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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Los olvidados

Exijo del Gobierno, de las Cortes, del Senado, de los presidentes de las Autonomías, de la Real Academia de la Lengua, del alcalde de Madrid, y del embajador en la UNESCO, que no se hable de "víctimas del franquismo" sin hablar primero de mí. Y, sobre todo, que no se sueñe con indemnizar dichas víctimas, sin indemnizarme primero a mí, e indemnizarme como Dios manda, a base de sumas en la órbita de Bill Gates, pongamos, por todas las semanas, meses y años que estuve sufriendo del franquismo.

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Que nadie espere seguir como hasta ahora, metiéndome para siempre jamás en el armario de "los olvidados", en los archivos sin fondo de las víctimas anónimas y desdeñadas. ¡Pido la voz y la palabra! (¿Era "la paz y la palabra"? Da lo mismo: exijo la paz, la palabra, y las pelas.)

Nadie tanto como yo tiene motivos para exigir, para reivindicar subsidios, indemnizaciones, reparaciones y, en una palabra, ¡venganza! Fíjense si no: a los nueve años fui, antes que nadie, boat people; me metieron en un barco mercante en Bilbao y me llevaron a Bayona, teniendo que abandonar mis regalos de primera comunión, nuestro piso en Alfonso XI, mi gato en Lequeitio y todo lo demás. Durante la guerra, por culpa del franquismo, me obligaron a abandonar mis estudios, a convertirme en siervo, peón, jornalero o jardinero y sufrí, más que nadie, y por culpa del franquismo, frío y hambre. Por culpa del franquismo, algunos años más tarde, me obligaron a alistarme en los batallones disciplinarios del partido comunista español y a convertirme en soldado de Stalin. Logré escapar de todo ello, pero sacrificando mi pensión de ex combatiente, sufriendo el apartheid y el desprecio conjunto de progres y franquistas, paria entre parias, sin enchufes ni mordidas.

Por culpa del franquismo, tuve que abandonar una brillante carrera –¡ni siquiera recuerdo de qué!– para alistarme de nuevo en "frentes aragoneses de liberación" y en "acciones contra el hambre franquista". Esos cretinos de la político-social ni siquiera lograron detenerme, lo cual me hubiera permitido lucir una medallita en la solapa y cobrar una beca. Una miseria, pero algo es algo en estos tiempos de penuria.

Imaginen lo que hubiera sido mi juventud si no fuera por culpa del franquismo. Es bien sencillo, en vez de siervo hubiera sido estudiante, y universitario, me hubiera graduado y hoy cualquiera sabe qué sería. Tal vez notario, con piso en la calle Alfonso XI, tres coches, chalet en la Sierra y casa de veraneo en El Sardinero. Mis hijos, en vez de ser, debido a la pobreza de su padre, semi bohemios, semi artistas, viviendo uno en el infierno de Nueva York y el otro en el descampado de Tubbergen –no es broma, es Holanda–, se hubieran casado con presentadoras de televisión como cualquier príncipe y tendría ciento cincuenta nietos. Pero, por culpa del franquismo, no tengo ni rastro de uno.

Tal vez no hubiera elegido la carrera notarial. Si no fuera por el franquismo hubiera podido ser catedrático de sociología y me hubiera cruzado en los pasillos universitarios con las barbas de Carlos Berzosa o de Fernando Savater, quienes no han sufrido del franquismo. Ellos no sólo han chupado del bote (¿acaso no son catedráticos?) sino que luego, cuando convenía, se hicieron antifranquistas para seguir chupando del bote. Como todos ustedes, hijos predilectos de la dictadura, que ahora os atrevéis a hablar de "memoria" y de indemnizar a vuestras víctimas.¡Nada de limosnas! Exijo venganza y euros.

Retirada de la estatua de Franco durante el homenaje a CarrilloY ahora el Gobierno "exige" la eliminación de los símbolos franquistas. Parece otra broma, pero no lo es. O en todo caso una broma pesada. ¿Quieren hacerse el harakiri? Porque no hay mejores símbolos franquistas que ellos. Dirán que no, claro, y se sacarán de la manga, una vez más, que un abuelo de Rodríguez Zeta fue fusilado por los franquistas. Se dice menos que el padre de Javier Pradera fue "protomártir", o sea fusilado por los rojos. Esto no les impide ser cómplices, y tan canalla el uno como el otro. No han luchado contra la dictadura y, treinta años después, declaran la guerra a estatuas y lápidas como si quisieran borrar con vandalismos su mala conciencia. Es la catarsis de los mediocres. Sé que sesudos filósofos consideran que "luchar contra" no tiene un contenido político creador. No estoy totalmente de acuerdo, pero para el caso da lo mismo, no me importa cambiar el léxico: bajo la dictadura no lucharon a favor de las libertades democráticas, para imponer elecciones libres, el pluripartidismo, los sindicatos libres, y la libertad de la prensa, de opinión y de religión. Ahora, para decirse demócratas con treinta años de retraso, imponen una nueva censura: una "memoria histórica", partidista y oficial. Un nuevo franquismo.

Sin saberlo, porque son tontos de nacimiento, copian a los talibanes, que también pretendían eliminar todos los símbolos y, en buena parte, lo lograron. Pero no se puede ser talibán a medias, talibán moderado; eso no cuaja, como no se puede ser agnóstico y loco de Alá al mismo tiempo. Que sean, si se atreven, consecuentes con ellos mismos, y eliminen todos los símbolos. Todos. Además, ¿ustedes se creen que todos los reyes de España se merecen estatuas? ¿Todos los políticos, lápidas? ¿No tiene estatuas Sabino Arana? ¿Quién se atrevería a decir que es el único que se las merece? Nada. ¡A destruirlas! ¡Todas! Hay que cambiar dialécticamente los nombres de todas las calles que no se atengan a la "ley de recuperación de la memoria histórica".

Imponer una "memoria histórica" única es como imponer el pensamiento único, el partido único, la prensa única y la imbecilidad única. Declarar la guerra a las estatuas y a las lápidas es talibán; prohibir mañana –¿por qué no?– los crucifijos porque serían imágenes sadomasoquistas es totalitario.

La mejor manera de demostrar que la dictadura franquista ha sido barrida de la sociedad española, también se manifiesta admitiendo que unos tengan derecho a decir libremente que "tuvo cosas positivas", por ejemplo, y otros exactamente lo contrario. Toda censura tiene más que ver con la dictadura que con la democracia. Aunque muchos la copiamos, Julia Escobar fue la primera en pronunciar esta boutade de sentido común: lo peor del franquismo fue el antifranquismo. Y me atrevo a añadir una apostilla: lo peor de ese antifranquismo es el postantifranquismo de los que jamás lo fueron y que apesta a franquismo.

Pero que nadie pretenda olvidarse que la primera víctima del franquismo soy yo. ¿Vale?
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