
Leo en okdiario.com una información de Esther Jaén sobre una resolución del Parlamento de Cataluña para que todos los clubes de fútbol de por allí (Barça, Espanyol, Gerona...) tengan que entrenar en catalán, hacer las ruedas de prensa en catalán, ir en catalán por el mundo... Y una que se conoce el paño va y se pregunta, a lo Josep Pla: i això, qui ho paga?
Hace tiempo que la política lingüística de la Generalitat, aparte de ser un escándalo hispanófobo y un desastre en términos de defensa real e inteligente de la lengua catalana, es un negocio donde siempre pillan los mismos. Unas veces es Plataforma per la Llengua, otras es Òmnium Cultural, poderosas mafias que acaparan subvenciones públicas y/o encargos institucionales para diseñar planes, estrategias, etc. cuyos resultados son ampliamente mejorables para cualquiera que tenga más dedos de frente que de estelada.
¿Cuánto costará poner en marcha esta pomposa resolución a la que todos los clubes de fútbol catalanes se han apuntado como un solo hombre, no más faltaría? Otra cosa es si se cumple o no se cumple en realidad. Hansi Flick, el entrenador del Barça, demostró una refinada inteligencia al rehuir el jardín de la guerra de lenguas ateniéndose siempre y en todo momento al inglés. ¿Le multarán si no canta la Santa Espina antes de cada partido de Champions? ¿Y quién se quedará con el dinero de la multa, insisto en preguntar?
Es curioso cómo le funciona la cabeza a cierta gente. Cuando yo hace seis años, en plena pandemia, me lancé a traducir al catalán el Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós sobre el sitio de Gerona, el mundo indepe guardó un silencio ceñudo y cejijunto. Deberían haber estado contentos, pero no lo estaban. No les gustó ver volcado al catalán el relato heroico de la resistencia de los gerundeses contra Napoleón, en un momento en que el heroísmo catalán era indiscernible del español.
Se aprende mucho leyendo a Benito Pérez Galdós. Yo, que nací en Gerona, estaba harta de pasar por delante de un hotel llamado Ultònia. Sugestivo nombre que nunca supe qué significaba. Sonaba a una especie de ¿seta? Don Benito me aclaró el misterio: Ultònia fue el nombre de un batallón de irlandeses que vinieron a Gerona a combatir contra el francés. Una especie de brigadistas internacionales avant-la-lettre. Supongo que si en lugar de alzarse contra Napoleón en defensa de su fe católica se hubieran dedicado a quemar conventos, su nombre no sólo no habría caído en el olvido, sino que tendrían monumentos dedicados. Esa es la memoria histórica selectiva. También destructiva a veces.
Las lenguas son fuentes de memoria y guardianas del misterio. No deberían ser una calamidad política ni un juego sucio ni un negocio. Sinceramente creo que el catalán ha sobrevivido no gracias a los que dicen que lo celan sino a los que silenciosamente, amorosamente, desafiantemente, lo defendemos de sus celadores y envilecedores. Y además lo hacemos gratis.
