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Dimisión y elección

Pedro Sánchez es uno de los tipos más audaces, intrépidos e imprudentes que ha dado la política española.

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Pedro Sánchez | EFE

Los escenarios de la política española son, frente a lo que piensan algunos, muy previsibles: o Gobierno frentepopulista o más mociones de censura para echar al PP del poder. Los dos escenarios tienen una pregunta principal: ¿aguantará Rajoy la presión política? ¡Quién lo sabe! Pero nadie descarta que, más pronto que tarde, dimita o convoque elecciones generales. A esta situación nos han conducido mil factores, pero nadie podrá negarle protagonismo al secretario general del PSOE.

A Pedro Sánchez se le pueden negar muchas cosas para dedicarse a la política, pero hay una que le sobra por todas partes: osadía. Es uno de los tipos más audaces, intrépidos e imprudentes que ha dado la política española. Hace unos días nadie se hubiera atrevido a apostar en su favor, pero hoy son muchos los que piensa que podría ganar la moción de censura.

Algo, pues, ha avanzado. Estaba callado y sin escaño y ahora tendrá la plataforma del Parlamento para defender un programa político. No cabe la menor duda de que ahora Sánchez tiene la iniciativa política y, además, es viable lo que ayer nos parecía un atropello a la razón. Es, en efecto, plausible un Gobierno presidido por Sánchez compuesto de socialistas, populistas y separatistas. Según dicta el sentido común y la suma de votos, todo dependerá de que el PNV apoye o no la moción. Pero, más allá del resultado del viernes, una cosa es clara: el país seguirá en vilo, o peor, desestabilizado hasta que se celebren las elecciones. No hay otra salida democrática que convocar inmediatamente a la ciudadanía a las urnas, entre otras razones, porque las elites políticas son incapaces de explicar sus posiciones y pactos. En democracia, el ejercicio del voto es la única salida.

Quiero creer que la moción de censura de Sánchez tiene más de primer gran acto de la campaña electoral, como le exige Ciudadanos, que de programa de gobierno para gobernar otros dos años. ¿Se atreverá Sánchez en su discurso a dar una fecha de adelanto de las elecciones? Ojalá, pero me temo lo peor, pues que nadie puede fiarse de alguien que quiere estabilizar un país que previamente él ha contribuido a desestabilizar. Nadie descarte nada, pues, si gana Sánchez. Pero, antes de defender la moción en el Parlamento, la cuestión de fondo es: ¿tiene entidad intelectual y política Sánchez para defender que Rajoy es indigno de seguir en el Gobierno?; y, sobre todo, ¿será capaz de argumentar a favor de una idea de España superior a la del resto de los diputados? No lo sé, pero en ese discurso Sánchez se lo juega todo. Puede salir peor parado de lo que se supone, si todo se reduce a plantear cuestiones eticistas para sacar a Rajoy de la Moncloa.

Además, si Sánchez gana y no convoca elecciones inmediatamente, tendrá menos credibilidad que Rajoy. Toda la osadía que le ha sobrado para presentar la moción de censura quizá le falte, si la pierde, para presentar la dimisión de su cargo.

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