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Kellogg, carbohidratos y sectarismo

El universo ideológico de Graham y Kellogg no fue muy distinto del de quienes en el siglo XX harían de su vida una causa en favor de atiborrarnos de carbohidratos: mala ciencia, cuando no ausencia de la misma, absurdez y desinformación.

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Cojamos un cuenco, llenémosle de copos de maíz y leche preferentemente desnatada y, ¿qué obtenemos? Probablemente el desayuno más común en Occidente y parte del resto del mundo durante al menos los últimos 50 años. De hecho, es imposible pensar en un desayuno sin traer a nuestra cabeza los cereales de desayuno, y los que lo son por excelencia: los llamados ‘corn flakes’, todo un hito en la industria alimentaria inventado por el Dr. John Harvey Kellogg en 1894. Además, en el siglo XX vendría a encajar perfectamente en lo que acabó convirtiéndose en la moda alimentaria: rico en carbohidratos y bajo en grasas. En realidad, la historia de uno de los desayunos más populares de la era contemporánea –y paradigma de la obsesión grasofóbica y la mistificación de los hidratos de carbono– podría ser calificada de absurda, ridícula y grotesca, por no decir histriónica, sin exagerar lo más mínimo.

Todo se remonta al reverendo Sylvester Graham, ministro presbiteriano y nutricionista norteamericano que vivió en la primera mitad del siglo XIX. Su pasión por los carbohidratos, y especialmente por los cereales (creó el pan Graham), marcaron gran parte de su existencia, no sólo nutricionalmente sino incluso espiritualmente. Y es que consideraba que el declive tanto clínico como moral de una persona podía asociarse con malos hábitos alimentarios. Su neurosis y obsesión preferida fueron los deseos sexuales humanos, que creía que había que combatir. Consideraba la masturbación causa de problemas físicos y creía que comer carne desataba nuestra libido. Su solución para una vida digna física y moralmente pasaba por la abstinencia sexual, el ejercicio físico y una estricta dieta vegetariana. Su influencia en el movimiento vegetariano fue sin duda poderosa; en 1850, fundó la Sociedad Americana Vegetariana. Ciertamente rocambolesca, por calificarla de algún modo, era su justificación principal para recomendar una dieta a base de cereales integrales. Con ello opinaba que se incrementaban los movimientos intestinales (debido al alto contenido en fibra), y que esto aumentaba la presión en la zona genital, lo cual ayudaría a reducir los deseos sexuales.

Uno de los discípulos directos de Graham fue James Caleb Jackson, que creó los primeros cereales de desayuno que existieron, los Granula. Ellen G. White, fundadora de los Adventistas del Séptimo Día, acabó tan convencida de las terapias de Jackson en su sanatorio y balneario, que creó el suyo propio con una filosofía semejante. Tiempo después, el Dr John Harvey Kellogg se convirtió en director del mismo, siempre observando las ideas iniciales de Graham. A decir verdad, los buenos resultados con los pacientes en estos balnearios no eran sorprendentes si tenemos en cuenta que casi ninguno de ellos estaba realmente enfermo y simplemente buscaban relajación.

John Harvey Kellogg era de la opinión de que el deseo sexual explicaba casi todas las enfermedades, y fue un campeón del vegetarianismo. Su puritanismo enfermizo llegaba a tal punto que su matrimonio con Ella Eaton nunca se consumó. Durante todo su matrimonio durmieron en habitaciones separadas y para poder tener hijos recurrieron a la adopción con tal de evitar el contacto físico. Creó la famosa galleta Granola a base de avena y maíz, una copia de la original Granula de Jackson tras ganar la batalla legal por el invento.

El gran imperio de cereales Kellogg fue creado y desarrollado por su hermano pequeño, Will Keith Kellogg. El Dr. John Harvey Kellogg, por su parte, vivió suficiente tiempo como para ver sobradamente refutadas sus más que peregrinas ideas, pero era del tipo de personas que siempre están en lo correcto. A no mucho tardar, tras la II Guerra Mundial, comenzó una auténtica revolución mundial, una fascinación sin precedentes por el consumo de hidratos de carbono. Se transformó en una delirante moda tanto para perder peso como para mejorar la salud cardiovascular o casi cualquier otro problema. Y en el fondo, el universo ideológico de Graham y Kellogg no fue muy distinto del de quienes en el siglo XX harían de su vida una causa en favor de atiborrarnos de carbohidratos: mala ciencia, cuando no ausencia de la misma, absurdez y desinformación. Y es que esto es lo que básicamente nos viene ofreciendo hace más de un siglo la facción procarbohidratos. Puro sectarismo.

Adolfo D. Lozano es consumer advocate en salud, nutrición clínica y dermatología cosmética y autor del blog Juventud y Belleza. Miembro de la fundación médica Life Extension. Puede contactar con el autor en david_europa@hotmail.com

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