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Derrota

No persistamos en lamernos las heridas, o peor, buscar más defectos de los que tiene la oposición, sino en apoyar el único proyecto que, hoy por hoy, es sensato, a saber, es menester que los socialistas no ganen las elecciones.

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Todos esperamos un adelanto de las elecciones, pero, mientras llega ese anuncio, una sensación de derrota domina la vida de los españoles más sensatos. El tiempo juega a favor siempre del Gobierno y contra la Nación. Rodríguez Zapatero está muerto. El Gobierno desgobierna, y el candidato socialista, Pérez Rubalcaba, persiste en tratar con guante de seda a su principal fuerza de choque para su campaña electoral; es comprensible que el ministro del Interior, un tipo curtido en mil batallas, mime al grueso del 15-M, porque será su principal clave para recuperar votos o, al menos, para no perder aún más de los que se perdieron el 22-M.

Sin embargo, creo que no debemos de entrar en esa situación de desánimo individual y colectivo, porque sería, en mi opinión, darle la razón a Rodríguez Zapatero, que sólo tuvo un objetivo desde que llegó al poder el 11-M de 2004: romper la nación y, de paso, darle todo el poder al PSOE, que gobernaría eternamente un Estado Confederal y Asimétrico con la ayuda de los nacionalistas. Romper, en fin, la espina dorsal a quien no comulgara con su totalitario proyecto fue, es y, por supuesto, sigue siendo el objetivo de Rodríguez Zapatero.

Creo que Zapatero, por un lado, ha conseguido llevar a cabo en buena parte su "designio" tan político como cruel; por eso, no me extraña que los mejores españoles estén deprimidos, por ejemplo, al ver a los etarras dirigir instituciones, o mejor, cómo se utilizan estas instituciones para ejercer el terror sobre el resto de la población. Pero por otro lado, si tenemos que hacer de la necesidad virtud, diría que Rodríguez Zapatero ha fracasado, primero, porque el actual candidato socialista, a pesar de sus perversidades, nunca llevaría tan lejos el proyecto de destrucción de la nación española que mueve a Zapatero; en segundo lugar, porque ya ha perdido, y por más votos de los que él mismo creía, las elecciones del 22-M, algo que hace prever un nuevo revolcón en las próximas generales. Algo es algo. Es la esperanza, al fin, rescatada de la fatalidad de un Gobierno traidor a la propia idea nacional. Esperemos que, al menos, el PP corrija alguna de estas perversidades.

Así las cosas, no persistamos en lamernos las heridas, o peor, buscar más defectos de los que tiene la oposición, sino en apoyar el único proyecto que, hoy por hoy, es sensato, a saber, es menester que los socialistas no ganen las elecciones. Digo esto, porque mucha gente, especialmente en el PP, da por hecho que las elecciones las perderá el PSOE. Quizá. Pero, en mi opinión, todavía hay mucho trecho que andar. Es necesario ser muy realista y, sobre todo, agarrarnos como a un clavo ardiendo a lo que hay. Lo contrario nos llevará a la depresión y la melancolía.

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