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MEMORIA HISTÓRICA

Y Zapatero destapó el tarro de las pestilencias

La memoria que tengo sobre el tratamiento familiar y escolar de la Guerra Civil es que era un asunto trágico del que no se debía hablar.

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Hijos, como tantos otros, de matrimonio mixto, nos fue ocultada la cruda realidad de cuanto ocurrió por no ser adecuada, según los criterios paternos, para nuestra educación sentimental. Sirva como ejemplo la requisa materna de un ejemplar de la Causa General cuando mi hermano mayor, autentica rata de biblioteca, fue sorprendido en disposición de hincarle el diente.

Cuando, a la conclusión del Concilio Vaticano II, fuimos convocados a integrarnos en el izquierdismo que asumimos como nueva fe, todos los intentos que realizamos para obtener información directa fueron infructuosos. Los que de verdad estuvieron en el fregao obviaban ese tema de conversación; los franquistas no querían recordar y los frentepopulistas se dedicaban a despellejarse entre sí. Solo algún bocazas hacía ostentación de su participación en batallitas. De inmediato, alguno de los verdaderos protagonistas le salía al paso, echándole en cara su condición de emboscado.

Ya en los años setenta, cuando el franquismo no sentía ninguna necesidad de legitimación, pues estaba convencido de ella tanto por la aceptación popular como por el desarrollo económico alcanzado, cerró completamente el tenderete bélico. Al mismo tiempo permitió una tímida apertura de, para nosotros, nuevos tenderetes, esta vez instalados por los nostálgicos de edades ajenas o hispanistas dollar avis. Se puede decir que a la mayoría de los españoles el asunto les traía al fresco y con esa ligera apertura a los nuevos izquierdistas nos permitían pequeñas dosis de alfalfa con la que resolver nuestros problemas edípicos.

Llegó la transición y, teniendo muy presente las experiencias cainitas y el fracaso de las utopías que llevaron al fracaso en los años 30, los padres de la patria acertadamente decidieron echar un tupido velo. Al tiempo, se dejó el campo libre para que se estableciera una versión canónica, elaborada por botarates que se copiaban unos a otros y que tenían en común su aversión por los archivos. El cariz de ésta era manifiestamente tendencioso, cursi e izquierdista.

La veteranos del franquismo estaban de vuelta de todo. Todo lo más, esbozaban una sonrisa cuando constataban cómo los gobiernos socialistas estaban plagados de retoños suyos. Como en la zarzuela, "el pasao, pasao" y "que nos quiten lo bailao". El centro-derecha, al no ser heredero de ningún partido anterior a la guerra, no se sintió concernido. Dado que no eran sus señas de identidad, "pues vale".

Con estas actitudes vivimos en paz y concordia durante treinta años. Todo ello en el buen entendido que el pago para una convivencia civilizada era darles a los progres la perra chica, pero sin pasarse.

Zapatero, puño en altoPero hete aquí que llega el solemne, huérfano de ideología por quiebra de la misma, y abre el tarro de las pestilencias, a cuyo hedor acuden los más desalmados de nuestros conciudadanos. Sí, aquellos que dicen no poder dormir por ignorar donde reposan los restos de sus parientes. Y eso nos lo cuentan a los españoles que inventamos lo de "el muerto al hoyo y el vivo al bollo", que no vamos a los cementerios salvo por obligación y que a la abuelita la metemos en la residencia porque allí está más cuidada. Vaya farsa.

Pero no contentos con el cuartelillo que se les ha dado deciden dar una vuelta de tuerca más. Al igual que Calígula comprendió que desde el poder se puede incluso hacer cónsul al caballo propio, éstos han vivido la experiencia del hacer y deshacer desde el BOE, donde todo contradiós tiene morada.

¿Por qué no dictar la verdad histórica desde el Ministerio? Dicho y hecho. Se convoca a los historiadores de la secta (algunos discípulos del segundo agente más tonto que tuvo de entre su extensa nómina el KGB), a algunos de los catedráticos de las innumerables universidades que pueblan España (como si se creyesen que hoy en día desconocemos el valor de una cátedra), se les agregan insomnes por los bisabuelitos y a tocar las narices con la Operación Memoria Histórica (sic).

El resultado obtenido por los patrocinadores de la operación ha sido desastroso. Se les dio la perra chica, tal y como correspondía a su capacidad intelectual, y se han querido quedar con el billete de 500 euros. Y tampoco es eso.

Uno de los libros de Ramón Salas LarrazabalAdemás, al pasarse de listos han despertado de su cómoda modorra a la ciudadanía, encabezada por perros viejos del izquierdismo que se las saben todas acerca de los enjuagues de la Kommintern. Los historiadores han saltado ante la manipulación, los periodistas han mostrado que el cuento de la heroica guerra era un intento de escaqueo ante las responsabilidades de hoy, los divulgadores han dado a la luz libros esclarecedores y, lo que es peor para los pescadores en rencores revueltos y sus patrocinadores, los ciudadanos han demandado que se les diga la verdad.

Han salido a la luz nuevos estudios e investigaciones; se publican libros muy comprometedores para los impulsores de la "Memoria Histórica" (sic) como alguno que, escrito en 1938, ni siquiera había sido publicado por la pérfida dictadura, y la versión canónica vuelve a ocupar su lugar como subproducto del más zafio departamento de agit-prop. La legitimidad que se buscaba, como herederos de la edad dorada republicano y del heroísmo bélico popular, se va al garete. Operación redonda.

Vaya alhajas de sicarios. Si viviera el injustamente olvidado Willi Münzenberg, ya les habría entrado el canguelo ante la llamada a Moscú comunicándoles su ascenso (a los luceros, se entiende).
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