon, Open AI, Google, o también, Y Combinator, calificada por la revista Fortune como una aceleradora de startups estadounidenses – la vicepresidenta Ribera ha mostrado su opinión, aclarando una interpretación de la Ley de Mercados Digitales, según la cual, es nuestra obligación defender que los mercados digitales funcionen en un margen de competencia.
Si uno de esos valores, a los que se refería la señora Ribera, es el "margen de competencia" estamos expuestos a que la competencia no exista porque carezca de margen. O hay libre y abierta competencia, o es difícil precisar cuál es el margen. Además, quién define el margen; presuponer que los ángeles definen tales valores, es exponerse a un final contradictorio con los principios o valores en los que confiábamos.
Un final, precisado por la señora vicepresidenta, de evitar el ritmo acelerado de concentración de poder que los representa. Si la libertad de los mercados conduce a la concentración, es porque probablemente, la concentración – en tanto no cambien las circunstancias actuales – es esencial para la eficiencia del propio mercado.
¿La competencia de los mercados, es o no es un valor a defender? O puede, que las muchas cautelas y rechazos a la concentración, o topar los beneficios de las energéticas – Ursula von der Leyen –, sean un simple guiño de pleitesía a la izquierda española/europea. Esto debería de tenerse claro a la hora de defender los valores inmutables; lo otro, es quedar al albur de las opiniones transitorias del poder.

