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El FMI y la crisis

La política monetaria expansiva sólo podrá tener éxito en el corto plazo, pero fracasará a la hora de sanear la economía global en el largo plazo, condenando al planeta a un nuevo proceso de auge y recesión en un futuro próximo.

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En los artículos anteriores hemos criticado algunas afirmaciones que, en torno a la crisis, han realizado ciertos economistas galardonados con el premio Nobel (Paul Samuelson o Joseph Stiglitz). En esta ocasión, quiero llamar la atención sobre el papel que está desempeñando el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la actual coyuntura y, más concretamente, sobre la "solución conjunta" que defienden.

Su director gerente, Dominique Strauss-Khan, hoy envuelto en escándalos personales, ha advertido que no habrá país en el mundo, sea desarrollado o subdesarrollado, que salga indemne de la crisis y vaticinó que "sus consecuencias pueden ser particularmente duras para la gente en los sectores de bajos ingresos, los países emergentes y en desarrollo". Y agregó: "Es por eso que el FMI está haciendo los esfuerzos de poner a disposición ciertos fondos que puedan ayudar a esos países a mitigar esa crisis".

Lo cierto es que el FMI forma parte del actual sistema monetario que ha provocado esta crisis global, al generar la burbuja inmobiliaria y bursátil que ahora está pinchando. La "política conjunta" a la que su director gerente hace referencia, pero sobre la cual no brinda detalles, entiendo que no es otra que la política monetaria expansiva y sincronizada del Banco Central Europeo, de la Reserva Federal y del Banco Central de Japón. Expansiva, para crear un nuevo torrente de crédito barato dirigido a incrementar el consumo, la inversión y el gasto público, con el objetivo de que, siguiendo las recomendaciones keynesianas, estimule la demanda agregada y deje atrás el estado actual de estancamiento. Sincronizada, para intentar evitar que sus divisas se deprecien las únicas respecto a las otras.

Si, en efecto, a esto se refiere el FMI por "política conjunta", debemos decir que sólo podrá tener éxito en el corto plazo, pero que fracasará a la hora de sanear la economía global en el largo plazo, condenando al planeta a un nuevo proceso de auge y recesión en un futuro próximo.

Por otro lado, también debemos ser críticos con la "ayuda" que el FMI pretende brindar a los países afectados para promover un incremento del intervencionismo, del gasto público y del endeudamiento. Esta política sólo bloqueará los procesos de ajuste espontáneos del mercado que dejarían atrás los efectos negativos de la crisis y que permitirían emprender una nueva senda de crecimiento y desarrollo económico sostenido.

Henry Hazlitt lo explicaba claramente en su famoso libro La conquista de la pobreza:

Si no existiese la ayuda exterior, los gobiernos que hoy la reciben encontrarían aconsejable tratar de atraer la inversión privada extranjera. Para hacerlo, tendría que abandonar la política socialista e inflacionista, el control de cambios y las prohibiciones de sacar dinero del país; renunciar a la continua presión sobre los negocios privados, a la legislación laboral restrictiva y a los impuestos discriminatorios, y dar seguridades contra la nacionalización, la expropiación y la confiscación.

El FMI debe replantear sus funciones y analizar detenidamente el rol que ha jugado en cada una de las crisis financieras internacionales desde que fue creado. Creo que ya existe un absoluto consenso entre los economistas en que el organismo ha ayudado poco y que más bien ha generado un terrible daño a la economía global.

Adrián Ravier es economista y profesor de la Universidad Francisco Marroquín y del Swiss Management Center University. Escribe regularmente en su página personal.

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